El brote de racismo, intolerancia y xenofobia que prendió en gran parte de la población porteña a partir de los sucesos de Villa Soldati le puso una mancha negra al final del año. A lo que hay que agregar la demostración de irresponsabilidad, desvergüenza, miserabilidad, etc., etc. del Jefe de Gobierno Mauricio Macri y sus laderos, incentivando y utilizando ese brote además del miedo para sus objetivos políticos (si todo fue una operación armada, cosa que hasta ahora no fue desmentida, parece haberle salido bastante bien).
Pero el racismo y demás lacras de nuestra sociedad no son un invento de Macri. Están relativamente ocultas en épocas de calma, y saltan a flor de piel ante un estímulo adecuado.
Ante este panorama, noté una pobreza abrumadora en las respuestas mayoritarias del "progresismo bienpensante" a la situación desencadenada en Villa Soldati y sus consecuencias, más allá del espanto por las expresiones xenófobas o la condena al accionar del gobierno PRO.
Parecía que en esta situación, las posturas más reaccionarias disfrutaban de una abrumadora "victoria cultural". Porque, ¿qué le puede decir un "progre" a alguien a quien le afloran las peores reacciones porque teme que los "oscuros" se le vayan a instalar en el fondo de su casa?
Se me ocurrió que las respuestas a esta encrucijada había que buscarlas por otro lado y que no tenía mucho sentido buscar soluciones puntuales si no estaba clara la concepción esencial con que se encara una problemática de este tipo. Y para eso recurrí al pensamiento de un líder latinoamericano muy ligado con Juan Domingo Perón: el general Omar Torrijos. De un libro editado por Eudeba en 1973 que recopiló varios de sus discursos, aquí va un fragmento:
"(...) Yo preguntaría, simplificando, la misión de este Gobierno en tres palabras: ¿Cuál es nuestra misión? ¿Cuál es nuestro objetivo? Es el mismo objetivo, la misma misión de ustedes, pero ya no en un ambiente dentro de un marco comunal, sino en un marco que tiene como frontera, como escenario, a todo un país. Y en eso estamos, señores, porque somos unos convencidos de que es imposible lograr una transformación presionando de arriba hacia abajo. Si ella no tiene su base de sustentación en el hogar, en el barrio de la comunidad, esa transformación no se puede garantizar. Y por eso estamos empeñados en los programas de infraestructura social, de Reforma Agraria, de desarrollo de la Comunidad, de descubrir líderes porque un proyecto es tan grande o tan efectivo como la calidad y la magnitud de los seres que lo dirigen.
Y cada vez que nosotros descubrimos un muchacho de esos desconocidos, cada vez que descubrimos un líder de la comunidad, cada vez que descubrimos un hombre que tenga condiciones naturales para conducir, es un capital que hemos adquirido. Es un hombre que, luego de ser sometido a un proceso, a un entrenamiento, es devuelto a esa comunidad para transformar su modo de pensar. Son increíbles los resultados que en esta materia se consiguen con la sola presencia de un hombre que, con buena voluntad, con los conocimientos necesarios que posee y con ese cariño que ponen ustedes en los proyectos y empresas que se les confían, se dedica al trabajo social.
(...) El Gobierno estuvo luchando por mucho tiempo en reubicar determinadas barriadas de emergencia, pero no se siguió la táctica correcta. Se quiso hacer a la fuerza y nadie convence a otro a la fuerza sobre lo que debe hacer, es imposible. Y finalmente llega el momento en que usted lo elimina, o él lo elimina a usted. Ahora estamos consiguiendo reubicar todas las poblaciones aledañas a la ciudad, o sea las llamadas barriadas de emergencia, sólo con la presencia de un líder comunal.(...)
Yo quisiera llevarlos al primer asentamiento que fundamos. Allí verían el cambio. Dice un antiguo refrán que "cariño le coge el reo a las rejas de la cárcel". El hombre se acostumbra a vivir en esas condiciones de miseria, casi infrahumana, que inclusive llega a tomar cariño a ese modo de existencia y mira con malos ojos a aquel que quiere cambiarle su sistema de vida. Y ustedes lo saben por experiencia propia. Muchas veces recibimos ingratitudes de las personas que, precisamente, están recibiendo el beneficio. Ellos no tienen la culpa. Su horizonte está encerrado entre las cuatro paredes de su rancho y allí él es feliz, en esa vida semianimal que lleva. Por eso miran al líder de Desarrollo Comunal como el hombre que viene a trastornar, a molestar un sistema de vida que para ellos significa todo; y significa todo, porque no conocen más. La Reforma Agraria es un bonito ejemplo de cómo sentirse seguro, y la presencia de un líder ha cambiado totalmente la mentalidad de ese hombre.
A nosotros, sin mayor ayuda económica, nos está resultando todo un éxito, que muchas veces adquiere características de milagro.
En estos días me decía un campesino de Hato de Jesús, de la provincia de Veraguas, que la Reforma Agraria abonaba la tierra. Le pregunté: "¿Por qué la abona?", y me dijo: "No sé, pero cuando uno se siente seguro, la tierra como que produce más y fíjese general, que hemos cosechado cincuenta mil manotadas de arroz". Manotadas es una medida que tiene el campesino, lo que vendría a ser como quinientos quintales que para ellos es una cifra desorbitante (...). Ahí está precisamente, lo que consiguió la presencia de un líder comunal. Yo soy un convencido de que si no es mediante este tipo de esfuerzos ningún país logra cambiar su estructura, ni romper sus moldes, y es más aún, ningún país podría jamás progresar."(...)
Gral. Omar Torrijos, La Batalla de Panamá, EUDEBA-Colección América Latina Libre y Unida, Buenos Aires, 1973, p. 21-26.
Desde ya, esto no pretende ser un panegírico de Torrijos sino recuperar su pensamiento y concepción de la promoción social. Más allá de las enormes diferencias entre la realidad argentina actual y la panameña de su época, Torrijos demuestra una actitud absolutamente peronista yendo al núcleo de los problemas sociales: la dignificación del hombre, desde abajo, desde su propia realidad. Sin dejar de lado los aspectos delictivos y la problemática de la marginación en general, incluyendo la lucha contra los que lucran con la miseria y las necesidades ajenas, no hay que olvidar dónde está la raíz del problema: en la dignidad de la persona. Y para eso no hacen falta elucubraciones teóricas progresistas demasiado profundas. Con el peronismo en su más profundo significado, alcanza y sobra.
P.S. 1: Vaya esto de paso como homenaje al pueblo panameño, a 21 años de un crimen impune contra América toda.
P.S. 2: ¡Felices Fiestas para todos los visitantes de este blog!




