sábado, septiembre 25, 2010

Naides es más que naides



El 23 de septiembre de 1850 moría en su exilio paraguayo el General José Gervasio Artigas. En mi pensamiento y en mi sentimiento, uno de los máximos próceres de la Patria Grande americana. Y en sus propias palabras, "argentino, de la Banda Oriental".

Cuando la dictadura militar uruguaya le construyó a Artigas el mausoleo inaugurado en 1977, sus jefes decidieron no inscribir en el mármol ninguna de las frases célebres del prócer ya que las consideraron "subversivas". Por ejemplo éstas:


"Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana."

"Clemencia para los vencidos, curad a los heridos, respetad a los prisioneros."

"Con libertad no ofendo ni temo."

"No venderé el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad."

"Los más infelices sean los más privilegiados."

"Sean los orientales tan ilustrados como valientes."

"Para mí no hay nada más sagrado que la libertad de los pueblos."

"Soy poco amigo, Señor, de las formalidades superfluas; la verdad simple y clara es la expresión de mi lenguaje."

"Los pueblos de América del Sur están intimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos."

"Todas las provincias tienen igual dignidad e iguales derechos."

"Cuando no tenga soldados pelearé con perros cimarrones."

"Que los indios en sus pueblos se gobiernen por sí."

"La libertad de América forma mi sistema, y plantarlo mi único anhelo."

"Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi nación."


Primero fustigado, luego ocultado y ninguneado por la historia oficial argentina, tergiversado por la historia oficial uruguaya, no se aprecia en el ideario de Don José nada que justifique el encono que le profesó Sarmiento. Quizás el historiador argentino que más reconoció la estatura de Artigas haya sido Salvador Ferla en su Historia argentina con drama y humor. Así presenta Ferla al caudillo oriental:


La Revolución Nacional y Popular

"Conque nos es insoportable sucumbir a una nación
y no lo es humillarnos a un Artigas, a un Santa Fe?
¡Primero quisiera ver todo el pueblo reducido a
cenizas que a tal punto de degradación!..."
Tomás Manuel de Anchorena


"Con el Triunvirato y sus arreglos con Elío, la revolución de mayo se muere. Entonces surge en el mismo escenario, OTRA REVOLUCIÓN. La convocatoria popular que no había querido efectuar Buenos Aires, la hacen unos improvisados dirigentes de provincia, a quienes convocar al pueblo les resulta tan natural como montar a caballo. Son los caudillos. La clase dirigente metropolitana se encontrará enfrentada a ellos, que tienen su misma ideología y sus mismos objetivos ideales, pero no están avergonzados de España y América, del pasado y la raza, del idioma y la cultura. Y no dividen al pueblo en educado y canalla, civilizado y bárbaro.

Las invasiones inglesas habían demostrado que este país es inconquistable con el pueblo en la calle. Por eso los caudillos no tienen miedo y enarbolan, con gallardía, la bandera de la independencia absoluta, al mismo tiempo que exigen una organización federal que es el único sistema que puede mantener la unidad de la Patria Grande.

Vamos a hacer en las páginas siguientes, una breve reseña de este prócer nuestro asombrosamente lúcido, increíblemente honesto, fabulosamente heroico, que se llamó JOSÉ GERVASIO ARTIGAS, y de la epopeya popular de la cual fue principal protagonista.

Con Artigas aparecen las llamadas "masas semibárbaras".(...) Los porteños que desde la revolución de Artigas llaman bárbaras o semibárbaras a esas masas, es también porque se sienten extraños a ellas, y porque su complejo de inferioridad respecto del hemisferio norte los lleva a autoadjudicarse la barbarie.

En este movimiento revolucionario, los indios no están separados de los blancos, y hasta pueden llegar a general, como Andresito Artigas, sin presentar ante nadie certificado alguno "de limpieza de sangre" y sin desmerecerse por tener una esposa o concubina "parda"..."


Y en sus semblanzas de nuestros frustrados líderes nacionales Ferla lo retrata así a Don José:


"En una carta a Belgrano, con quien lo unía una antigua relación, nuestro Artigas, desesperado, le reprochaba su solidaridad con los directoriales que con su ceguera estaban disgregando el país y poniendo en peligro la independencia. ¡Cuántas cosas grandiosas pudieron haber hecho Belgrano y Artigas asociados!...

Artigas fue nuestro cuarto (*) y último candidato a "padre de la patria". Fue el iniciador de la verdadera revolución de la independencia nacional, republicana y popular. El que heredó la tradición rebelde de los comuneros y tomó en sus manos la tea encendida por el "arribeño" Murillo. A la cabeza de las masas rurales del Litoral lanzó en el mismo escenario de la revolución portuaria, otro movimiento revolucionario, inspirado también en las filosofías de la época pero profundamente enraizado en la raza y la idiosincracia de los habitantes del país. Fundó la democracia con el pueblo e hizo una descripción correcta de la problemática revolucionaria. Todo elogio de Artigas es poco. A veces pienso si no será una leyenda y si la dimensión que tiene no la hubiésemos descubierto los argentinos, creería que se trata de un invento uruguayo para darnos celos.

Artigas no necesitó denigrar a España para combatir por la independencia, ni tuvo que fantasear con príncipes indios para socorrer a los indios, integrarlos a la comunidad americana y hacerse amar por ellos, tanto, que fueron sus últimos y desesperados defensores. "Él era -dice su biógrafo Zorrilla de San Martín- el hispanoamericano por excelencia". Él era -lo digo yo- lo que pudo ser Liniers y no fue, lo que pudo ser Saavedra y no quiso.

En contraste con una élite dedicada a abolir títulos de nobleza fuera de uso; a eliminar instrumentos de tortura que seguirían en vigencia, y a suprimir honores exagerados que nadie disfrutaba, Artigas repartió tierras de verdad a indios y criollos de verdad; tomó decisiones mediante asambleas de soldados y campesinos; planteó el problema del puerto único que era el que hacía de Buenos Aires una capital íntimamente repudiada por las provincias; sintetizando el ideal revolucionario en cinco proposiciones principales, tajantes y decisivas: independencia, república, federación, fin del puerto único, designación de una nueva capital. Lógicamente el puerto no podía aceptar un debate en esos términos. La temática de la Ilustración, que enfervorizaba a la juventud capitalina, y en la cual todos coincidían, era una pantalla que ocultaba una temática de mayor profundidad y urgencia: aquélla de los intereses del puerto en conflicto con los del país. Esta antítesis se resolvía en campo de batalla y no en mesa redonda o en asambleas.

Sobrevino la guerra civil y el fabuloso Artigas no pudo con Buenos Aires. Dos obstáculos le fueron insalvables. Su ubicación geográfica marginal que lo colocaba fuera de foco (de haber sido cordobés su suerte habría sido otra) y su excesiva honestidad que limitaba su campo de maniobra. No le faltaban bases económico-sociales en las que apoyarse, pero estaba alejado del centro de ellas. Y sí le faltaba capacidad de intriga. Por eso fue derrotado, empequeñecido y confinado al procerato de la Banda Oriental. No tuvo discípulos a su altura, con su asombrosa lucidez. Uno de ellos, Pancho Ramírez, atrapado en las intrigas porteñas, lo corrió hasta el Paraguay. Poco después Estanislao López corría a Ramírez. Desde entonces cada vez que en nuestro país aparece alguien con inclinaciones populares, siempre tiene a otro que lo corre.


Historia argentina con drama y humor, Salvador Ferla. Biblioteca del pensamiento nacional, Peña Lillo - Ediciones Continente, Buenos Aires, 2006; p. 193-194 y 254-255.

(*) Los otros tres habían sido para Ferla: Liniers, Saavedra y Belgrano. No le atribuía ese título a San Martín, sin desmerecer para nada su gloria.


Como cierre, vaya uno de los fragmentos que le dedicó Eduardo Galeano a Artigas en Memoria del fuego, y una yapa.


Usted

Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con pereza de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.

Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.

Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento. ¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen?

Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?

Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda y estéril, usted le hará falta. Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.



10 comentarios:

Columna Norte dijo...

Me saco el sombrero por su post. Uno de los mejores que he leído en la corta historia de la blogosfera Nacional y Popular.
Un saludo,
Ikal

Rafa dijo...

Ikal:
Muchísimas gracias por la visita, el comentario y el elogio. Ojo que la historia de la blogósfera Nac&Pop no es tan corta, yo soy de los veteranos, eh!

Un abrazo.

Félix Lunático dijo...

Los admiradores de Artigas deberían recordar el rechazo al Congreso de Tucumán. Artigas no participó de la declaración de independencia en función de los intereses orientales, y eso implicó el sabotaje de la campaña sanmartiniana y despreocuparse por Chile y Perú.

La contribución de Artigas a la gesta emancipatoria americana es escasa y queda reducida a las cuestiones de la Provincia Oriental. Con un intento, por suerte frustrado, de extender el área de influencia del artiguismo en las Provincias Unidas. Digo por suerte frustrado porque Artigas no tenía nada que ofrecerle a Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Córdoba, ya que subordinaba esas provincias a los intereses orientales sin dar nada a cambio. Distinto el caso de la denostada "oligarquía" de Bs As, que desde su monopolio aduanero al menos podía hacer algunas concesiones a las provincias del litoral. Artigas les ofrecía su guerra contra los lusitanos y mierda, nada más que eso.

Rafa dijo...

Félix Lunático:
¿Qué cuenta, tanto tiempo? Intentaré responder su comentario:
- El rechazo de Artigas al Congreso de Tucumán tuvo que ver con la inminencia de la invasión portuguesa a la Banda Oriental con la connivencia y el apoyo del Directorio en Buenos Aires. De paso, el temor a la creciente influencia de Artigas en el interior fue uno de los factores para que se declarara la independencia en Tucumán.
- Las provincias lideradas por Artigas ya habían declarado la independencia de España (no la separación del resto de las pcias.) en el Congreso reunido en Concepción del Uruguay en junio de 1815.
- ¿Sabotaje llama Ud. a la actitud de los orientales en defensa de su tierra? Busque las cartas que intercambiaron Artigas y San Martín. Quizás el Libertador se dio cuenta demasiado tarde que los peores enemigos de su accionar estaban en Buenos Aires.
- El intento de extender la influencia artiguista no se frustró "por suerte" (para Ud. parece que sí) sino por la invasión portuguesa que ya mencioné, apoyada por Buenos Aires y a una región de su propio país.
- Qué brutos los provincianos, tuvieron que pasar cinco décadas de guerras civiles y enormes derramamientos de sangre para que se dieran cuenta que el sometimiento a Buenos Aires era lo que más convenía a sus intereses...

No pienso ahondar en polémicas históricas de vieja data. Visto a la distancia parece que era muy difícil que el proyecto de Artigas triunfara, dado los enemigos poderosos a los que se enfrentó, no sólo los externos sino también los internos (por la aplicación del reglamento de reparto de tierras, p.ej.). Pero eso no quita que su accionar, su ideario y su percepción de los problemas nacionales nos sirvan de ejemplo.

Gracias y saludos.

Laura dijo...

Impecable post, Rafa. Y coincido que el reparto de tierras fue un elemento fundamental para que lo dejaran solo. Y la lectura de las "Instrucciones" es inquietante para muchos.
Pero! en el Reader no sale el enlace de música, así que le iba a poner justamente a don Alfredo. Pero como soy cabezadura, acá va otro, de los Olima
http://www.youtube.com/watch?v=XwfhJy6JwPg
Un besote

Félix Lunático dijo...

Hey Rafa;

A mí me interesa el punto de vista del Litoral. Artigas lo subordinaba a los intereses orientales. De nada vale su mención de las luchas argentinas por la organización nacional ya que no responde a que Artigas era un molestia para santafesinos y entrerrianos, sólo les prometía una larga guerra con los lusitanos a cambio de nada. Buenos Aires, aún desde su posición monopólica, tenía algo para ofrecerles. Al negar este hecho irrebatible está tratando de boludos o indignos a santafesinos y entrerrianos (es lo que hace Ferla).

Por último, a Artigas hasta los orientales lo dejaron solo y murió como un triste perro abandonado en Paraguay. Cuando los uruguayos cesaron sus guerras civiles, después de largos enfrentamientos que llevaron a Hudson a describir la tierra oriental como purpúrea (por la abundante sangre derramada), blancos y colorados buscaron un padre de la patria no contemporáneo con las pugnas del Uruguay independiente. Ahí nació el mito de Don José (hasta le inventaron retratos que no le hicieron en vida). Hay un artículo publicado en (la buena publicación uruguaya) Brecha en la década del 80. No lo tengo ahora a mano y no recuerdo el autor, pero recuerdo que expresa un revisionismo histórico serio (no como el de Ferla y otros nacionalistas mal llamados revisionistas). En dicho revisionismo, Artigas (el caudillo más en general) es un mediador entre sectores, no tan favorable a la plebe como supone la leyenda. Bonapartismo ganadero, para expresarlo en palabras de Milcíades Peña. El autor es uruguayo, lo digo para que nadie suponga de él una posición anti-Artigas o antiuruguaya.

oti dijo...

En la historia del pepe Rosa se cuenta cómo C. M. de Alvear quiso asesinar a Artigas.

Yo creo que Artigas tenía muy buena intuición acerca de lo que era una independencia que no le hiciera el juego a la geopolítica británica en el Río de la Plata.

La otra veta interesante de Artigas es la importancia que le daba a la Constitución Americana, sobre todo el prólogo, del que extrae ideales republicanos, independentistas y la noción del bienestra general para el pueblo.

Rafa dijo...

Laura:
¡Gracias por el elogio! Ya que estamos, en un post sobre el Pepe Mujica tenía un link al Reglamento que estableció el reparto de tierras, aquí lo pongo de nuevo.

El Frente Amplio hizo un muy lindo spot de campaña con ese himno de los Olima, podés verlo acá.

Gracias de nuevo. Un gran besote.

Rafa dijo...

Félix Lunático:
El punto de vista del Litoral que Ud. menciona es el que justifica la defección de Ramirez y López de la causa artiguista. Pero en 1814 todo el Litoral se le había plegado por propia voluntad. No veo en qué aspecto Artigas subordinó toda la región a los intereses orientales. Hasta Córdoba se le unió, y de no haber sido por las tropas del Directorio también La Rioja y Santiago del Estero lo hubieran hecho.

Por supuesto, con la invasión portuguesa y el hostigamiento constante de Buenos Aires las cosas se le fueron poniendo cada vez más difíciles. No voy a caer en una "condena" a la "traición" de López y Ramírez, era evidente que las circunstancias habían cambiado y en 1820 la causa artiguista ya estaba vencida militar y políticamente. En Cepeda se impone momentáneamente el federalismo, pero uno totalmente ajeno al ideario de don José: localista y no nacional. A partir de ahí se abandona todo proyecto de unidad nacional y Buenos Aires se dedica a gobernarse a sí misma.

Si menciono las luchas argentinas por la organización nacional es porque tienen sus raíces en los mismos problemas que Artigas había visto con claridad en su momento. Más bien que Buenos Aires tenía medios para persuadir a entrerrianos y santafesinos y finalmente logró su objetivo. De ningún modo los trato de boludos o indignos y tampoco lo hace Ferla, simplemente lamenta la derrota del proyecto artiguista.

Ya lo dije, Artigas se había hecho de muchos enemigos en su propia tierra, como los latifundistas o los comerciantes montevideanos. Pero es sabido que después de la independencia del Uruguay se lo invitó varias veces a regresar y él se negó diciendo "Yo ya no tengo patria".

Lo que hicieron los uruguayos con Artigas no es muy distinto de lo que se hizo acá con San Martín o Belgrano. Se pasó de la diatriba al mito. En el post dije que su figura fue tergiversada y tengo un ejemplo reciente: en los festejos del Bicentenario se lo mostró muy poco y asociado a la bandera uruguaya, que nunca fue la suya.

No sé quién será ese "revisionista serio" que Ud. menciona. Si no le gusta Ferla, le recomiendo el fascículo del CEAL (colección Hombres de la Historia) escrito por Blanca París de Oddone, muy documentado y con abundante bibliografía.

Gracias de nuevo. Saludos.

Rafa dijo...

Oti:
En el libro de Salvador Ferla también se cuenta una treta (creo que de Sarratea) para que uno de los hombres de Artigas lo matara.

En efecto, creo que él tenía muy claro lo que significaba la influencia inglesa en el Río de la Plata pero no descreía del libre comercio (aunque protegiendo la producción autóctona). Su proyecto requería romper con la hegemonía portuaria de Buenos Aires y multiplicar los puntos de entrada y salida de mercancías descentralizando las rentas aduaneras.

Como vos decís, es notable su afinidad con los principios de la Constitución norteamericana y con el federalismo de Thomas Paine, además de las ideas de Rousseau, fijate aquí. Ahí también se menciona un tratado de libre comercio que firmó con los ingleses en 1817.

Gracias, un abrazo.