jueves, abril 02, 2015

A la altura de un poroto



El 29 de marzo se cumplieron 53 años del derrocamiento del presidente Arturo Frondizi por las Fuerzas Armadas. Un aniversario más de otro de los tantos golpes de Estado que supimos padecer, si no fuera porque justo en estos días recordé un episodio ocurrido pocos meses antes del golpe. Eran tiempos en que el gobierno de John F. Kennedy presionaba diplomáticamente a los países miembros de la OEA para lograr la expulsión de la Cuba revolucionaria del sistema interamericano. El gobierno de Frondizi era reacio a aceptar las presiones del Norte, invocando los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Claro que también debía soportar la oposición de las FF.AA. vernáculas, que ya por entonces se consideraban defensoras del "mundo libre" contra la amenaza hemisférica del "castrocomunismo". En ese contexto...

"(...) Así se daban las cosas en la Argentina, donde, en un clima de guerra fría en el que individuos sospechosos y agentes de informaciones extranjeros conspiraban de común acuerdo con militares de honor quisquilloso, parecía que todos los golpes contra el gobierno estaban permitidos.
En octubre de 1961, un exiliado cubano, Frank Díaz Silveira, presentó a la prensa las fotocopias de ochenta y dos notas diplomáticas confidenciales de la cancillería cubana dirigidas al encargado de negocios cubano en Buenos Aires. Esas notas, escritas con claridad, daban cuenta de contactos mantenidos con altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, emitían juicios sobre el personal militar y los jefes del ejército y ¡daban la impresión de que Cuba conspiraba para derrocar al gobierno argentino! "La publicación de los documentos, - escribía el corresponsal de La Nación en Nueva York - es probable que induzca a la Argentina... a romper con La Habana" (La Nación, 1° de octubre de 1961). El procedimiento era bastante grosero y los textos parecían redactados por propagandistas especializados en anticomunismo.
El gobierno desbarató fácilmente la maniobra. Aceptó examinar los originales, solicitándolos a los exiliados cubanos; el grupo de Miami que había presentado las ochenta y dos fotocopias, terminó por entregar treinta y dos originales que, en lo esencial, no coincidían con los documentos recibidos. Se llamó en consulta a expertos militares de los servicios de informaciones, los que descubrieron un documento falso. La cancillería decidió cerrar el expediente y dar por concluido el asunto. Pero el mal estaba hecho, principalmente en el ejército donde se daba mucho crédito a los cubanos "partidarios de la libertad", escapados del "infierno castrista" que el gobierno había tratado con cierta desenvoltura, para cubrirse, y sin ir al fondo de la cuestión. (...)"

Alain Rouquié, Poder Militar y Sociedad Política en la Argentina - II - 1943-1973, Ed. Emecé, 5a. ed., 1983, pp. 183-184.


Quizás la ausencia de los militares como actor político sea una de las razones que llevan a quienes en la actualidad recurren a este tipo de operaciones a multiplicar su estrépito mediático, a modo de compensación. El problema que tienen es que también se amplifica su inconsistencia y su ridiculez, como bien lo muestra esta nota. Con lo cual, frente a lo que estamos viendo hoy día con la nueva saga difundida por el dúo Veja-Clarín, la historia de los "documentos cubanos" de la época de Frondizi queda ahí donde dice el título.

miércoles, marzo 04, 2015

¿Se repite la historia?



"El caso Dreyfus sigue a hervor lento.(...) En un periódico humorístico, Caran d'Ache ha publicado una doble viñeta: en la primera, se ve a una familia numerosa armoniosamente sentada a la mesa mientras el patriarca advierte de que no se debe hablar del asunto Dreyfus; en la segunda, pone que habían hablado de eso, y se ve una pelea furibunda."
 Umberto Eco, El cementerio de Praga, Ed. Random House Mondadori - Debolsillo, Buenos Aires, 2013, p. 567.

"Se murmuran hechos terribles, traiciones monstruosas y, naturalmente, la Nación se inclina llena de estupor, no halla castigo bastante severo, aplaudir la degradación pública, gozar viendo al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos..."
"Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el antisemitismo, de cuyo mal morirá sin duda la Francia libre, si no sabe curarse a tiempo..."
Émile Zola, Yo Acuso (1898).


No soy el primero que cae en la tentación de hacer un paralelo entre el caso Nisman y el caso Dreyfus que sacudió a Francia hace casi 120 años (ya lo hizo Sergio Wischñevsky en Gente de a Pie, una lástima que no hayan subido su columna al blog). Por ejemplo, la caricatura de Caran d'Ache podría aplicarse sin dificultad a cualquier familia argentina en la que convivan asistentes a la marcha del 18F con concurrentes a la manifestación del 1° de marzo en apoyo de la Presidenta. Además de la profundización de la "grieta" entre sectores de sus respectivas sociedades, se pueden encontrar coincidencias en la virulencia brotada con que se endilga a alguien la etiqueta de "culpable", o la condición judía de los personajes centrales, Otras surgen cuando uno indaga un poco más en la historia: el papel de los medios, el de los "servicios de inteligencia" y las manipulaciones e intromisiones en los procedimientos judiciales.

Los contrastes también son muy llamativos: Dreyfus fue etiquetado rápidamente por un bando como "traidor" y Nisman lo fue como "víctima" y "héroe"; la condición judía de Dreyfus fue usada en Francia como motor de agitaciones antisemitas, mientras que la exaltación de Nisman fue impulsada por la dirigencia de las principales instituciones judías (AMIA-DAIA), con el acompañamiento de personajes con escaso o ningún antecedente de simpatía por la colectividad judía y/o las víctimas de la masacre de la AMIA.

Otro al que se le ocurrió citar el caso Dreyfus en relación con Nisman fue Osvaldo Pepe en Clarín, quien comparó al fiscal fallecido con el autor de J'Accuse y terminó su nota así:

"Suicidio o crimen, la lectura política no cambiará. Nisman está muerto y, como el escritor Émile Zola en el caso Dreyfus, en la Francia del siglo XIX, su cadáver será un fantasma errante que mortificará al kirchnerismo con un "yo acuso" que durará una eternidad. Zola tuvo razón sobre la inocencia de Dreyfus en un caso de espionaje, con fuerte tinte antisemita, que conmocionó al mundo. Pero no tuvo suerte: apareció muerto en su casa, asfixiado por la chimenea de una estufa tapada adrede, según se conjeturó entonces."

Yo diría más bien que al repasar el caso Dreyfus en búsqueda de analogías, a quien menos se parece Nisman es a Émile Zola. Y sobre todo después del demoledor fallo del juez Daniel Rafecas, por el contrario me resulta tentador comparar a Nisman con quienes armaron la falsa acusación a Dreyfus. Y si sigo buscando coincidencias, las encuentro entre algunos columnistas de Clarín o La Nación y el agitador antisemita Édouard Drumont, alguien que sembraba en Francia el odio a los judíos de manera muy parecida a como esos personajes lo siembran contra los funcionarios o simpatizantes del actual gobierno argentino.

Si bien el fallo del juez Rafecas fue lapidario sobre la denuncia de Nisman desde el punto de vista jurídico, todavía falta un J'Accuse que devele la trama y los personajes que estuvieron detrás del accionar del fiscal y probablemente también de su muerte. No puedo menos que extrañar en estos momentos a Rodolfo Walsh, que seguramente hoy volvería a lucir la sagacidad que mostró en sus investigaciones: Operación Masacre, El Caso Satanowsky o Quién mató a Rosendo. Y también la valentía y contundencia de su Carta Abierta a la Junta Militar.

Pero aunque Walsh no está, cuando uno se aleja de los medios hegemónicos puede encontrar investigaciones que merecen la palabra "periodismo" con todas las letras, sin la devaluación que ha sufrido en los últimos tiempos. Por ejemplo, el trabajo de Sonia Budassi y Andrés Fidanza en la revista Anfibia, y las notas de Juan Alonso en Tiempo Argentino. Quienes han sufrido intimidaciones y episodios oscuros que no mencionan ni por casualidad los que hablan de "la vuelta del miedo". Vaya uno a saber por qué.

martes, enero 27, 2015

Rebancando

Alguna vez tenía que pasar. Algo extraordinario tenía que ocurrir para que este blog abandonado volviera a la vida. Y bueno, acá estamos.

Advierto desde ya que este post no contiene ninguna hipótesis sobre la muerte de Alberto Nisman. Solamente algunas elucubraciones sobre aspectos relacionados con su grave denuncia, que no he visto demasiado frecuentados en los medios, en las redes sociales o en los blogs (de los que estoy bastante alejado últimamente; si alguno ya estuvo recorriendo carriles similares a los míos, le pido disculpas).


Para empezar, la pregunta más elemental para mí: ¿a quién favorecía la denuncia de Nisman? Dejo por ahora de lado la hipótesis obvia de las "corpos" locales (mediática, empresaria, judicial, etc.) y el hecho también obvio de que un sector nada despreciable del establishment desea y trabaja para que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner termine lo peor (y/o lo antes) posible. También dejo de lado por el momento el posible "pase de facturas" de ex miembros de la Secretaría de Inteligencia desplazados recientemente.


Afinando más la cuestión: ¿quiénes son los que desde hace tiempo y a nivel internacional, vienen llevando a cabo una campaña persistente, coherente y aceitadamente financiada contra el gobierno argentino? Ahí no hace falta estar demasiado bien informado para apuntar hacia estos lados (por ejemplo, a mí me quedan pocas dudas de que estos muchachos, asociados con personajes locales, estuvieron detrás del mal momento que tuvo que pasar Cristina en su presentación en Harvard).


Supongo que otros habrán notado, a la derecha de la página de ATFA en su antiguo formato, un afiche con el título "What's the truth about Argentina's deal with Iran?" y un link al artículo "Argentina's strenghtening ties with Iran" (de yapa, más abajo se ve una tarjeta roja "Basta K!" apta para ser bajada al smartphone de cualquier cacerolero que se precie). Ambos textos datan de principios de 2013.  No hace falta hilar demasiado fino para deducir que a ATFA le interesa en grado sumo todo lo que pueda identificar al gobierno argentino como "cómplice del terrorismo" por sus vínculos con Irán.


En el mismo sentido y yendo a dos artículos que rescaté de entre el fárrago de estos días, en éste publicado por el periodista Iván Schargrodsky puede leerse:


El Congreso de Estados Unidos había citado en 2013 al fiscal especial Alberto Nisman para escuchar su posición en una audiencia del Comité de Seguridad Interna de la Cámara Baja, encuentro al que no acudió porque la Procuración General de la Nación no le pagó el viaje dado que la audiencia "no guardaba relación con la función del Ministerio Público".
El encuentro, titulado "Amenazas a la patria: Irán está extendiendo su influencia en el Hemisferio Occidental", contó con muchas referencias al fiscal, incluyendo una queja del titular del Subcomité de Control y Administración Eficiente, el republicano Jeff Duncan -quien lamentó que su silla estuviera vacía- y del director del lobby buitre American Task Force (ATFA), Robert Raben. (...)
Quien también participó de ese mitin en el Comité de Seguridad interna, con un enérgico discurso en defensa de Nisman y en contra del accionar del Gobierno argentino, fue el Director Ejecutivo de la American Task Force Argentina (ATFA) y titular de Raben Group -uno de los grupo de lobby que busca apoyos para los fondos buitre en el Congreso norteamericano-, Robert Raben.
"En Enero de 2013, el Gobierno firmó un pacto con Irán estableciendo una 'Comisión de la Verdad' para volver a investigar las causas del atentado", relataba Raben.
"Lejos del avance de la justicia y el enjuiciamiento de los iraníes envueltos, el objetivo de la Comisión parece ser ofuscar, e incluso eximir totalmente, la responsabilidad de Irán en el ataque", ampliaba el lobbista de los fondos buitre. En la exposición, Raben citó artículos periodísticos de The Economist, sobre el interés de Irán de ofrecer petróleo; de Perfil sobre la reunión entre el canciller Héctor Timerman y Bashar al-Assad –que fue público y cubierto tanto por la Agencia Télam como por Prensa Islámica- y de Washington Post sobre declaración de Timerman en 2011 sobre la intención de recomponer lazos entre el mundo musulmán y Latinoamérica.
"¿Por qué la Presidenta argentina le daría a Irán una victoria así?", se preguntaba Raben, ignorando que el Parlamento iraní no aprobó el Memorándum y el Gobierno argentino nunca pidió el cese de las alertas rojas. "Para nosotros, el acuerdo encaja dentro de un patrón más grande, de una creciente cooperación con Irán. El gobierno kirchnerista, como el de Venezuela, buscó agresivamente una relación económica con Irán y reescribir la historia del ataque a la AMIA es crucial para eso", concluía el Director Ejecutivo de ATFA.

Dejo para los analistas (por si hace falta) una comparación entre los dichos de Robert Raben y los fundamentos de la denuncia de Nisman. Paso ahora a este otro artículo sin firma publicado en el sitio Letra P, antes de la muerte del fiscal (y también antes de que la Dra. Servini de Cubría se negara a habilitar la feria judicial para tramitar su denuncia):


El llamado a indagatoria de la Presidenta (y su consecuente embargo) se cocinó a fuego lento. El primer antecedente fue en agosto de 2013 en Nueva York cuando Alberto Nisman viajó allí para un foro internacional y compartió un encuentro con referentes de la comunidad judía estadounidense, varios de ellos con poder en Wall Street y en la política de Washington. Allí un abogado de uno de los más importantes buffets de Manhattan le señaló al fiscal de la causa AMIA que el referéndum firmado por el Gobierno era la antesala para una imputación a Cristina Kirchner por presunto encubrimiento.
El abogado detalló todas las fallas visibles en el memorándum firmado con el gobierno iraní, desde la nula mención o referencia al código penal argentino (que es el que rige el caso) hasta la inexistencia del término “indagatoria” para con los sospechosos de la voladura. El texto sólo hablaba de responder un “cuestionario”.
La frutilla del postre era la predicción de que la Fiscalía de Teherán nunca levantaría una acusación firmada contra Nisman hace años y apenas el fiscal pisara suelo iraní corría riesgo de ser detenido por las autoridades locales.
Varios de los hombres que tratan con Nisman tienen intereses en la puja del país contra los Holdouts en los tribunales de Nueva York. Dato a tener en cuenta, especialmente ahora que el Gobierno está preparando su réplica.
Fueron los mismos señalamientos que llegaron a Héctor Timerman, encargado de la firma del memorándum. El canciller tal vez no le haya dado la importancia debida. Nisman hace años que viaja por todo el mundo brindando testimonio de su investigación en la causa AMIA y sus principales patrocinadores son los mismos que le recomendaron avanzar contra Cristina Kirchner. (...)

Voy ahora a algunas consideraciones de política internacional para ampliar el cuadro. De los Wikileaks difundidos y tratados por el periodista Santiago O'Donnell y otros como Raúl Kollman, acerca de las relaciones de Alberto Nisman con la embajada de los EE.UU., surge con claridad que (por lo menos, hasta la fecha de los cables desclasificados disponibles), al gobierno del país del Norte no le interesaba (ni le gustaba) ningún rumbo de la investigación del atentado a la AMIA que se desviara de la focalización de la culpabilidad en Irán.


Paso a citar las declaraciones hechas hace poco más de un año por el ex embajador de Israel en Argentina, Itzhak Aviran, reproducidas por Clarín (negritas en el original):


(...) “La gran mayoría de los culpables ya está en el otro mundo. Y eso lo hicimos nosotros”, indicó Aviran, al ser consultado por la Agencia Judía de Noticias (AJN) sobre la impunidad que persiste en la causa AMIA. El diplomático reavivó así la polémica que desató la muerte del jefe de inteligencia del partido extremista libanés Hezbollah, Imad Fayez Mugniyah, señalado como presunto autor intelectual del atentado a la AMIA y también del ataque en 1992 contra la embajada de Israel en Buenos Aires, que dejó 29 muertos. (...)
En la entrevista, Aviran no dio detalles sobre la supuesta “venganza”. Aunque varias veces aludió a los responsables del atentado. “Sabemos quiénes fueron y la gran mayoría ya se encuentra en el otro mundo”, insistió. No obstante, el diplomático también se pronunció respecto a la situación actual de la causa AMIA. Advirtió que los familiares de las víctimas “necesitan un esclarecimiento” y saber “qué pasó y cómo perdieron a sus seres queridos”. Y, en esa línea, responsabilizó a todos los gobiernos: “Ni (Carlos) Menem, ni (Fernando) de la Rúa, ni los que vinieron después hicieron algo para esclarecer lo que pasó”, remarcó.
A su vez, Aviran calificó como “una farsa” al Memorándum de Entendimiento firmado por el gobierno kirchnerismo con Irán y acusó al canciller Héctor Timerman de hacer “cosas antiisraelíes y antijudías”. Sostuvo que “desde Israel escucho que quiere hacer una comisión para encontrar a los culpables junto a los iraníes, que fueron los principales responsables de los mismos”, enfatizó sobre el acuerdo que la Casa Rosada logró que sea ratificado en el Congreso a principios del año pasado y que fue duramente rechazado por organizaciones judías en la Argentina y por familiares de víctimas del atentado a la AMIA.
Además, Aviran les apuntó al canciller y a su padre, el fallecido periodista Jacobo Timerman, por entender que tuvieron conductas contrarias el Estado de Israel. “Timerman tiene una historia bastante problemática con nosotros: antes su padre, a quien salvamos (de la última dictadura militar y a cambio) sólo recibimos injurias de él; y después el hijo, que hace estas cosas, que son anti-israelíes y antijudías".
En cambio, Aviran defendió la tarea que realizaron el ex juez Juan José Galeano y del ex comisario de la Policía Federal, Jorge “Fino” Palacios, quienes están imputados por irregularidades en la investigación. “En el tiempo que estuve allá (en Buenos Aires), creo que los dos hicieron un buen trabajo. Pero después los sacaron y quienes empezaron a investigar nuevamente todavía no les dieron una respuesta de qué pasó al Gobierno israelí y a la comunidad judía en la Argentina”, sostuvo.

Debo acotar que (obviamente) el gobierno israelí desmintió a su ex embajador. Y desde ya, nada me lleva a suponer que el gobierno de EE.UU y/o el de Israel hayan estado detrás de la denuncia de Nisman. Sí a que los pasos del gobierno argentino en sus intentos de entendimiento con Irán (y en particular, la actuación del canciller Héctor Timerman) eran bastante mal vistos en esos ámbitos, lo que brindaba un ambiente propicio para la repercusión de las acusaciones hechas por Nisman. Sumemos a esto el sin duda interesado señalamiento de Cristina y Timerman como poco sensibles o tibios ante el terrorismo tras el atentado a Charlie Hébdo, justo antes de la presentación de la denuncia.

 Como dato adicional, podría recordar las frases que, según Horacio Verbitsky, Timerman escuchó de labios del dirigente de la DAIA Julio Schlosser ("Olvidate de los muertos. Hay que pensar en los vivos") y del propio canciller israelí Avigdor Lieberman ("¿Para qué quieren un juicio, si los diarios de todo el mundo ya publicaron que fue Irán?"). Sin extenderme acá sobre el tema, me surge una relación de todo esto con el próximo juicio por encubrimiento del atentado a la AMIA, y a preguntarme a quiénes (es decir, a qué factor de poder, más allá de los familiares de las víctimas y del más alto nivel del gobierno argentino) les interesa que ese juicio se lleve a cabo y permita llegar a algún tipo de esclarecimiento. La respuesta que me surge con pocas dudas es: a nadie más.

Vuelvo al principio para visitar nuevamente a los muchachos de la American Task Force Argentina. Al momento de escribir esto, más de una semana después de la muerte de Alberto Nisman, el último artículo destacado en este sitio es "The facts about Argentina's relationship with Iran" publicado el 16 de enero, dos días después de la denuncia, que según ellos reafirma la certeza de sus acusaciones de larga data. Al costado derecho de la página solamente se encuentra una breve noticia sobre la hora de la muerte de Nisman, y a partir de entonces, ni una palabra sobre el tema. Acerca de las sospechas profusamente divulgadas por la prensa hegemónica local sobre el presunto involucramiento u ocultamientos del gobierno argentino en el suceso, nada. Muy extraño en un sitio que suele levantar cualquier cosa que le sirva para pegarle a Cristina, hasta la famosa "crisis de los tampones"...

Termino con un breve resumen de mis hipótesis, sin ninguna intención de ser categórico. Existían poderosas razones (impulsadas quizás desde algún bufete de Manhattan y/o algún despacho del congreso de EE.UU., quizás también con vínculos con algún medio periodístico domiciliado en la calle Tacuarí y/o con algún ex miembro de los servicios de inteligencia y/o etc.) para que Alberto Nisman presentara una imputación contra la Presidenta y su Canciller que podría desembocar en su desplazamiento (o en un golpe de Estado institucional, si se prefiere pensarlo así). Comparar la trascendencia de esta denuncia con lo endeble y hasta ridículo de sus fundamentos (sumada a la opinión generalizada de que ningún jurista podría haber escrito ese engendro) lleva a conclusiones más que evidentes. O no. En todo caso, vale la pena escuchar en este video de TN a la periodista Natasha Niebieskikwiat cuando dice (minuto 10.45): "...Él tenía su teoría, estaba conectado con una línea de pensamiento que en su momento le dieron mucho apoyo, son los legisladores republicanos de Estados Unidos, que esta vez no apareció nadie...". O reparar en la hiperactividad en el "caso Nisman" (y los contactos personales con el fiscal fallecido, hasta casi sus últimos momentos) de dos personajes de la política local que (objetivamente) suelen actuar en consonancia con los intereses de Paul Singer y sus aliados: las diputadas Patricia Bullrich y Laura Alonso.

Hace algunos minutos y mientras terminaba de escribir este post, escuchaba a la Presidenta hablar por cadena nacional. Hacia el final de sus palabras ella se refirió a su deseo de que la muerte de Nisman se transforme en "el hilo de Ariadna que nos permita dar respuestas a las 85 víctimas y a sus familiares". Comparto ese deseo y desde ya y hasta que la realidad me indique que estoy equivocado, va mi total respaldo hacia ella y su Gobierno.

Vaya como cierre un tema alusivo, creado y entonado por un amigo de este blog y que refleja bien mis pensamientos.





Nota 1: el que lo prefiera, puede leer los artículos de ATFA en castellano aquí.

Nota 2: es probable que mis pensamientos e hipótesis estén influidas por la lectura reciente de El cementerio de Praga, de Umberto Eco. Yo lo terminé de leer justo cuando ocurrieron los atentados en París, y no se me ocurre otra lectura más recomendable para este verano.

jueves, noviembre 20, 2014

Designios y desazones

Por algún extraño designio cayó en mis manos un libro titulado "Ciencia, Tecnología y Desarrollo" editado por el Centro de Participación Política de la Unión Cívica Radical, que contiene las presentaciones realizadas en el Encuentro Nacional organizado en octubre de 1983 por los equipos científico-tecnológicos que asesoraban al por entonces candidato presidencial Dr. Raúl Alfonsín.

El libro contiene los que quizás sean los dos últimos escritos de Jorge A. Sabato, que falleció el 16 de noviembre del mismo año: "Propuesta de política y organización en ciencia y tecnología" y "Algunas reflexiones sobre la esperanza argentina". Hoy, que el pensamiento de Sabato mantiene absoluta vigencia (ver aquí y acá, por ejemplo), no está de más recuperar algunas de sus palabras. Vayan entonces los párrafos finales del primero de los textos citados.


La política económica es determinante de la política tecnológica

"Me parece fundamental tener muy clara la conciencia de este problema. En esta relación con la estructura productiva es donde nace la necesidad de ligar la política económica. No puede haber política tecnológica a contrapelo de la política económica. Es una contradicción. Basta un solo cambio en la tarifa arancelaria de productos que se importan para que todo un desarrollo tecnológico se frustre, si este cambio de aranceles es desfavorable para la producción nacional.
Por lo tanto, política económica y política tecnológica deben marchar a la par y con absoluta coherencia. Por supuesto que luego hay que establecer los vínculos entre política tecnológica y política científica, en la medida que la ciencia es contribuyente muy importante de los paquetes tenológicos. Y con la politica cultural, porque hay que tener una política de formación de cuadros para alimentar la producción y manejo de la tecnología en la sociedad.
Pero una vez que hayamos tenido que asegurar la coherencia, estamos asegurando la existencia misma de una política tecnológica. Absolutamente inútil será declamar objetivos tecnológicos globales magníficos, si la política económica, implícita o explícitamente, está diciendo otra cosa en la letra chica. Si está alimentando una capacidad de importación ciega de tecnología, por ejemplo, so pretexto de que nadie sabe importar mejor que el empresario que necesita la tecnología para satisfacer sus necesidades. Eso ha sido comprobado en estudios realizados en todas las sociedades, capitalistas, no capitalistas, socialistas, medio socialistas, alineados, semialineados, etc. Hay toda una bibliografía que les puede mostrar que eso es una falacia. No es cierto que la importación libre, que la importación ciega de tecnología favorezca la capacidad de desarrollo tecnológico de un país. También es cierto que no favorece la capacidad tecnológica del país una actitud negativa absoluta en materia de importación de tecnología. Se trata de ejercer, justamente, esa capacidad autónoma para constituir un paquete adecuado.
Termino estas reflexiones simplemente reiterando que espero que las mismas ayuden al debate que tendrá lugar en esta y otras sesiones para configurar algunas de esas politicas de desarrollo científico y tecnológico que tanta gente ansía tener lo más pronto posible."

Nota al pie:
Recorriendo las páginas del libro me llamó la atención la calidad y cantidad de ideas y propuestas presentadas, y me resultó imposible no sentir desazón pensando que en los años que siguieron, cuando la UCR estuvo en el gobierno y muchos de los participantes de ese encuentro se convirtieron en funcionarios, en su inmensa mayoria esos proyectos cayeron en el olvido. Veinte años después, la Argentina se había convertido en un país diametralmente opuesto al que Jorge Sabato, Raúl Alfonsín y sus correligionarios soñaban en esos días de recuperación de la democracia.
Por supuesto, también resulta deprimente releer esos textos a la luz del triste espectáculo que ofrece el más que centenario partido hoy día, en que parece estar al borde de su desaparición o de su conversión en un engendro todavía indefinido.
Quizás la lectura de este post motive a alguno a revisar viejos cajones, y así logre recordar que en otras épocas ese partido tuvo un proyecto de país y no tenía como sus principales actividades una fraseología y una praxis al gusto del poder económico y mediático.


P.S.: La foto corresponde a la portada de este libro, editado este año por la Universidad Nacional de San Martín.

martes, julio 01, 2014

Un día gris y lluvioso


"Nadie le discutió a nadie el derecho de llorar la muerte de este hombre, el más amado y el más odiado de su tiempo. Lo lloró su gente. Lo lloraron sus amigos, sus allegados, sus colaboradores; lo lloraron sus aliados políticos y también sus más viejos adversarios. Los Montoneros le rindieron su postrero homenaje. Incluso el ERP decidió dejar sus armas en silencio por aquel duelo inconmensurable. Entonces, en el profundo silencio, se dejó oír el llanto de tantos argentinos para quienes el viejo caudillo fue, sin dudas, mucho más que un jefe político.
Y algo más. Este también fue el fin de una cruel cuenta regresiva. Es posible que esos millones hayan ignorado esta razón: que también estaban derramando sus lágrimas por la muerte futura de centenares de compatriotas que "por falta de tiempo no logramos recuperar para la paz"."

Carlos "Chango" Funes, Perón y la Guerra Sucia, Catálogos-Documentos Críticos, Buenos Aires, 1996, p. 174-175.


Nota 1: para ampliar sobre lo dicho por Funes en su última frase, leer acá.

Nota 2: foto tomada prestada de este sitio. Autora: Marta Merkin - archivo Inés Ulanovsky.

martes, junio 17, 2014

viernes, mayo 02, 2014

Injuriados


En 1975, la revista Crisis publicó el libro La Clase Trabajadora Nacional del antropólogo Guillermo Gutiérrez, que aún hoy sigue mereciendo (en mi opinión) una atenta y fervorosa lectura. Por suerte, está disponible en la web una segunda edición muy reciente, revisada y actualizada por el propio Gutiérrez. Creo que vale la pena poner acá un fragmento, que dedico por mi cuenta a los compañeros agraviados e injuriados hoy dìa por el poder mediático y sus corifeos de toda laya. Quizá les sirva de consuelo saber que no son los primeros, y seguramente no serán los últimos.


Historia nacional de la injuria

El célebre calificativo de “aluvión zoológico”, empleado para designar peyorativamente a un sector social de nuestro pueblo y a su participación combativa en la historia nacional, tiene viejos antecedentes, testimonios cabales de los arraigados prejuicios que dominaron desde antigua a los “señores principales” y a la óptica liberal.

En El Gaucho (1945), Emilio A. Coni registra numerosos calificativos aplicados en el siglo XVIII a los ancestros gauchescos del “aluvión zoológico”: “De 1730 a 1770 el tipo gauchesco va adquiriendo nuevas características que se expresan con los siguientes vocablos: matadores, robadores de mujeres, vagabundos, ladronicios, malos mozos, grandes dañinos, cuchilleros, peleadores, cuatreros, ladrones de la campaña, delincuentes, agresores, amancebados, jugadores, forajidos, etc.”. De 1770 a 1790 los calificativos serán: malhechores de la campaña, ociosos, castellanos contrabandistas, facinerosos, hombres errantes, haraganes, paseanderos, desertores, etc.

En 1811 los “orilleros” que participan en el movimiento del 5 de abril serán vistos como “ínfima plebe del campo” (Beruti), que actúan con desdoro “del vecindario ilustrado y sensato”, o como “paisanos emponchados”, “alianza de charreteras y chiripá” y “desvalidos soberanos” (Ignacio Núñez), en tanto que los participantes del movimiento federal del 1º de octubre de 1820 serán “hombres de la canalla” y “chusma” agolpada en las esquinas y “envuelta en sus ponchos esperando el éxito para dedicarse al saqueo” (Rojas y Patrón).

Poco antes se había hablado de los integrantes de las montoneras del 20 como de columnas de “aspecto original y verdaderamente salvaje”, y en 1821 se expresará en El Argos de Buenos Aires que los “peones” son “hombres libertinos, corrompidos y perjudiciales a la sociedad”, así como tiempo después se hablará de sus jefes, los caudillos, como de “caciques bárbaros” a los que hay que exterminar.

En 1828 El Liberal caracterizará de la siguiente manera a los seguidores del gobierno federal: “Viva el poder y el hombre en que se estriba; / que vivan sus ilustres defensores / los mulatos, los negros changadores; / los de poncho, iqué linda comitiva!”.

Historiadores como Vicente F. López y Mitre se referirán a los procesos populares y a sus protagonistas individuales y colectivos, con los calificativos de “guarangada”, “turba vocinglera de quinteros, peones y compadritos”, “bárbaros desorganizadores”, “contrabandista, montaraz, nacido fuera de la ley común de las gentes, outlaw” (son los calificativos que le destina López a Artigas), “hordas”, “las turbas del anarquista oriental”, “orillero y vago por educación”, “agrupación de bárbaros”, “bárbaros desnudos, hambrientos y excitados por las pasiones bestiales”, “hombres desaliñados”, etc.

Dentro de esta línea los seguidores del Chacho serán “salteadores o criminales notorios, soldados y sargentos desertores o lo más abyecto o lo más rudo de los viejos partidos personales”.

Mucho más tarde, cuando otros componentes étnicos se amalgamen con los hijos del país en la común explotación, los herederos de la “gente principal” verá a los inmigrantes apiñados en los conventillos como “Invasión del mundo heterogéneo”, “turba”, “ola roja” (Cané) o “confuso tropel” (Miró), y con el mismo espíritu calificarán a los partidarios de Yrigoyen de “plebe” y “mulataje delirante” (A. de Laferrere).

Apenas los botones de muestra, como se ve, de un largo y fecundo historial de la injuria.


Guillermo Gutiérrez, "La clase trabajadora nacional - Su conformación histórica", Los Libros de Fundación Patagonia Tercer Milenio, Buenos Aires, mayo de 2012; p. 126-127.