lunes, agosto 07, 2006

Qué fiaca que tengo

Está bueno esto del blog che...uno anda con fiaca, no escribe por un día, una semana o un mes y no pasa nada. Qué suerte que uno no es periodista, de esos que se la pasan corriendo contra reloj para entregar una nota antes del cierre. En fin, aportaremos un granito de arena en el debate de los superpoderes que tanto apasiona a los politólogos (confieso que a mí no me mueve demasiados pelos). Y como realmente sigo con mucha fiaca, al igual que tantas otras veces voy a cederle la palabra a alguien cuyo pensamiento comparto en gran medida. Hoy le toca a J.P. Feinmann (el bueno), con esta nota que publicó ayer en P.12.


Oficialistas y opositores

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Por José Pablo Feinmann

País que se repite éste. Como tragedia, como comedia, como lo que sea. Pero que se repite, se repite. Ahora, el ambiente político (no el social: el social permanece ajeno a todo este estruendo) estalla a cada minuto porque el kirchnerismo ha impuesto una ley a la que llaman de los superpoderes. El país político, en suma, se ha dividido en dos: el oficialismo y la oposición. Se dirá que siempre está dividido así y que todo oficialismo debe tener una oposición que lo controle. Es cierto. Pero –aquí, hoy– el oficialismo y la oposición se llevan a las patadas, se agreden, se arrojan motes con frecuencia inverosímiles. Pero, según dije, esto no es nuevo. Es posible detectar en la figura romántica (es un excelente poeta) de Santiago Kovadloff una versión siglo XXI de Echeverría. Y en Beatriz Sarlo una de Victoria Ocampo. Este sería el bando unitario. El hegemonismo de Kirchner, su manejo del aparato justicialista y su militancia en la izquierda peronista de los ’70 (que reivindicaba a los gauchos del federalismo) lo ubican en la franja federal. Esa historia se conoce. Juan Manuel era autoritario y los jóvenes románticos de Montevideo y la sociedad de los pudientes reclamaban por las libertades públicas. Luego –en el siglo XX– el país se dividió entre personalistas y antipersonalistas. Los primeros se nuclearon alrededor de don Hipólito Yrigoyen, que había regresado al gobierno en 1928 y era acusado de demagogo, populista, amigo del pobrerío y otras calamidades. Del otro lado, estaban los antipersonalistas, que habían surgido al calor de la presidencia de Marcelo T. de Alvear, hombre de refinados modales, afecto a las veladas del Colón y frecuentador de terratenientes, poetas como Lugones y militares como Agustín P. Justo. Por último, Perón y los antiperonistas. Los antiperonistas representaban la democracia, la libertad y el republicanismo pisoteado por la demagogia populista del líder obrerista y militar.

Tenemos, entonces, tres relaciones binarias. Unitarios y federales. Personalistas y antipersonalistas. Antiperonistas y peronistas. ¿Qué tienen en común los primeros? Reclaman por las libertades civiles pisoteadas, afirman que se ha ultrajado a la república, que la demagogia cunde, que el líder populista manipula a las mayorías en su beneficio, que la democracia está ausente y la cultura también, pisoteadas ambas. Hay, siempre, presos paradigmáticos: Tagle, Mármol y el general Paz bajo Rosas. Balbín y, no perdamos el tiempo, Victoria Ocampo bajo Perón. (Hubo muchos más, pero me refiero a los paradigmas que arman el relato.) ¿Qué tienen en común los segundos? Son personalistas, líderes, son férreamente obedecidos por los partidos que representan, no tienen apego a las formalidades del poder dado que prefieren ejercerlo más que honrarlo y –por egoísmo, por convicción o por lo que sea– se acercan a las masas y las benefician.

Kirchner obtuvo esa ley que quería. La reclama porque –dice– no lo dejan gobernar. Con esta ley sus decisiones saldrán más veloces y seguramente aumentará su caudal en las encuestas. Kirchner tiene, en efecto, una tendencia hegemonista. Debiera saberse que no hay gobernante de raza que no se enamore del poder. K lo sucede a De la Rúa, que no ejerció el poder y llevó el país al cuasi desastre. Esto la gente lo sabe, de aquí que le agrade la figura fuerte, el porte de soberano que exhibe Kirchner. (Además, De la Rúa anda libre, sus hijos –un monumento a la tilinguería y la corrupción– se siguen llenando de oro, el estado de sitio de ese radicalismo provocó treinta muertos y, para colmo, ahora viene Shakira.) Volviendo: K tiene porte de tipo que quiere gobernar y que no lo molesten. Esto, a la gente, le gusta, le gusta también que el país crezca, que la economía ande bien y seguramente Kirchner (quien, que nadie lo dude, será el candidato del 2007) se alzará con una segura victoria en las urnas.

El 2 de agosto, un día antes de conseguir los superpoderes, Kirchner, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, impulsa un homenaje al obispo Angelelli, asesinado el 4 de agosto de 1976, en tanto muchos demócratas y republicanos de hoy escribían editoriales escalofriantes o de elegante apoyo a la Junta de Videla. El oficialismo, hasta la fecha, ha sido acaso excesivamente reticente para publicarlos. Kirchner, en la Rosada, declara duelo nacional la fecha de la muerte de Angelelli y dice que lo hace “en conmemoración a los religiosos víctimas del terrorismo de Estado”, también dice que Angelelli era “un obispo comprometido con el pueblo”. A mí me parecen muy importantes estas cosas de este gobierno y sé que nadie de la oposición republicana habría hecho algo así. En principio, porque muchos eran cómplices del poder que mató a Angelelli. Pero –y desearía ser claro en esto– cuando uno rinde homenaje a un hombre de la conmovedora valentía de Angelelli tiene que recordar que la opción de esos sacerdotes de los setenta (porque, en los setenta, señores, hubo curas revolucionarios, y no llevaban metralletas sino la pasión de Jesús por los pobres, y jamás cambiaron una palabra con Galimberti o Firmenich) era, sigo, la “opción por los pobres”. Son varios en el país los que desean marginarse de la antinomia oficialismo y oposición. Son varios los que le piden al personalista que gobierna y que pide más poder para gobernar que, si lo obtiene, sea para ejercer la opción que ejercía Angelelli: la opción por los pobres. A mí siempre me conmovió el modo que tenían los pastores de los setenta de enunciar su modo de comprometerse en lo político: siempre me gustó cuando hablaban de la opción por los pobres. Si hay superpoderes, que sean para esa opción. Si se honra a Angelelli, que se honre a su causa. Si esa opción se ejerce al costo de menguar algunas virtudes democráticas, vale. Pero si no, nosotros nos quedamos huérfanos. Sin paradero. Porque no podemos engrosar las filas del republicanismo. Porque sabemos (y volveremos sobre este tema) que los reclamos de democracia y republicanismo siempre vinieron de quienes, en el poder, los negaron, porque sabemos que bajo el manto de la democracia y la república el poder fue asaltado por militares, ganaderos, diplomáticos alineados con Estados Unidos, macartistas y siempre una elite intelectual sumisa, silenciosa o, sin más, cómplice. Piénsese en el papel que jugaron Jorge Luis García Venturini y Víctor Massuh antes y después del golpe del ’76. Será, además, atinado observar que nadie de la oposición republicana le pide a Kirchner que intensifique la opción por los pobres que predicó Angelelli. Eso pareciera no importarles. No les importó a los unitarios. No les importó a los antipersonalistas. No les importó a los antiperonistas del ’55, que mataron clandestinamente, fusilaron y persiguieron. Siempre, para los pobres, vinieron tiempos duros toda vez que asaltaron el poder los salvadores de la República.

Pero, si Angelelli estuviera entre nosotros, estaría con la democracia. ¿Por qué? Porque a él lo mató la negación de ella, lo mató la dictadura. De aquí que haría suyas las dos opciones: la opción por los pobres y la opción por la democracia. Y aunque nuestra democracia no dio de comer y ha tratado muy malamente a los pobres, Kirchner deberá respetar esas dos banderas: la de los pobres y la de la democracia; aunque ésta a veces lo incomode, ya que es posible que lo fastidien algunos laberintos en los que encuentra trabas a su personalismo. Pero esto no es, como dice Sarlo, por su pasado setentista. La generación del ’70 no creía en la democracia porque la democracia era una palabra de los represores y hasta de los asesinos. Y si soñaba con un estado revolucionario era porque era hija de los tiempos y soñaba, sobre todo, con la revolución. Sin duda, Sarlo ya no sueña con nada de eso y está muy cómoda con haber llegado de la izquierda marxista a las páginas de La Nación. Bien, ya es lo que se propuso desde 1984: nuestra Victoria Ocampo. (Mejor dicho: la de ellos.) Pero debería respetar la historia de sus compañeros de ayer; hoy, la mayoría, desaparecidos. ¿Qué conocíamos nosotros, en los setenta, de la democracia? Los golpes militares, los fusilamientos que Walsh nos narró en Operación Masacre, los bastones largos, el derrocamiento de Illia (porque, sin duda, habría de dar elecciones libres y eso traería al “tirano prófugo”), el asesinato de Felipe Vallese, de Santiago Pampillon, la matanza de Trelew, todo eso se hizo en nombre de la democracia. Cuidado, entonces, con hacer de la palabra “república” el camino hacia una nueva aventura inicua. Y escúchenos, Presidente: la opción es la de Angelelli y, hoy, todavía, la miseria sigue aunque se lo venere en el Salón Blanco de la Rosada. Si los superpoderes son para esa opción, que pasen. Pero si no, ¿qué hacemos nosotros, los que queremos un país justo y libre que alimente a sus pobres?

10 comentarios:

G.F. dijo...

Es la impunidad de la gente bien!!! Todavía se quejan de la barbarie de Perón pero bombardear la Plaza de Mayo fue un acto libertario, no bárbaro, Perón no fusilo a nadie, ellos si, en los basurales de José León Suarez, al Gral. Valle, etc.
Hablan de las libertades que Perón les quitó y se olvidan de las proscripciones durante 18 años al peronismo y todo lo que a él se refiera (marcha, simbolos, imagenes). Les parece un horror que en su edificio viva alguien con antecedentes penales o que haya pasado por alguna carcel, pero nada les molesta tener de vecino a Martinez de Hoz o a Videla. Son de los mismos que no le creían a Moyano cuando denunció las coimas en el Senado y se horrorizaron cuando lo vieron escrito por Moralina Solá en su columna de La Nacion, etc etc etc.
Sls. Gonzalo Fossa.-

HAL dijo...

Evitemos los reduccionismos. Me opongo a los superpoderes y reivindico a Angelleli.

Jorge Y. de la G. dijo...

Comparto tu opinión, Gonzalo. Podría agregar la repugnancia que me causa oírlo a M. Macri hablando de este asunto.

Hal, creo que la cosa no pasa por condenar los superpoderes in abstracto sino que hay que ir más al fondo de la cuestión, como hace JPF. De otra manera se termina del lado de los cómplices de los asesinos de Angelelli.

Gracias a ambos por sus comentarios. Saludos.

HAL dijo...

No tengo por qué terminar al lado de alguien con quien no tengo nada en común. Eso es maniqueísmo.
Tampoco creo que se requiera demasiada justificación para algo que es obvio, con los superpoderes se la reconocen al Ejecutivo responsabilidades propias del Parlamento y etc., etc.

Jorge Y. de la G. dijo...

Hal, nada más lejos de mi intención que aplicar el maniqueísmo. Simplemente creo que los que nos consideramos "progresistas", "del campo popular" o lo que sea, tenemos que diferenciarnos y no aplicar la misma lógica que la derecha o los oportunistas que le hacen el juego. Un republicanismo vacío que ignore los problemas de fondo como la pobreza, la exclusión social, etc., etc., sólo contribuye a errar en el diagnóstico y a servir a intereses a los que la democracia les importa muy poco. Te recomiendo que te des una vuelta por El Criador de Gorilas, que tiene una visión liberal coherente y vas a ver que el tema no es tan lineal como lo pintan. Por ej.:

http://elcriadordegorilas.blogspot.com/2006/07/destruyendo-mitos-desafiando-al-rito.html

Gracias de nuevo. Saludos.

HAL dijo...

Sonó medio feo como lo escribí. Ya sé que no es tu intención, ni nada parecido.
En concreto, estoy convencido que la defensa de las formas republicanas es de absoluta funcionalidad en la pelea por una sociedad más igualitaria. Este tema tiene cero importancia en la cuestión electoral y no creo que la discusión erosione la base de sustentación de Kirchner. La pelea es por defender un sistema de representación más plural donde haya la mayor cantidad de actores en el debate por la distribución del ingreso. Cuando esto no sucede, la lucha por la distribución termina dándose en los márgenes de la democracia (o afuera). Y, por supuesto, también tiene que ver con la defensa de los derechos ciudadanos, siendo conciente que sólo una minoría disfruta de tales derechos pero con la voluntad de ampliar el rango de beneficiarios.

Jorge Y. de la G. dijo...

Hal, creo que estamos de acuerdo en los objetivos de fondo como la pelea por una sociedad más igualitaria y por la ampliación del rango de beneficiarios de los derechos ciudadanos, aunque tengamos distintos puntos de vista en temas como éste.
Te recomiendo que leas este texto de un colega bloguero, a mi entender brillante.

http://juanaazurduy.blogspot.com/2006/07/es-un-avin-un-ovni-no-son-los.html

Saludos

G.F. dijo...

Mi posición al respecto de los superpoderes ya es pública, sostengo que si es necesario se debe reformar la Constitucion para poder incluir in margen de algun porcentaje para reasignacion de partidas sin necesidad de convocar al pleno del congreso, les recuerdo que hay una trampa en el discurso de la oposicion, sostienen que" el oficialismo tiene mayoria y por lo tantopodría modificar las partidas sin mas tramite", eso no es cierto, el presupuesto es una ley y como tal, para la modificacion de la misma se necesitan 2/3 del TOTAL de los miembros, ¿quien tuvo 2/3 del total de los miembros? desde 1853 hasta hoy... NADIE. ¿Entonces?. Sls. Gonzalo Fossa.-

HAL dijo...

Gonzalo, para modificar una ley no hacen falta dos tercios del cuerpo (salvo en los casos donde la Constitución así lo estipula). Sólo hace falta otra ley correctiva que requiere la mayoría parlamentaria habitual. El presupuesto no es la excepción.
Lo más ridículo del caso es que el propio Kirchner enumera las obras y los actos de gobierno que pretende realizar gracias a los superpoderes. Obviamente, podría solicitar una adecuación de partidas ahora y llevar adelante aquellos planes sin mayor inconveniente.

Jorge Y. de la G. dijo...

Muchachos, al fin y al cabo no hay que dar por el pito más de lo que el pito vale...acá no hay muerte de la república ni nada que se le parezca, hay juegos de poder dentro de un sistema político de un nivel (todavía) bastante pobre. Obviamente no soy partidario del desprecio por las formas republicanas, pero me parece que hay muchos temas graves y urgentes por resolver sobre los que los "republicanos" no dicen una palabra. En haber señalado este hecho me parece que está el mayor acierto de la nota de JPF.

Saludos