jueves, julio 19, 2007

Noticias del Chaco

(Advertencia: en este post no se nombra a la chaqueña más famosa.)
Hace tiempo me gustaba lo que escribía Mempo Giardinelli y solía coincidir con sus ideas, hasta que en 2001 se convirtió en el profeta de la debacle y de los nuevos tiempos que sobrevendrían después de cumplido el "que se vayan todos". Ahí le saqué tarjeta roja.

Ahora parece que el hombre ya se ha tranquilizado un poco. Y en una nota publicada en el Nº 224 de la revista Debate (del 28 de junio pasado) nos trae un poco de sensatez provinciana que, en esta ciudad y en estos días, no viene nada mal.


El bosque y los árboles
por Mempo Giardinelli
mgiardinelli@revistadebate.com.ar

Bueno, el señor Macri gobernará la Capital; el ARI y Fabiana Ríos harán su primera experiencia de gestión en Tierra del Fuego; Huracán volverá a la primera división del fútbol argentino después de mucho tiempo [1] y aquí en el Chaco la tala criminal de bosques sigue y seguirá como si nada. No en vano somos una de las provincias con mayor deforestación.

En la Argentina desaparecieron en los últimos cuatro años más de 1.100.000 hectáreas de bosques nativos, según informa el diario porteño La Nación. Esta indetenible tala de grandes superficies que se destinan a la agricultura -sobre todo al cultivo de soja- es especialmente brutal en las provincias de Chaco, Córdoba, Formosa, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero.

El caso más alarmante es el santiagueño, con 515.228 hectáreas menos en cuatro años, que representan 25 veces el tamaño de toda la ciudad de Buenos Aires, según datos de la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación.

El otro caso dramático es Salta, donde entre 2002 y 2006 se cortaron 414.934 hectáreas de bosques nativos, con un aumento en la tasa de desmonte de más del doble en comparación con el período 1998-2002. Una velocidad para eliminar bosques, por cierto, que en estas dos provincias supera al promedio mundial, incluso el de los países africanos.

En el Chaco, de acuerdo a estadísticas de Greenpeace, entre 2002 y 2004 se deforestaron 71.446 hectáreas, la mayor parte en los departamentos limítrofes con Santiago del Estero.

Y, aunque el Senado estudia desde hace más de un año la sanción de la Ley Nacional de Bosques, ésta es resistida -insólitamente- por parte de gobiernos y dirigencias de las provincias del Norte, casi todos largamente sospechados de corrupción y cuyos gobernantes han sido más de una vez vinculados a negocios turbios con tierras públicas.

Sirva de muestra este hecho: mientras esta nota se escribe, todavía se aguarda aquí una autorización judicial para confiscar las maquinarias utilizadas en un desmonte ilegal detectado el fin de semana pasado en unas 1.300 hectáreas de la zona de Pampa del Infierno. Un allanamiento por parte de inspectores de la Dirección de Bosques al predio fue frenado en el acto, y la Justicia chaqueña no da curso al pedido de incautación de las máquinas que hicieron el desmonte, las cuales -seguramente- en estas mismas horas ya estarán cortando bosques en las cercanías. Y así siguiendo.

Claro que en Buenos Aires la desaparición de los bosques argentinos no interesa demasiado. El escenario político nacional no ha cambiado gran cosa, como era previsible, porque después de todo sólo se trató de una elección municipal en la ciudad más grande del país y de otra en la provincia más pequeña. Fueron comicios importantes, desde luego, pero por ahora nada va a cambiar y los problemas nacionales seguirán siendo los mismos.

Sin embargo el exitismo neomacrista ya sueña con presidencias extraboquenses, mientras el hartazgo y la frivolidad clasemedieras se llaman falta de energía, gran hermano, escasez de gas, bailando por un sueño, inseguridad en las calles, apología de la Nada, trenes infames, la increíble Secretaría de Transportes que-no-se-toca y la histeria colectiva fogoneada por miles de taxistas adoctrinados por Radio 10. [2]

En provincias solemos pensar que no se puede vivir dramatizando todo, todo el tiempo, como hacen los porteños. No tiene sentido, aunque tampoco parece tener destino, para decirlo anagramáticamente. Pero ahí está el sistema multimediático nacional para convencer a la ciudadanía, como siempre, de que le conviene lo que la atormenta.

En cambio lo que sí parece que tuvo sentido fue la Convención Constituyente correntina. El 10 de junio pasado y después de meses de arduos debates se juró la nueva Constitución de la Provincia de Corrientes, que prohibe acceder a bienes inmuebles ubicados en zonas de seguridad, áreas protegidas o de recursos estratégicos, a extranjeros no residentes ni nacionalizados, ni a sociedades conformadas por ciudadanos o capitales foráneos. Por 31 votos contra siete se estableció la soberanía correntina sobre sus recursos hídricos, o sea los Esteros del Iberá, declarados "patrimonio estratégico, natural y cultural de la Provincia".

Una cuestión que desatará duros debates (en esta misma página ya nos ocupamos del proyecto Douglas Tompkins [3], y varias veces de problemas acuíferos y ambientales) pero que para millares de porteños sólo parece -y seguirá pareciendo- otro asunto de marcianos, o poco menos.


[1] O sea, seis puntos anuales asegurados para su papá campeón, el Ciclón.
[2] Hoy, a veintipico días de escrita la nota, cada uno puede alargar este listado a piacere.
[3] Acá encontré un artículo anterior de Mempo sobre este asunto. Y ya que estamos, aquí podemos leer un reportaje reciente al bueno de Mr Tompkins.

6 comentarios:

Ulschmidt dijo...

Muy acertada su elección de tema. Esto es un horror silencioso pero que avanza galopante.

manolo dijo...

Jorge
Te acordas de Quebracho, cuando los ingleses decían que era un locura replantar el árbol del titulo.
Se tenia que esperar 100 años.
Un abrazo

HAL dijo...

el tema es quién lo para, ¿no?

chacall dijo...

Es un tema que por remanido no deja de ser importante.

De todos modos, mas allá de que la corrupción es el factor decisivo para permitir esta tala indiscriminada, el hecho de que gobiernos provinciales de zonas mas atrasadas (como indudablemente lo son formosa, chaco, santiago, entre otras), estén en contra de la ley de bosques, es una muestra clara de que no tienen otras alternativas de desarrollo sustentable. No creo que desforestar también sea una alternativa de desarrollo sustentable, pero cuantas opciones quedan. De todos modos, es cierto también que la renta de estas tierras desforestadas quedan en manos de unos pocos "amigos" del gobierno de turno que permite estos avances, pero indudablemente, que un formoseño o chaqueño, preferirá mayores recursos monetarios para el estado producto de la explotación de la tierra, que un bosque lleno de hermosas especies.

Algo se discutió al respecto aquí Avance de la soja... y la verdad qeu es bastante complejo el tema, pero es importante discutirlo.

saludos!

Jorge Y. de la G. dijo...

Sr. U: gracias por el elogio. De acuerdo con su percepción.

Manolo: sí, me acuerdo. Parece que en algunos aspectos estamos como en esa época, presenciando la devastación de la tierra.

Hal: ¿vos tenés la respuesta? Yo, la verdad que no.

Chacall: es muy cierto lo que decís, y el post que linkeás de Homoeconomicus está muy bueno (se me había pasado por alto). Y yo no veo a esta explotación como alternativa de desarrollo, ni mucho menos "sustentable" (acá tengo que aclarar que yo no identifico desarrollo económico con el desarrollo en un sentido más amplio, algo voy a postear al respecto). Ojo, no veo lógico dejar todo ambiente natural en un estado virginal, pero tiene que haber formas más racionales de encarar el asunto. En realidad yo vuelvo siempre a lo mismo: es un problema político, en este caso más específicamente de ausencia de política.

Gracias y un abrazo a todos.

julio dijo...

Creo que como dicen. Los porteños estan más preocupados por consumir por lo cual son complices de estas empresas que saber de donde sale el papel. Como dice el dicho el que quiera una hamburguesa no implica que quiera conocer a la vaca y esa el razonamiento general que se vive aqui con toda materia prima. Ese pensamiento igual no sirve de nada y a la larga lo tendremos que pagar con creces por no darnos cuenta de lo más importante y como cuidarlo.