martes, abril 17, 2007

Juntos son dinamita

Vuelvo a las tareas de rescate, esta vez juntando a dos tipos fuera de serie. Aquí traigo otra de las columnas que el Jorjón Sabato publicaba en la revista Humor Registrado en los últimos años del Proceso (lo que explica las referencias al poder militar), en este caso dedicada a su amigo Enrique Silberstein. En ese momento se había reeditado el libro de ES Los Ministros de Economía, lo que le inspiró a Sabato unas reflexiones que vale la pena releer, aunque las circunstancias históricas ya sean otras. Una aclaración para ayudar a captar el espíritu de la época: la madre de todas las batallas con que soñaron tantos de los personajes a que se refiere el libro (y también la nota), en esa época todavía no había terminado. Hoy sabemos que esa batalla finalizó en los '90, y que la perdimos nosotros. Y también, que los herederos de esos tipos nos siguen acompañando.


Termina bien lo que empieza bien (a veces...)

Entre las múltiples calamidades que nos han castigado tenazmente durante las últimas décadas hay una que me ha resultado particularmente irritante: la desmesurada importancia adquirida, en ese lapso, por los ministros de Economía, que han terminado siendo las primeras figuras de todos los elencos gubernamentales (*) (excepción hecha, claro está, de los comandantes en jefe, que son siempre los que mandan sin grupo). Como si la economía fuese un fin y no un medio y como si el problema económico fuera el más importante que tiene el país, mucho más que el militar, el político, el educacional... Aunque en esto hay que reconocer que, gracias a la penosa performance de la gran mayoría de esos ministros -y muy especialmente de Martínez de Hoz y su pléyade de chantócratas- dicho problema ha terminado por convertirse en una verdadera obsesión colectiva.

Contra esa mistificación contumaz, Enrique Silberstein dedicó buena parte de su actividad intelectual que se tradujo en sus popularísimas Charlas Económicas -verdaderas joyitas periodísticas comparables a las mejores Aguafuertes Porteñas de Roberto Arlt-, en sus heterodoxos libros como Dialéctica, Economía y Desarrollo; Vida y Milagro de Nuestro Peso; Piratas, Filibusteros, Corsarios y Bucaneros; Marx, Keynes y Cia. S.A.; Los Economistas; Los Asaltantes de Caminos, etc.; en sus desenfadadas obras de teatro como Historia de la Guita e Historia del Laburo; en decenas de conferencias y cursos; y, last but not least, en miles de horas de charlas mano a mano con sus muchos amigos. Los Ministros de Economía, publicado en 1971 y desde entonces totalmente agotado, es un excelente producto de esa tarea realizada con sapiencia y sin solemnidad; con honestidad e ironía; con talento y fervor. Y siempre con humor, con un humor sarcástico y mordaz pero también cálido y humano, sin pizca de cinismo, un humor que nunca es frívolo y por eso no oculta ni encubre la realidad, sino que es compromentido para denunciar "los piolines que movían las marionetas de turno", según la feliz descripción que de él hiciera Enrique Grande.

Como es sabido los puntos fundamentales que todo ministro de Economía debe tocar en sus discursos son:
1) Jamás el país estuvo peor, desde el punto de vista económico.
2) Hay que hacer toda clase de sacrificios para salir adelante.
3) La estabilidad es lo fundamental; conseguida la estabilidad estamos salvados.
4) La moneda sana es el objetivo de nuestra acción de gobierno.
5) El déficit fiscal se reducirá hasta más allá de lo posible.
6) Terminaremos, inexorablemente, con la burocracia.
7) Las medidas impopulares que debemos tomar son inevitables.
8) Suframos hoy, que mañana (o pasado) estaremos bien.

No soy yo, ni ahora, el que dice lo que Ud. acaba de leer, sino Silberstein, y en 1971. Y lo he transcripto sin comillas a propósito, para sorprenderlo con la absoluta vigencia del texto de Los Ministros de Economía, que lo llevará a exclamar, página tras página, "parece escrito hoy". Afirmación que al par de ser el mejor elogio de la profundidad del análisis que entonces hiciera Silberstein, resulta una triste comprobación de que los sacrificios que nos hicieron padecer no han servido para un pito y una negra premonición de lo que nos va a ocurrir con los nuevos sacrificios que, con su tradicional desfachatez, nos vuelven a pedir.

No es, por cierto, nada extraño que esos personajes digan hoy (y mañana y pasado y traspasado...) lo que decían entonces, ya que son los mismos, los "desconocidos de siempre" que, como los boy-scouts están "always ready" para ser ministros: Alsogaray, que fuera dos veces ministro (1959 y 1962); Martínez de Hoz, también dos veces ministro, la primera en 1963; Roberto Alemann, que hiciera su primer ensayo en 1961; Krieger Vasena y Dagnino Pastore que ya fueron y casi volvieron a ser. Faltan, por supuesto, los que fallecieron, como Pinedo, Méndez Delfino, Salimei. Pero a no desesperar, que ya están listos los de la nueva hornada, como Ricardo Zinn, auténtico mentor intelectual del "Rodrigazo"; Adolfo Diz el chantócrata número uno de la troupe de Joe; Jorge Bustamante, el autor de la frase más memorable de los últimos años ("28 millones de argentinos apoyan la actual política económica"); Guillermo Walter Klein (h), que a su magnífico antecedente de haber sido mano derecha de Martínez de Hoz agrega el no menos precioso de haber sido subsecretario de Gotelli cuando éste era ministro de Onganía; Alejandro Reynal, el que afirmó que la quiebra del BIR era la mejor prueba de las virtudes de la política financiera de Joe, más Zimmermann, Estrada, Ocampo, Lacroze, Tanoyra y otros tantos que tienen lo que hay que tener, apellido, amistades, dinero y sobre todo, la más ortodoxa ideología conservadora.

Y, por sobre todas las cosas, por qué van a cambiar de libreto si con éste les ha ido tan bien, tanto como mal le ha ido al país. Entonces y ahora siguen usufructuando el poder, obtenido eso sí, no por los votos sino por las botas. Es ese libreto el que hay que conocer a fondo, no en la superficie de su retórica sino en la profundidad de sus intereses. Eso es lo que hace Silberstein en este libro, pasando minuciosa revista a cada uno de sus infaltables elementos:

Déficit fiscal: "...casi todos los ministros de Economía se han golpeado el pecho y han jurado que terminarían definitivamente con el déficit fiscal, que es el mal que corroe la economía del país, que lleva a la inflación y que poco a poco va anulando las energías nacionales... A matar, a terminar, a liquidar definitivamente el déficit fiscal es la propuesta que todo ministro presenta al pueblo". Y más adelante agrega Silberstein: "...todos los que gritaron y se lanzaron como fieras contra el presupuesto deficitario dejaron sus discursos y gastaron sin preocuparse de obtener ingresos directos y definitivos".

Hay que sacrificarse: "El sacrificio (de los otros) es una constante de nuestra historia... no hay gobernante que no haya pedido su cuota de sacrificio... los ministros de Economía se refirieron al asunto éste del desarrollo, al ajustarnos el cinturón ahora para estar felices y contentos mañana, el de sufrir hoy para ver mañana el sol de la victoria". Silberstein exceptúa a Aldo Ferrer de sus críticas, afirmando que es "hasta ahora el único que no sólo no pidió sacrificio sino que dijo que no tenía sentido pedirlo porque la cosa estaba por otro lado".

Estabilidad monetaria: "El concepto de estabilidad monetaria, de inflación, de moneda sana, son quimeras que nunca existieron, que no tienen por qué existir y que se refieren a una circulación monetaria en moneda metálica que ya no existe más. Pues nada, todos siguen hablando de lo mismo y dan vuelta a la misma incongruencia". En esta materia, Silberstein exceptúa a Juan C. Pugliese pero en cambio critica severamente a Prebisch por su Informe al Gobierno de la Revolución Libertadora titulado nada menos que "Moneda sana o inflación incontenible".

Devaluación: "... casi no hubo ministro de Economía que no se llenase la boca con eso de mantener el valor de la moneda, de defenderla a capa y espada. Y siempre se consideró que la mejor manera de de defender a nuestro vapuleado y nunca bien ponderado peso era desvalorizarlo. Porque como todos saben, la desvalorización era obligatoria, imprescindible, debido a la mala situación por la que atravesamos, la peor de la historia, como consecuencia de las barbaridades que hicieron todos los ministros anteriores". Y así siguiendo con el costo de vida, la disminución de la burocracia estatal, la emisión y ainda mais...

Silberstein dedica particular atención al análisis de uno de los sofismas más extendidos, el de que los ministros de Economía son técnicos y que por tanto no hacen política. Nada más falso. "Si hay un ministerio político, ése es el Ministerio de Economía. Porque es hacer política el no modificar las cosas... Los ministros de Economía han hecho mucha política, mucha más política que cualquier piantavotos de la vieja y la nueva época... Desde ese ministerio se efectuaron todos los movimientos para que una cierta tendencia, una cierta concepción, una determinada manera de observar las cosas y realizarlas, siguiese en su puesto de mando sin que se la obstaculizase".

Para Silberstein, en el trasfondo de la conducta de estos ministros no sólo están los intereses que defienden sino también una malhadada alienación cultural que los lleva a ver la realidad propia con ojos ajenos, enfermedad que no es monopolio de la derecha sino que también aqueja a vastos sectores de la izquierda, y que nos viene de lejos, como lo prueba esta espléndida cita de un discurso de Estanislao Zeballos que brinda Silberstein: "Y si los libros europeos lo aconsejan y las necesidades argentinas rechazan el consejo, ¡primen nuestras necesidades y quémense los libros!". Lo que hubiese dicho Don Estanislao si hubiese conocido a los Chicago Boys o a los maoístas nativos...

Realmente hay que alegrase sobremanera por esta re-edición de Los Ministros de Economía. Porque es muy refrescante leer en prosa desenfadada y vital lo que a diario se expresa en textos solemnes, aburridos y chantocráticos. Porque es aleccionador leer a alguien que no tenía pelos en la lengua en medio de tanto escriba obsecuente y acomodaticio. Porque es estimulante leer a quien no tenía miedo (ni siquiera a equivocarse) de pensar por su cuenta y que se llevaba por delante las verdades convencionales y los clisés de moda. Porque es importante que nuevas generaciones de argentinos tomen contacto con la obra de un argentino de ley. Y finalmente, porque volver a poner en circulación a Silberstein indica que hay quienes están dispuestos a luchar contra la conspiración del silencio impuesta por los poderosos e instrumentada por los mediocres.

Jorge A. Sabato - Buenos Aires, Marzo de 1982.

Postdata: Perdón, Enrique, por tanto elogio, justamente a vos que le tenías mucha bronca a este tipo de cosas. Pero qué le vas a hacer: el naipe viene tan mal barajado que no hay más remedio que tratar de hacer algo para ordenarlo.

(Ensayos con Humor, Ediciones de La Urraca, p. 114, 1983. Publicado originalmente en Humor Registrado Nº 79, Abril de 1982.)

(*) Y eso que Sabato no llegó a ver en acción al Supermingo.


P.S. (I): Qué quieren que les diga, después de leer esto, la chicana que circuló cuando se fue Lavagna ("K Ministro de Economía"), da para respirar más tranquilo.

P.S. (II): Hard Core me señaló en su comentario la relación entre este post y este otro, cosa que no fue premeditada. Pero como todo tiene que ver con todo (Prof. F. Ibáñez dixit), el recuerdo de Silberstein aparece también en este artículo de Mario Rapoport (es viejo, del 2005 supongo), que incluye este párrafo:
"La inflación debe ser entendida en el marco de la problemática argentina: con ella han sido castigados los sectores populares, con una caída del consumo y los salarios reales, procesos agravados durante las hiperinflaciones. El país debe empezar otra vez y repensar cuál es el camino de crecimiento deseable para el interés nacional, reparando los graves problemas de destrucción del aparato productivo, distribución regresiva de ingresos, desocupación y pobreza heredadas de las políticas neoliberales. La presencia de una tasa de inflación moderada es un dato a tener en cuenta pero no está por encima del objetivo principal: crecimiento con equidad."

4 comentarios:

Hard Core dijo...

Perdone que arbitrariamente vincules este articulo con el de los numeros de la inflacion. Me queda la sensacion de que soñar es posible porque estamos en este mundo. Ya sabe yo reniego con el gobierno con bronca, admiro su vision equilibrada y no pasional de la realidad. No porque no la tenga, sino porque mantiene el equilibrio ante tanta desmesura.

Jorge Y. de la G. dijo...

Hard, no fue intencional, en realidad esto lo estuve "copiando a mano" durante varios días en los pocos ratos libres. Pero seguro que tiene que ver con el otro post, aunque ya haya pasado la época de los ministros de Economía superpoderosos (por suerte, en mi criterio), si seguimos con la mentalidad de obsesionarnos por los números y no sabemos o decimos con claridad hacia dónde vamos, tarde o temprano estamos fritos.

Gracias por la visita y los elogios inmerecidos. Un abrazo.

manolo dijo...

Jorge
Admirable la paciencia y constancia de “pasar a mano”, todo el texto.
Solo de imaginarlo sufro.
Desde ya un abrazo y mis respetos

Jorge Y. de la G. dijo...

Gracias Manolo querido pero no es para tanto, soy diplomado de la Pitman ;). Lo peor es repasar tantos apellidos de personajes nefastos.

Un abrazo.