Hace poco vi una propaganda de la Universidad de Belgrano con la frase: "Estudiá como en el mundo", dirigida sin duda a los habitantes de Ganímedes. Entonces pensé: la tilinguería vernácula no parece tener límites, la cantinela "estamos afuera del mundo" sirve hasta para el eslógan publicitario.
Después hice una autocrítica y me pregunté si mi mirada no sería demasiado chauvinista o localista. Decidí entonces echarle una mirada a lo que pasa en el mundo y siguiendo (de alguna manera) los pasos del flamante triunviro me di una vuelta por el Foro Económico Mundial de Davos, claro que a través de la cobertura del Financial Times (como hizo el colega y amigo Néstor).
En particular me interesó mucho un artículo de Gideon Rachman, "When globalisation goes into reverse", que viene a continuación, traducido en exclusiva para este blog (pidiendo desde ya las disculpas del caso, por los errores y por el afano al autor y al ilustrador).
Cuando se revierte la globalización
por Gideon Rachman
Hay festivales de rock y festivales de libros - y luego está el festival anual de la globalización, también conocido como el Foro Económico Mundial de Davos.
Durante la última década, el encuentro de Davos ha juntado a grandes empresarios, las altas finanzas y políticos de primera línea para promover y celebrar la integración de la economía global. Cualesquiera sean sus rivalidades de negocios o diferencias políticas, todos los delegados de Davos acordaron que el camino a la paz y la prosperidad se recorre a través de más comercio e inversión internacional - en resumen, globalización.
Pero este año el foro ha tenido que confrontar un nuevo fenómeno - desglobalización. El mundo que el Hombre de Davos creó se está deslizando a la inversa. El comercio y la inversión internacional está cayendo y se están alzando barreras proteccionistas. Las economías se están achicando y el desempleo está creciendo.
Los síntomas de la desglobalización están a todo nuestro alrededor. La semana pasada, se informó que el tráfico aéreo global de cargas en diciembre de 2008 disminuyó 22, 6 % comparado con diciembre de 2007. Abhisist Vejjajiva, primer ministro de Tailandia, le dijo al foro que la entrada de turistas en su país había caído alrededor de un 20 % interanual, en línea con la declinación general en los viajes internacionales (y desnudando los efectos del cierre temporario del aeropuerto de Bangkok). En los EEUU y en Europa, los gobiernos están luchando para rescatar no solamente a bancos sino también empresas de automóviles. Pero, como la Unión Europea ha reconocido por mucho tiempo, la "ayuda estatal" a los líderes industriales nacionales es una forma de proteccionismo.
Luego está el "mercantilismo financiero", el tema del Davos de este año. Esto es, la presión creciente sobre bancos e instituciones financieras para retirarse de los negocios internacionales y concentrarse en los mercados domésticos. Trevor Manuel, ministro de finanzas de Sudáfrica, capturó los temores de muchos cuando advirtió que su país y otros mercados emergentes estaban en peligro de ser aislados de los mercados internacionales de capital y de "desacople, descarrilamiento y abandono".
El proteccionismo financiero está manejado por la lógica del mercado y la presión política. Los bancos que han perdido confianza y capital en el colapso del crédito se están replegando a los mercados domésticos que conocen mejor. Y porque tantos bancos han sido rescatados por contribuyentes nacionales, ellos están también sufriendo presión política para prestar en su país antes que en el exterior.
En Davos, sin embargo, hubo pocas señales de que la crisis financiera global haya llevado a alguna reconsideración de las hipótesis que fundamentan la globalización. En verdad, se ha hecho una moda el avergonzar a los banqueros y hacer llamados por una mayor supervisión internacional del sistema financiero. Pero las virtudes de los principios de libre mercado y de integración económica internacional, permanecen mayormente sin desafíos.
De alguna manera, el Davos de este año enfatizó cuán universales son ahora estas ideas. Veinte años después del fin de la guerra fría, aún es levemente asombroso encontrar al primer ministro ruso advirtiendo contra una "creencia ciega" en el "poder omnímodo del Estado" y al premier chino haciendo saber que está releyendo a Adam Smith en una búsqueda de inspiración.
Pero mientras las ideas que hicieron de cimientos para la globalización siguen firmemente en su lugar, los hechos se están moviendo en la dirección opuesta. Los periódicos esparcidos por las salas de café de Davos hablaban no sólo de una caída en el comercio mundial sino también de huelgas en Francia, legislación "buy America" en los EEUU, inquietud social en Rusia y protestas contra extranjeros en Gran Bretaña. Las promesas hechas en Davos de "completar la ronda de Doha" de conversaciones sobre comercio mundial han sido repetidas y rotas tantas veces hasta ahora, que tienen la misma cualidad de ser creíbles que una resolución anual de ir a un gimnasio y perder seis kilos de peso.
En realidad, mientras los líderes políticos renovaban en Davos sus votos por la globalización, sus gobiernos estaban tomando en casa medidas a menudo contradictorias. Pocos ejemplifican esta contradicción mejor que Gordon Brown, el primer ministro de Gran Bretaña, cuya comprensión de la economía internacional y sus llamados apasionados por la cooperación internacional lo hicieron una de las estrellas del Davos de este año.
En el foro, Mr Brown advirtió gravemente contra la "desglobalización" y denunció al proteccionismo comercial y financiero. Pero los delegados en Davos se preguntaban en voz alta cómo era esto compatible con las presiones de su gobierno sobre los bancos rescatados para darle prioridad a los clientes domésticos. Mientras tanto, en su país, trabajadores quejosos hacían marchas, llevando carteles con las propias palabras de Mr Brown: "Empleos británicos para trabajadores británicos". No es que Mr Brown sea un hipócrita. Si sólo fuera tan simple como eso. Es más bien que él y otros líderes están siendo tironeados en dos direcciones. Intelectualmente, están convencidos de la necesidad de mantener los mercados abiertos y al comercio y la inversión fluyendo. Políticamente, están bajo presión de responderle a votantes que están enojados, asustados y pidiendo protección.
Los desarrollos recientes sugieren que los ciudadanos enojados tendrán prioridad sobre las ideas abstractas. El Hombre de Davos está perdiendo el control de los sucesos. La crisis financiera demostró que la globalización había creado un sistema económico más complejo y más peligroso de lo que los delegados reunidos en Davos hubieran imaginado nunca. La imposibilidad de los políticos y hombres de negocios internacionales de detener la tendencia hacia el proteccionismo parece ser la próxima etapa en la demolición del consenso de Davos.
Por el momento, las ideas no han acompañado la tendencia en el mundo real. En el festival de la globalización de este año, los delegados cantaron las viejas canciones sobre mercados abiertos e integración internacional. Pero ya no estaban pertrechados con mucha convicción. Afuera en el ancho mundo, más y más gente ya no está escuchando.
P.S.: transcribo un comentario enviado por Oti:
Los que estudiaron bien la historia saben que se trata de la misma cantinela de siempre: las reacciones casi reflejas de los países a la catástrofe (proteccionismo, regulaciones, intervención del estado, etc., etc.) se propagandizan como "causa" de la catástrofe.
Esto fue claro en los '30 y es claro ahora.
Generalmente, los representantes políticos de los imperios se lamentan de que la realidad no aguante la dominación imperial. Y cuando la realidad no aguanta te echan la culpa por no aguantar.
Pero lo que tenemos que tener claro nosotros es que, cuando hay crisis, los imperios maniobran para que los Estados Nacionales no reasuman los controles (fundamentalmente del crédito y la moneda) de las funciones que la dominación imperial hizo que dejaran.
La "inteligencia" imperial va a preferir siempre el caos y la guerra mundial a la posibilidad del resurgimiento de las soberanías nacionales y posibles acuerdos entre ellas.
Respuesta: agrego un párrafo sacado del artículo "The invisible hand of the American Empire" (2003), de Robert Wade (traducción libre):
"(...) El impulso actual para la libre movilidad del capital repite las fallas de los años '20. Entonces los gobiernos de EEUU y el Reino Unido concertaron sus exigencias de una nueva arquitectura financiera basada en presupuestos balanceados, bancos centrales independientes, restauración del patrón oro, y libre movimiento de capitales. (...) Las políticas ayudaron a alumbrar un espectacular "boom" financiero que terminó en un colapso económico. Sin embargo, a cuatro años de iniciada la Gran Depresión, la Conferencia Económica Mundial de 1933, liderada por los EEUU y el RU, siguió haciendo las mismas cuatro exigencias, con énfasis especial en bancos centrales independientes y abolición de controles de capitales.(....)"

