martes, mayo 22, 2007

Pa' los cuates

El analizador estadístico que anda por ahí abajo revela que, por alguna razón que ignoro, México es (después de Argentina) el segundo país por número de visitantes a este blog. Durante el fin de semana estuve leyendo un par de notas dedicadas a este país hermano y me pareció un buen momento para dedicarle una entrada. Una de las notas es de Santiago O'Donnell y es de las que hacen helar la sangre. La otra parece dar un buen ejemplo de lo que pasa cuando un Estado se pone del lado de los grandes capitales y las empresas trasnacionales, y le da la espalda a su pueblo. Y quizás sirva de advertencia de lo que nos puede pasar acá en el Sur con el tema de los biocombustibles, si no estamos atentos y vigilantes. Aquí está la nota mis cuates, espero que les sirva.


El lobo se come a Caperucita
por Silvia Ribeiro

Una forma de ocultar la realidad es repetir una mentira hasta el cansancio, esperando que finalmente algunos se la crean. El tema del maíz en México tiene muchos ejemplos de esta técnica de la infamia. Hace unos meses, el aumento del precio de la tortilla generó un enorme malestar en el país. Por la importancia del grano en México, su centro de origen, fue noticia en los mayores diarios del globo. En la mayoría de los medios se manejó que el aumento se debió al incremento del precio del maíz en el mercado mundial, generado por la demanda de este grano como agrocombustible.

Sin embargo, el aumento de la tortilla excedió con mucho el porcentaje de aumento del precio del grano y la coyuntura fue aprovechada como jugoso negocio por los grandes comercializadores e industrializadores del grano. Algunos de ellos, como Cargill, habían incluso acaparado maíz mexicano y lo vendieron a más del doble del precio al que lo habían comprado. El gobierno intervino, y en una reunión inverosímil donde participaron, entre otros, las grandes transnacionales de la distribución e industrialización del maíz, decidieron fijar un aumento de 40 por ciento en el precio de la tortilla. Esto se presentó como un freno al precio de la tortilla –a favor del público– cuando en realidad fue una legalización del aumento desproporcionado que habían impuesto los grandes empresarios. El acuerdo, que iba a durar hasta el 30 de abril, fue recientemente renovado hasta agosto.

En esta ocasión, los grandes empresarios de distribución, procesamiento y uso industrial del maíz como forraje, exigieron además de mantener alto el precio de la tortilla pagar precios menores a los productores. Es decir, exigieron ganar en todas las puntas. Nuevamente se firmó el “acuerdo”, como si fuera un acto dadivoso del gobierno para defender los intereses de la población, cuando lo que se hizo fue legalizar el despojo y favorecer a unas cuantas transnacionales. En paralelo a estas componendas, se activaron otros frentes de guerra sobre el maíz, por parte de las empresas y gobierno contra los campesinos y la mayoría de la población. Por un lado, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado publicó “estudios” indicando que la salida de la crisis para México es la producción de maíz para agrocombustibles y que para eso es necesario que sea maíz transgénico. Son “estudios” con comillas porque según su propia definición “el Ceesp financia todas sus actividades de investigación gracias a los donativos de sus patrocinadores”. Es decir son estudios financiados por el lobo sobre lo que le conviene a Caperucita.

De otro modo, no se entendería cómo este pretencioso “estudio” ignora el hecho de que la productividad del maíz como agrocombustible es muy baja, y que si se agregan los costos de los insumos basados en petróleo que requiere su producción y procesado (agrotóxicos, gasolina para maquinaria, transporte, conversión en etanol, refinado), el aporte energético es negativo. Es decir, no es una solución para el cambio climático, que es la razón por la que teóricamente se promueve, sino lo contrario.

Complementariamente con la urdimbre de este fino estudio, las transnacionales dueñas del comercio de semillas insisten en que México tiene que plantar maíz transgénico. Lo han intentando ya tres veces, pero fueron rechazadas por no cumplir los trámites legales. Esta pretensión ha sido rechazada por la vasta mayoría de la sociedad mexicana, incluyendo campesinos, indígenas, científicos, consumidores, artistas, porque atenta contra la integridad del maíz, uno de los patrimonios más importantes de México, creado y cuidado por millones de campesinos e indígenas durante milenios. Sin embargo, todo indica que para el gobierno pesan más tres transnacionales que miles de años de historia y la voluntad del pueblo mexicano, por lo que ahora se dispone a firmar un reglamento de la Ley Monsanto (mal llamada de Bioseguridad), que les permita contaminar a los agricultores y campesinos –ahora legalmente– con maíz transgénico.


La autora de la nota es investigadora de Grupo ETC. Servicio Informativo “Alai-amlatina”.

5 comentarios:

Ulschmidt dijo...

Toda una cuestión esa. Pero dificilmente se evite ir a los genéticamente modificados.

Diego F. dijo...

Y acá pasa lo mismo con el asado... pronto los asados serán de soja transgénica y habrá que pagarle a monsanto la licencia para criar vacas de soja.
Terrible

Abrazo.

Jorge Y. de la G. dijo...

Este es el tipo de cosas que la sociedad suele enterarse de que la afectan cuando ya es demasiado tarde. Me gustaría que se debatiera más abiertamente el tema de los GM, y no escuchar sólo a los voceros de los lobbies o posturas puramente ideológicas sin fundamentos técnicos.

En el país un organismo público como el INTA está trabajando en el asunto, por supuesto que ignorado por los medios (ver aquí). Y también por los gobernantes. Así quizás con este tema nos pase como con las pasteras de Uruguay, en el que se ignoró la opinión técnica de otro organismo público, el INTI.

Gracias, Sr. U y Diego. Un abrazo.

Mariano T. dijo...

El hecho es que hace mucho que Mexico importa gran parte del maíz que consume de Estados Unidos.
Posiblemente disminuiría mucho esa dependencia si aumentara su productividad, que es muy baja.
Acá leí que el agricultor cobra $2350 (unos 220 dólares) por la tonelada de maíz. En Estados Unidos, que es el que le exporta maíz a Mexico por el Nafta, el maíz(contando los subsidios) esta cerca de los U$S 160. Y en la Argentina se vende a U$S 125.
Es obvio que el aumento de precio de las tortillas es una especulación interna, ya que el maíz americano, que entra cuotificado, por más que haya aumentado un 50% sigue siendo más barato que el maíz local.
Todo al final se traduce en el tema competitividad, que es el nombre del juego. Si acá comiéramos tortillas, costarían la mitad que en Mexico.

Jorge Y. de la G. dijo...

Muy buen aporte Mariano. Creo que vos das en el clavo con el tema: con la importación de maíz subsidiado desde USA, el productor mexicano no puede competir y depende de la presión política que pueda ejercer para que le reconozcan un precio aceptable. En el futuro (y creo que ya hace años que viene ocurriendo) veo el despoblamiento de los campos y más dramas económicos y sociales para México.

Gracias por el aporte. Muchos saludos.