martes, marzo 24, 2009

Mónica y los obreros de Acindar

La tragedia que vivió la sociedad argentina hace tres décadas no se inició el 24 de marzo de 1976, si bien esa fecha marca el inicio del terror institucionalizado. Entre los innumerables recordatorios que se podrían hacer en el día de hoy, elegí un fragmento del libro Iglesia y Dictadura (1986), de Emilio F. Mignone.


Mónica

El 14 de mayo de 1976, a las 5 de la mañana, un grupo de hombres fuertemente armados arrancó de nuestro hogar, ubicado en la avenida Santa Fe 2949, 3º A, en Buenos Aires, a mi hija Mónica, entonces de 24 años. Nunca más tuvimos noticias de ella. Mónica pasó a integrar la nómina de los millares de detenidos-desaparecidos.

Desde el primer momento mi señora y yo tuvimos la certeza de que se trataba de un procedimiento regular, ejecutado por personal de las fuerzas armadas. Las razones de esa conclusión están expuestas en las declaraciones que he prestado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la O.E.A., en la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas y en la causa contra los integrantes de las tres primeras juntas militares, tramitado ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal (1).

A partir de esa infausta madrugada de mayo, iniciamos desesperadas gestiones ante todo género de autoridades con el fin de obtener alguna noticia sobre Mónica. Lo mismo hicieron las familias de seis de sus amigos, que ese mismo día fueron privados de su libertad.

En el curso de los trámites nunca aceptamos las explicaciones que entonces se esgrimían, arguyendo que las desapariciones eran ajenas al gobierno de las fuerzas armadas. Desde el primer momento sostuvimos, privada y públicamente, la responsabilidad de éstas. Y pronto comprendimos que el método de hacer desaparecer a los disidentes políticos "en la noche y en la niebla", formaba parte de un sistema represivo fríamente concebido y ejecutado.

El grueso de la población estaba confundido y desconcertado. Sin embargo, los integrantes de los sectores informados de la sociedad argentina -militares, altos funcionarios, diplomáticos, dirigentes políticos, sociales, financieros, empresarios y sindicales, periodistas, obispos- tenían conocimiento cabal de lo que estaba ocurriendo. Y muchos de ellos lo justificaban, lo aplaudían y aún cooperaban con esa acción.

Recuerdo vívidamente un episodio de esa época. En los primeros días de abril de 1976 fui invitado a una recepción organizada por la representación del Banco Interamericano de Desarrollo, con motivo de la llegada de una misión financiera. Predominaban en el encuentro los funcionarios de la nueva administración, en su mayoría uniformados, a quienes no conocía. Al encontrar a un amigo, el economista Carlos Brignone, ya fallecido, me acerqué a él. Me presentó a su interlocutor. Era Walter Klein, padre del segundo hombre del Ministerio de Economía del mismo nombre. Estábamos cerca de la puerta. De pronto vimos entrar exultante al general Alcides López Aufranc, que acababa de ser nombrado presidente de la empresa siderúrgica Acindar, sucediendo a Martínez de Hoz. Se acercó al grupo y saludó. Klein lo felicitó por su designación diciendo: "Ahí se necesitaba un hombre enérgico como usted". López Aufranc sonrió complacido. Luego la conversación se orientó hacia los rumores de una posible huelga en el sector, señalando Klein que tenía noticias de la detención de 23 delegados de fábrica. El general, creyendo que yo también pertenecía a la banda adueñada del poder, contestó tranquilizándolo: "No se preocupe, Walter, -le dijo- todos están bajo tierra".


(1) El Diario del Juicio, Buenos Aires, 24 de setiembre de 1985, año 1, número 18, p. 389-394.

Emilio Fermín Mignone, Iglesia y Dictadura, Capítulo 1 - El Vicariato Castrense; Universidad Nacional de Quilmes - Página/12, 1999; p. 19-20.

lunes, marzo 23, 2009

Aprendiendo con Varsavsky

Alguna vez este blog fue acusado de emanar un "tufillo antiintelectual" o "medio fascistoide", y más recientemente de algunas cosas más. Y hace rato que no toco la temática de las relaciones entre ciencia, tecnología, Estado y sociedad, a la que en otras épocas me dediqué con asiduidad. Creo que este post del Grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Tecnología me da la oportunidad de volver sobre el asunto, y de paso homenajear a un intelectual brillante y ejemplar.

El Grupo de Gestión está realizando una campaña de Extensión Universitaria, destinada a interesar a las autoridades nacionales en proyectos generados en las Universidades, que pueden ser aplicados en beneficio de la sociedad. Por lo cual recomiendo leer las últimas entradas de su blog para interiorizarse del asunto.


Oscar Varsavsky, químico argentino (1920 - 1976)

Gran parte de su vida académica la desarrolló en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA. Explicitó su cuestionamiento a la actividad científica e intensificó la búsqueda de nuevas vinculaciones entre las ciencias. Profundizó estudios en Matemática y Física para luego hacerlo en Historia y Epistemología.

A fines de 1960 se relaciona más con las Ciencias Sociales y fue uno de los primeros y más destacados especialistas mundiales en la elaboración de modelos matemáticos aplicados a esas disciplinas.

Fue un crítico permanente del "cientificismo", corriente de pensamiento en Ciencia yTecnología (CyT) que definía como " la actitud del que por progresar en la carrera científica olvida sus deberes sociales hacía su país y hacia los que saben menos que él".

Estimuló la creatividad del científico y su espíritu nacional, fomentando los estudios que interesan a cada país, eliminando los trabajos individualistas con el único fin de satisfacer necesidades e intereses de una elite mundial.


Aprendiendo con Varsavsky

Se podrá coincidir o no con la visión que Oscar Varsavsky tenía sobre CyT, pero que las problemáticas que planteaba en la década del ´60 aún permanecen vigentes, no hay dudas.

Por ello, imaginamos una entrevista a Varsavsky en donde las "respuestas" corresponden, literalmente, a textos tomados de su libro "Ciencia, Política y Cientificismo"(1).

La "entrevista" no debe tomarse como una reflexión nostálgica sobre su figura, sino como un modesto reconocimiento a una persona que nos sigue mostrando, a 40 años de distancia, la extraordinaria profundidad de su pensamiento.

Ahí va:

- Dr Varsavsky, ¿cómo cree que se puede transferir el conocimiento a la sociedad?

- "Si alguna afirmación científica nos permite hacer la experiencia, es que conviene plantear el estudio de cada problema social y de otros de análoga complejidad en su marco de referencia local, buscando los factores importantes y las leyes adecuadas al caso particular, sin despreciar la experiencia universal, pero sin aceptarla a priori."

"Hacer eso en Argentina es hacer ciencia argentina. Y sus adelantos contribuirán a construir esa ciencia social universal, hoy tan endeble, más que el seguidismo a las ideas del hemisferio Norte".

- En ese marco, ¿qué importancia le adjudica a la autonomía tecnológica?

- "Para evitar confusiones, insistiré en que la autonomía tecnológica es independencia de criterio y actitud crítica, pero de ninguna manera rechazo indiscriminado de todo lo que provenga de otro país."

"Por mi parte creo que hay un método de trabajo que prácticamente obliga a hacer ciencia autónoma razonable. Es el estudio interdisciplinario de problemas grandes del país, incluyendo una adaptación a éste de la enseñanza superior..."

- ¿Pero no sería peligroso dedicarse a aplicar recetas para resolver problemas? De esa manera, ¿no podría quedar desguarnecida la investigación básica, entre otras?

- "Estas cuestiones parecen ser superficialmente de ciencia aplicada pero, como siempre, en cuanto se quieren tratar en serio conducen a la investigación teórica original."

"No se trata de hacer ciencia aplicada sino de no romper la cadena completa de la actividad científica: descripción, explicación, predicción y decisión."

"El académico desprecia el último eslabón, el empírico se queda sólo con él. Aquí se propone empezar por él, pues decidir implica haber definido los objetivos y por lo tanto da el verdadero planteo del problema y luego ir hacia atrás funcionalmente: Predecir no para tener la satisfacción de acertar, sino para poder decidir, o sea elegir entre varias posibilidades la que mejor logrará objetivos. Explicar no por el placer de construir teorías, sino para poder predecir. Describir no para llenar enciclopedias, sino en función de la teoría, usando las categorías necesarias para explicar".


Estas cosas las planteaba Varsavsky hace 40 años. Sus palabras: "no romper la cadena completa de la actividad científica", claramente indican que no se debe cortar el circuito del conocimiento. En otras palabras, todo conocimiento generado que tenga aplicación para resolver problemas, debe aplicarse.

Actualmente, esa cadena está cortada porque el conocimiento no le llega a la Sociedad, o le llega muy poco, constituyendo la máxima debilidad de nuestro sistema CyT.

Porque no utilizar nuestra propia potencialidad para resolver la demanda social existente es una de las principales causas de la escasa expansión del sector CyT y probablemente de la exigua inversión, problemas estructurales de los que mucho se habla pero que no se discuten.

Más aún, una inversión escasa en CyT hasta puede tener una lógica vista desde el poder político. En efecto, un político bien intencionado podría preguntarse, o preguntarnos: ¿para qué invertir en un sector que tiene capacidades para resolver demandas sociales pero no las utiliza? (medicamentos, vacunas, viviendas económicas, saneamiento de aguas, mal de Chagas, entre otros).

¿Qué respuesta podríamos dar? ¿Tenemos respuesta?

En ese contexto no es descabellado plantearse que la baja inversión en CyT es la consecuencia que se deriva de la escasa utilización social del conocimiento.

Esta pobre inserción en la comunidad puede deberse a que los problemas que puede resolver el sector CyT no son apoyados desde el poder político, o que aquellos que fueron resueltos no son puestos en práctica. O peor aún, necesidades que estaban resueltas y luego esas tareas fueron concesionadas y/o los laboratorios desmantelados. Además, se puede deber al escaso compromiso social, o a intereses diferentes, de una parte de la comunidad CyT.

Por eso todavía, como decían los sociólogos Pablo Kreimer y Hernán Thomas (2), las viejas preguntas no tienen respuesta:

¿Cuál es la utilidad social de la investigación científica y tecnológica?
¿Por qué no se aplican los conocimientos localmente generados?


Por eso, si Ud. quiere ayudar a cambiar un poco las cosas, ADHIERA a la Extensión Universitaria para ver si algo se modifica.

Además, sería un merecido homenaje a Varsavsky, y muchos otros.


(1) "Ciencia, Política y Cientificismo", por Oscar Varsavsky, Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, noviembre de 1969. Las "respuestas" corresponden a fragmentos tomados del capítulo IV: Autonomía Tecnológica.

(2) "Producción y Uso Social de Conocimientos. Estudios de sociología de la ciencia y la tecnología en América Latina", de P. Kreimer, H. Thomas y otros (Universidad Nacional de Quilmes, 2004).

miércoles, marzo 18, 2009

Hello Abe

Allá por los '60, el "Barba" Manuel J. Castilla y Gustavo "Cuchi" Leguizamón escribieron esta maravilla, cuya letra se refiere a la leyenda salteña del Duende, un ser mítico con la característica de tener una mano de hierro y la otra de lana.

Dejando volar la imaginación, uno podría asimilar dicho duende con la política imperial de los Estados Unidos. En lo ideológico, la "mano de hierro" estaría representada por el difunto Samuel P. Huntington o por Robert Kagan, y la "mano de lana" por alguien como Abraham F. "Abe" Lowenthal, un experto en América Latina y el Caribe.

Esta nota que le dedicó a "Abe" Santiago O'Donnell, de tono casi afectuoso, me recordó algo que había leído sobre este personaje en el libro de Gustavo Cangiano "El pensamiento vivo de Jauretche", un valioso aporte para leer a Don Arturo en el siglo XXI (se puede descargar de acá). Su capítulo 7, "Los caminantes de la colonización pedagógica", se inicia así:

"La transformación de los intelectuales contestatarios de los sesenta en apologistas profesionales de la sociedad capitalista es un fenómeno que ya había sido previsto por los expertos norteamericanos ligados al Partido Demócrata. Tras festejar "el fracaso de las experiencias socialistas o casi socialistas y de los regímenes militares populistas", el politólogo Abraham Lowenthal sostenía hace una década que "las oportunidades de América latina de encarar con éxito su agenda social pueden depender mucho de la izquierda; existe un espacio político en muchos países de América latina para un movimiento social democrático que acepte las reglas democráticas y los principales principios de una doctrina económica moderna, pero que plantee los temas de igualdad que han sido muy descuidados hasta ahora" (1).

Esta inesperada confianza del establishment norteamericano en la izquierda latinoamericana abrió a los ex jóvenes radicalizados las posibilidades de realización personal y ascenso social que le estaban vedadas a las mayorías populares. Al tiempo que llovían becas, cátedras, asesorías, promoción publicitaria y otras canonjías, los intelectuales izquierdistas aprendieron buenos modales. Comiendo de la mesa abundantemente servida de quien hasta ayer era el "enemigo burgués", descubrieron el "valor universal de la democracia", abjuraron de los métodos violentos de lucha política, desconfiaron de la capacidad revolucionaria de la clase obrera y acallaron las "profecías milenaristas" de Carlos Marx con la dulce melodía de lord Keynes. Llamaron a su apostasía aggiornamiento y se declararon a salvo de todas las utopías. Beatriz Sarlo calificó de "psicótico" a su maoísmo juvenil, mientras que el profesor Atilio Borón intentó renovar el socialismo sintetizando las abstrusas teorías de Harvard con las reivindicaciones de los homosexuales. La reconversión de la intelectualidad izquierdista latinoamericana es a la de los países metropolitanos lo que las novelas de Isabel Allende son a las de Gabriel García Márquez: un remedo burdo, una versión degradada y de segunda mano."

Tras referirse al "nuevo credo" de intelectuales como Ludolfo Paramio (nombrado Ludovico, supongo que por error) y Jorge Castañeda, el autor remata:

"(...) El círculo se cerraba: Lowenthal convocaba a la izquierda y la izquierda aceptaba la convocatoria.

¿Habría que sorprenderse de este enternecedor idilio entre los aggiornados intelectuales de izquierda latinoamericanos y las clases dominantes? En una sociedad que diferencia claramente a los privilegiados del pobrerío, no resulta difícil saber de qué lado se sitúan los profesores de filosofía, los críticos literarios o los científicos sociales. Arturo Jauretche se extendió ampliamente sobre esta convergencia entre la derecha y la izquierda. Esta última −decía− "es el ala izquierda de la oligarquía. Ella tiene por misión distraer la opinión del pueblo, sacarlo de sus verdaderos objetivos (...). Por eso el imperialismo y la oligarquía les da prensa, cine, radio, televisión, cartelera, cartel. Su función es taponar las vías del pueblo para que no aparezcan verdaderos caudillos y conductores. Su función es hacer méritos, que el aparato de la publicidad realza para que se prestigien en las masas. Son la argolla en la nariz del toro" (2).

No se equivoca Lowenthal. Curada del sarampión juvenil contraído en los tiempos del Mayo Francés, la izquierda aggiornada está en condiciones de administrar el estado. Al acatar las "reglas democráticas" y la "doctrina económica moderna" está aceptando, en definitiva, el capitalismo en su conjunto y cumpliendo con la tarea que Jauretche denunció. Sobre esta base, cualquier recambio gubernamental en los países latinoamericanos significará, si es que no irrumpe en la escena política el pobrerío, el triunfo de esta izquierda: los "Lowenthal boys", que son los herederos desdentados de la nueva izquierda carnívora de los sesenta."

(1) Página/12, 7/2/93.
(2) Arturo Jauretche, Prosa de hacha y tiza, Ed. Coyoacán, Buenos Aires, 1961, p. 50.


No es un texto escrito para ganar amigos, evidentemente. Pero sirve para identificar a "Abe" como un "mecenas del progresismo blanco", o algo por el estilo.

Y además, conviene no olvidar la leyenda del Duende:


"(...) Tiene una mano de hierro y otra de lana, cuando se acerca a alguien le pregunta si con cuál mano desea ser golpeado. Algunos dicen que, sin importar la elección, el duende golpeará siempre con la de hierro. Otros, en cambio, aseguran que los desprevenidos eligen la de lana y que es ésta la que en realidad más duele."

miércoles, marzo 11, 2009

Todos sabían




Fascinado por la conexión anglosajona del pensamiento Nac&Pop, después de este post seguí buscando trabajos de Robert Wade y me encontré con un artículo de octubre pasado sobre la crisis financiera mundial, publicado en el New Left Review. Afortunadamente está traducido al castellano, y de ahí extraje este párrafo:

"Cuando el Bank for International Settlements (BIS) [Banco de Pagos Internacionales] de Basilea afirmó en su Informe Anual de 2007 que «años de política monetaria laxa habían animado una gigantesca burbuja crediticia, que nos hacía vulnerables a una recesión similar a la de la década de 1930», su diagnóstico fue ampliamente ignorado por empresas y reguladores, a pesar de la reputación de prudencia atesorada por esta institución. Incluso en mayo de 2008, algunos comentaristas estaban todavía sosteniendo que la crisis era una minucia, análoga a una tensión muscular en un atleta de elite que puede curarse con un poco de reposo y fisioterapia, estado opuesto a un ataque de corazón sufrido por un fumador de tres paquetes diarios cuya cura exige cirugía y cambios sustanciales en su estilo de vida."

Y otra búsqueda me llevó a releer una edición del suplemento Cash de Página 12 donde se reseñaba una exposición ante especialistas del entonces director del Banco Central, Arturo O'Connell. La nota principal empieza así:

"La globalización entró en reposo: se abrió en ella una pausa, mientras el crecimiento mundial se desacelera notablemente. Si hasta 1973 el mundo crecía a un ritmo promedio del 5% anual, en los ‘90 se expandió sólo al 2,6%, y desde entonces menos aún. El comercio internacional se redujo o estancó, y los flujos netos de capital hacia los países subdesarrollados se desplomaron. La desocupación se dispara: en Estados Unidos, ese ‘gigante con pies de barro’ y ‘Hegemón malevolente’, ya es la mayor de los últimos 40 años."

Tras referirse a los déficit fiscal y de cuenta corriente de EE.UU., O'Connell menciona el efecto deflacionario de la irrupción de China e India en el mercado mundial, y a continuación esta frase:

"A esto se suma el reventón de las burbujas especulativas, y ahora mismo el de la inmobiliaria en EE.UU."

Y sobre Europa:

"Antes, del otro lado del Atlántico estaba el tío rico, con lo cual Europa podía darse el lujo de tener una política fiscal y monetaria muy restrictiva, ya que colocaba exportaciones en EE.UU. y también en otros mercados. Ahora, de pronto, el tío rico se desinfla, ¿y qué harán ante esto los europeos? Los derechistas dicen que deben desregular, pero Paul Krugman les responde que, en todo caso, lo que hace la desregulación es aumentar la oferta, y lo que está faltando es demanda. Así que peor.

Giulio Tremonti, el ministro italiano de Economía y Finanzas, además de emprenderla contra la “invasión” de productos chinos, pide un gran plan de obras públicas. Y no sorprende a O’Connell que sea un miembro del gobierno de Berlusconi quien diga esto, porque es más fácil que sea la derecha la que se muestre capaz de romper el consenso político que acordó una política económica sumamente conservadora. Por eso tampoco le resultó extraño que Chirac, que viene de la derecha, le dijera a Kirchner que si había que elegir entre estabilidad y crecimiento, él elegía crecer. “Esperemos que este proceso no produzca otro Adolf”, remató el expositor."

Falta aclarar que la nota y las subnotas vinculadas están firmadas por el recordado Julio Nudler, y que pertenecen a la edición de Cash del 10 de agosto de 2003.

Luego de todo esto, no costó mucho asociarlo con la canción que abre el post.


Todos saben que los dados están cargados
Todos los tiran con los dedos cruzados
Todos saben que la guerra terminó
Todos saben que los buenos perdieron
Todos saben que la pelea estaba arreglada
Los pobres siguen pobres, los ricos se enriquecen
Así son las cosas
Todos lo saben.

Todos saben que el barco hace agua
Todos saben que el capitán mintió
Todos tienen un sentimiento roto
Como de que su padre o su perro han muerto
Todos le hablan a sus bolsillos
Todos quieren una caja de chocolates
Y una rosa de tallo largo
Todos lo saben.(...)


"Everybody knows", letra y música de Leonard Cohen (1988).

jueves, febrero 26, 2009

Más del francés

El libro de Jacques Sapir sobre el que trató este post me sigue sirviendo como fuente de inspiración (y de afanos). Creo que en los momentos que estamos viviendo, vale la pena ocuparse de una de las grandes trampas de la antipolítica: la preocupación moral. El fragmento de Sapir que transcribo acá se ocupa de Francia pero, sin mayor esfuerzo, puede trasladarse a la Argentina anterior a diciembre de 2001. Los que quieran volver a ese país, harán bien en decirlo abiertamente.

Tras referirse a las políticas neoliberales llevadas a cabo en Rusia y sus aspectos colaterales de mafia, corrupción, colusión entre intereses públicos y privados, etc., etc., que llevaron al colapso de agosto de 1998, Sapir escribe:


II- La compasión o la economía política del eunuco

Aparentad al menos la virtud, si carecéis de ella.
William Shakespeare - Hamlet, acto III, escena IV.


Las secuelas de la política económica que acabamos de examinar no se reducen a Rusia. Tienen sus raíces en una visión del mundo según la cual nuestras opciones están irremediablemente limitadas tanto por el imperativo técnico como por el ético. En consecuencia, no nos queda más horizonte que el del sometimiento a unas leyes inmutables cuya dureza sólo se verá atenuada por la compasión. Así, esta última se convertirá en compañera forzosa de la naturalización de la economía. Si las crisis sucesivas, los despidos que se abaten sobre las empresas incluso cuando éstas son rentables, tienen el mismo alcance devastador que una inundación o un sismo, entonces para afrontarlos es necesario situarse, no en el terreno de la acción política, sino en el de la acción humanitaria. Y si, como algunos han llegado a afirmar, las crisis y los despidos son necesarios para que la economía gane en eficacia, entonces sólo cabe vertir una lágrima por esas existencias malogradas al tiempo que se saluda el inexorable avance hacia el Progreso. La renuncia a la acción política, a la voluntad de transformar las estructuras de la economía y de la sociedad, conduce a la muerte de la política. Para sobrevivir en ese contexto, los políticos han de convertirse en mediadores entre el sufrimiento de unos y la compasión de otros. Ésta es la razón de que los programas desaparezcan poco a poco del debate político mientras cobra protagonismo el carisma del candidato, su personalidad y sus buenos sentimientos.

Los propios políticos, al rehusar asumir sus responsabilidades, han consentido esa desaparición de la política. Han corrido a esconderse debajo de las faldas de los economistas, se han refugiado detrás del discurso del experto economista para justificar algo que no era sino una decisión política. Algunos economistas han contribuido a ello cuando han teorizado, en nombre de una mayor eficacia de los mecanismos llamados espontáneos [Nota: "de mercado"], el abandono por parte del poder político de sus instrumentos económicos.(...)

Los economistas que comulgan con esta visión pueden después lamentar, en nombre de la compasión, lo que antes han contribuido a crear, sin correr el riesgo de que se les acuse abiertamente de incoherencia. No es en absoluto una coincidencia el hecho de que se desarrollara en Francia la idea de una "generación moral" en el mismo momento en que se había interiorizado por completo la conversión de la izquierda francesa a la economía liberal. El repliegue hacia el moralismo no es sino la otra cara del liberalismo. (...)

La política no tiene que esconderse detrás del discurso del experto, sobre todo cuando este último se cuestiona. La automutilación en materia de política económica, el abandono del instrumento de la política monetaria en manos de un Banco Central independiente - e irresponsable - y la limitación de la política presupuestaria en el marco de un sedicente pacto de estabilidad, no dejan más salida que la de la compasión. Nikolai Bujarin, en sus análisis de los marginalistas austríacos, se había referido a la economía política del rentista. Hoy, lo que tenemos ante nosotros es la economía política del eunuco.(...)


Jacques Sapir, "Economistas contra la democracia", Ediciones B, Buenos Aires, 2004; Cap. 1, p. 57 a 59 y p. 69.


P.S.: desde acá, va mi solidaridad con la indignación de Gerardo y de Néstor.

sábado, febrero 21, 2009

No estamos solos

Sigo buscando inspiración en costas lejanas y dedicado a temas quizá algo alejados de la coyuntura local. Lo que no me augura demasiada popularidad, en un año que empezó caliente y promete serlo todavía más. Pero de vez en cuando uno encuentra cosas que lo gratifican y le sugieren que a lo mejor uno no anda demasiado errado en el devenir de sus pensamientos.

Gracias al libro de Jacques Sapir que cité aquí (y a algún colega bloguero) descubrí el libro "Governing the market: Economic Theory and the role of government in east Asian industrialization" ("Gobernando al mercado: teoría económica y el rol del gobierno en la industrialización en el este asiático"), de Robert Wade. Una obra de nivel académico que sin duda debe ser objeto de consulta obligada para cualquiera que se dedique a pensar alternativas de desarrollo, sobre todo en estos momentos de hundimiento de los dogmas neoliberales.

En particular me dediqué a leer la Introducción a la edición de 2003, un texto esclarecedor y de notable actualidad. Seguramente la citaré en otras oportunidades, pero ahora quiero traer un par de párrafos que parecen escritos especialmente para nosotros, los argentinos.

(...) Necesitamos reintroducir una distinción que ha desaparecido del diccionario del desarrollo. La palabra "integración" se una actualmente para referirse solamente a integración dentro de la economía mundial, y lleva consigo la implicación de que más integración es siempre mejor. Deberíamos distinguir entre "integración externa" e "integración interna" (o articulación), y reconocer que el desarrollo de una economía nacional tiene más que ver con la integración interna que con la integración externa.

Una economía con alta integración interna tiene una bien completada matriz insumo-producto -una densa red de vínculos entre sectores (un alto nivel de articulación sectorial entre, p.ej., sectores rurales y urbanos, y bienes de consumo y bienes intermedios), y una estructura de demanda tal que una alta proporción de la producción doméstica es vendida a asalariados del país (un alto nivel de articulación "social" entre salarios, consumo y producción). La demanda de exportación no es la fuente principal de crecimiento económico. Coaliciones políticas fuertes entre capitalistas y asalariados se hacen posibles en este tipo de economía, porque los capitalistas, los trabajadores y el gobierno reconocen un interés común en los salarios como una fuente de ventas y de desarrollo económico, no sólo como un costo de producción.

Una economía con baja integración interna tiene una débil matriz insumo-producto, con baja articulación sectorial y social. Aquí los salarios son vistos simplemente como un costo, no como también una fuente de demanda. Estando el consumo doméstico sólo débilmente conectado a la producción nacional, las exportaciones son el principal estímulo para el crecimiento económico; pero los sectores que producen para mercados extranjeros permanecen como enclaves. Una economía con baja integración interna no provee una base para alianzas de clases y regímenes democráticos.(...)


Una síntesis perfecta del pensamiento económico nacional y popular, sin duda, en las palabras de un neocelandés, ex funcionario del Banco Mundial y profesor universitario en Inglaterra.

Para terminar, y dado cómo van las cosas en el mundo al día de hoy, no puede faltar este otro parrafito del mismo texto dedicado a la vigencia del "pensamiento único":

Los intereses involucrados son tan fuertes, la legitimación del paradigma "globalización plus" [Consenso de Washington] es tan bien defendida en los centros del poder, que sólo la crisis económica probablemente haga cambiar el pensamiento. ¿Cuántos colapsos más como los de los '90 y los tempranos 2000 soportará el mundo antes que lleguemos a la conclusión de que el proyecto de construir un único mercado mundial integrado con estándares universales -la culminación del ideal del Iluminismo europeo- es una equivocación? Muchas, con gran probabilidad, siempre que las poblaciones de los Estados del G7 no sean afectadas seriamente.

Robert Wade - Londres, mayo de 2003.

lunes, febrero 16, 2009

Una ventana al mundo


Hace poco vi una propaganda de la Universidad de Belgrano con la frase: "Estudiá como en el mundo", dirigida sin duda a los habitantes de Ganímedes. Entonces pensé: la tilinguería vernácula no parece tener límites, la cantinela "estamos afuera del mundo" sirve hasta para el eslógan publicitario.

Después hice una autocrítica y me pregunté si mi mirada no sería demasiado chauvinista o localista. Decidí entonces echarle una mirada a lo que pasa en el mundo y siguiendo (de alguna manera) los pasos del flamante triunviro me di una vuelta por el Foro Económico Mundial de Davos, claro que a través de la cobertura del Financial Times (como hizo el colega y amigo Néstor).

En particular me interesó mucho un artículo de Gideon Rachman, "When globalisation goes into reverse", que viene a continuación, traducido en exclusiva para este blog (pidiendo desde ya las disculpas del caso, por los errores y por el afano al autor y al ilustrador).


Cuando se revierte la globalización
por Gideon Rachman


Hay festivales de rock y festivales de libros - y luego está el festival anual de la globalización, también conocido como el Foro Económico Mundial de Davos.

Durante la última década, el encuentro de Davos ha juntado a grandes empresarios, las altas finanzas y políticos de primera línea para promover y celebrar la integración de la economía global. Cualesquiera sean sus rivalidades de negocios o diferencias políticas, todos los delegados de Davos acordaron que el camino a la paz y la prosperidad se recorre a través de más comercio e inversión internacional - en resumen, globalización.

Pero este año el foro ha tenido que confrontar un nuevo fenómeno - desglobalización. El mundo que el Hombre de Davos creó se está deslizando a la inversa. El comercio y la inversión internacional está cayendo y se están alzando barreras proteccionistas. Las economías se están achicando y el desempleo está creciendo.

Los síntomas de la desglobalización están a todo nuestro alrededor. La semana pasada, se informó que el tráfico aéreo global de cargas en diciembre de 2008 disminuyó 22, 6 % comparado con diciembre de 2007. Abhisist Vejjajiva, primer ministro de Tailandia, le dijo al foro que la entrada de turistas en su país había caído alrededor de un 20 % interanual, en línea con la declinación general en los viajes internacionales (y desnudando los efectos del cierre temporario del aeropuerto de Bangkok). En los EEUU y en Europa, los gobiernos están luchando para rescatar no solamente a bancos sino también empresas de automóviles. Pero, como la Unión Europea ha reconocido por mucho tiempo, la "ayuda estatal" a los líderes industriales nacionales es una forma de proteccionismo.

Luego está el "mercantilismo financiero", el tema del Davos de este año. Esto es, la presión creciente sobre bancos e instituciones financieras para retirarse de los negocios internacionales y concentrarse en los mercados domésticos. Trevor Manuel, ministro de finanzas de Sudáfrica, capturó los temores de muchos cuando advirtió que su país y otros mercados emergentes estaban en peligro de ser aislados de los mercados internacionales de capital y de "desacople, descarrilamiento y abandono".

El proteccionismo financiero está manejado por la lógica del mercado y la presión política. Los bancos que han perdido confianza y capital en el colapso del crédito se están replegando a los mercados domésticos que conocen mejor. Y porque tantos bancos han sido rescatados por contribuyentes nacionales, ellos están también sufriendo presión política para prestar en su país antes que en el exterior.

En Davos, sin embargo, hubo pocas señales de que la crisis financiera global haya llevado a alguna reconsideración de las hipótesis que fundamentan la globalización. En verdad, se ha hecho una moda el avergonzar a los banqueros y hacer llamados por una mayor supervisión internacional del sistema financiero. Pero las virtudes de los principios de libre mercado y de integración económica internacional, permanecen mayormente sin desafíos.

De alguna manera, el Davos de este año enfatizó cuán universales son ahora estas ideas. Veinte años después del fin de la guerra fría, aún es levemente asombroso encontrar al primer ministro ruso advirtiendo contra una "creencia ciega" en el "poder omnímodo del Estado" y al premier chino haciendo saber que está releyendo a Adam Smith en una búsqueda de inspiración.

Pero mientras las ideas que hicieron de cimientos para la globalización siguen firmemente en su lugar, los hechos se están moviendo en la dirección opuesta. Los periódicos esparcidos por las salas de café de Davos hablaban no sólo de una caída en el comercio mundial sino también de huelgas en Francia, legislación "buy America" en los EEUU, inquietud social en Rusia y protestas contra extranjeros en Gran Bretaña. Las promesas hechas en Davos de "completar la ronda de Doha" de conversaciones sobre comercio mundial han sido repetidas y rotas tantas veces hasta ahora, que tienen la misma cualidad de ser creíbles que una resolución anual de ir a un gimnasio y perder seis kilos de peso.

En realidad, mientras los líderes políticos renovaban en Davos sus votos por la globalización, sus gobiernos estaban tomando en casa medidas a menudo contradictorias. Pocos ejemplifican esta contradicción mejor que Gordon Brown, el primer ministro de Gran Bretaña, cuya comprensión de la economía internacional y sus llamados apasionados por la cooperación internacional lo hicieron una de las estrellas del Davos de este año.

En el foro, Mr Brown advirtió gravemente contra la "desglobalización" y denunció al proteccionismo comercial y financiero. Pero los delegados en Davos se preguntaban en voz alta cómo era esto compatible con las presiones de su gobierno sobre los bancos rescatados para darle prioridad a los clientes domésticos. Mientras tanto, en su país, trabajadores quejosos hacían marchas, llevando carteles con las propias palabras de Mr Brown: "Empleos británicos para trabajadores británicos". No es que Mr Brown sea un hipócrita. Si sólo fuera tan simple como eso. Es más bien que él y otros líderes están siendo tironeados en dos direcciones. Intelectualmente, están convencidos de la necesidad de mantener los mercados abiertos y al comercio y la inversión fluyendo. Políticamente, están bajo presión de responderle a votantes que están enojados, asustados y pidiendo protección.

Los desarrollos recientes sugieren que los ciudadanos enojados tendrán prioridad sobre las ideas abstractas. El Hombre de Davos está perdiendo el control de los sucesos. La crisis financiera demostró que la globalización había creado un sistema económico más complejo y más peligroso de lo que los delegados reunidos en Davos hubieran imaginado nunca. La imposibilidad de los políticos y hombres de negocios internacionales de detener la tendencia hacia el proteccionismo parece ser la próxima etapa en la demolición del consenso de Davos.

Por el momento, las ideas no han acompañado la tendencia en el mundo real. En el festival de la globalización de este año, los delegados cantaron las viejas canciones sobre mercados abiertos e integración internacional. Pero ya no estaban pertrechados con mucha convicción. Afuera en el ancho mundo, más y más gente ya no está escuchando.


P.S.: transcribo un comentario enviado por Oti:

Los que estudiaron bien la historia saben que se trata de la misma cantinela de siempre: las reacciones casi reflejas de los países a la catástrofe (proteccionismo, regulaciones, intervención del estado, etc., etc.) se propagandizan como "causa" de la catástrofe.

Esto fue claro en los '30 y es claro ahora.

Generalmente, los representantes políticos de los imperios se lamentan de que la realidad no aguante la dominación imperial. Y cuando la realidad no aguanta te echan la culpa por no aguantar.

Pero lo que tenemos que tener claro nosotros es que, cuando hay crisis, los imperios maniobran para que los Estados Nacionales no reasuman los controles (fundamentalmente del crédito y la moneda) de las funciones que la dominación imperial hizo que dejaran.

La "inteligencia" imperial va a preferir siempre el caos y la guerra mundial a la posibilidad del resurgimiento de las soberanías nacionales y posibles acuerdos entre ellas.

Respuesta: agrego un párrafo sacado del artículo "The invisible hand of the American Empire" (2003), de Robert Wade (traducción libre):

"(...) El impulso actual para la libre movilidad del capital repite las fallas de los años '20. Entonces los gobiernos de EEUU y el Reino Unido concertaron sus exigencias de una nueva arquitectura financiera basada en presupuestos balanceados, bancos centrales independientes, restauración del patrón oro, y libre movimiento de capitales. (...) Las políticas ayudaron a alumbrar un espectacular "boom" financiero que terminó en un colapso económico. Sin embargo, a cuatro años de iniciada la Gran Depresión, la Conferencia Económica Mundial de 1933, liderada por los EEUU y el RU, siguió haciendo las mismas cuatro exigencias, con énfasis especial en bancos centrales independientes y abolición de controles de capitales.(....)"

lunes, febrero 09, 2009

Contra los jinetes del Apocalipsis

Ya decidido a ponerme a laburar como me marcó Charlie, me encontré con algo que me llamó la atención en una mesa de saldos de librería. Se trataba del libro Economistas contra la democracia - Los intereses inconfesables de los falsos expertos de la economía, del académico francés Jacques Sapir (aquí, muy bien reseñado por José Natanson).

Convencido de que nunca será suficiente todo lo que se diga contra la plaga de referencia, aquí transcribo el prólogo del libro de Sapir. Aclarando que fue escrito en 2002, y que donde dice "Consejo Monetario" debe leerse sin duda "Ley de Convertibilidad" (o "Caja de Conversión").


Prólogo - Todo va bien, señora baronesa...

Diciembre de 2001: En Argentina, las revueltas del hambre acabaron por forzar la dimisión del presidente de la República, Fernando de la Rúa, y del ministro de Economía, Domingo Cavallo. El país se hallaba al borde del abismo, estrangulado por una deuda externa de 137.000 millones de dólares y sin otra esperanza que el impago generalizado de sus obligaciones, tanto internas como externas. Diciembre de 2001: Para Rusia concluía el tercer año consecutivo de fuerte crecimiento económico desde su crisis económica de 1998; entonces, un buen número de personas sensatas habían considerado que la situación del país no mejoraría.

¿Tienen, pues, algo en común ambos países? Casi nada, una nimiedad: tan sólo la incompetencia de ciertos economistas.

Argentina sucumbió por culpa de una institución económica concreta, el Consejo Monetario, o Currency Board, que hace algunos años fascinó a numerosos economistas. Esta institución impone una paridad fija entre la moneda nacional - el peso, en este caso- y una moneda de referencia - el dólar-, y determina el volumen de la acuñación de moneda a partir del stock de divisas existente. Es un corsé de hierro que no permite la menor iniciativa, el grado cero de la política monetaria.

Esta institución sólo tiene una ventaja: permite combatir las hiperinflaciones. Hjalmar Schacht, ministro alemán de Economía, a principios de la década de 1920 utilizó un mecanismo similar para acabar con la hiperinflación de la Alemania de Weimar. Pero, salvo en esa situación, el Consejo Monetario es la peor solución posible. Lo sabía muy bien el propio Schacht, que pasados dieciocho meses se desvinculó de este recurso.

Domingo Cavallo y los dirigentes argentinos, en cambio, se aferraron a él durante diez años, con el beneplácito de todas las organizaciones financieras internacionales, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a la cabeza. Incluso a principios de diciembre de 2001, el editorial de un gran periódico francés seguía loando esa política, y atribuía la crisis que vivía la Argentina a las devaluaciones de los países vecinos. Ello significa olvidar que el Consejo Monetario, por su misma naturaleza, impide toda flexibilidad frente a los envites externos. ¿Y qué país puede pretender que su política económica nunca tendrá que enfrentarse a un golpe exterior? En otros periódicos pudo leerse que la crisis se debía a la ausencia de reformas. Una ironía siniestra, sin duda, pues siguiendo los consejos, nada prudentes por otra parte, de los economistas liberales, los argentinos lo privatizaron todo, y más. Incluso vendieron las carreteras a propietarios privados que las gravaron con derechos de peaje.

Todos los que inculcaron en los argentinos la fe en esa política suicida; todos los que, por comodidad, conformismo o interés personal guardaron silencio en lugar de dar la voz de alarma; todos esos señores que gritan "más, no es suficiente" ante el desastre actual, tienen hoy la responsabilidad del drama que está viviendo el país. Son los últimos que pueden exigir una nueva política de austeridad.

En su día -¿quién se acuerda hoy?- se propuso a Rusia (1) la misma política suicida. Durante su crisis económica de 1998, fueron muchos los que, tanto en Estados Unidos (2) como en Francia (3), pusieron como ejemplo Argentina y el Consejo Monetario. Algunos liberales rusos llegaron a invitar a Domingo Cavallo a Moscú, en agosto de 1998. Por fortuna, no se lo tomó en consideración. Nunca se agradecerá lo suficiente a los señores Primákov, Masliúkov y Gueráshenko, respectivamente primer ministro, ministro de Economía y gobernador del Banco Central, que no se dejaran seducir por aquellos cantos de sirena.

Hoy, esos apóstoles del Consejo Monetario guardan silencio. ¡Qué fácil era poner Argentina como ejemplo en otoño de 1998! Su actitud merecería en la actualidad alguna explicación y, por qué no, una autocrítica. También resultaría interesante saber qué comparación con la situación de la Argentina merece, después de tres años de crecimiento, el entonces llamado "magma postsoviético".

Que nadie espere, sin embargo, nada parecido. Cuando las emociones se hayan calmado, cuando se olviden las terrible imágenes de padres con sus hijos en brazos desafiando a la policía para hacerse con unos pocos alimentos en una tienda desvalijada, los mismos economistas volverán a perorar con idéntica suficiencia.

La comparación entre el destino de Argentina y el de Rusia es la metáfora del escoramiento que se está imprimiendo a determinada política económica en la que la opinión de los expertos degenera en expertismo; la metáfora de la peligrosidad de algunos economistas. Detrás del deslumbramiento pueril por el Consejo Monetario, lo que subyace es toda la articulación de un discurso económico que hace elogios de las agencias independientes y la desposesión de las instancias democráticas en beneficio de la tiranía de los expertos. Es ése un discurso que, una vez alcanzada la tiranía económica, nos conduce directamente a la tiranía política.


(1) S. Hanke, L. Jonung, K. Schuler, Russian Currency and Finance: a Currency Board Approach to Reform, Londres y Nueva York, 1993; P. Boone, A. Breach y S. Johnston (1998), "Institutions and Prospects for a Currency Board in Russia: Perspectives on a Deepening Crisis", Post-Soviet Geography and Economics, vol. 39, Nº 7, págs 371-378.

(2) R. Barro, "What Might Save Russia: Tying the Ruble to the Dollar", Business Week, 28 de septiembre de 2008, pág. 24. S. Hanke, "Dollar should provide prop for Rouble", Financial Times, 17 de agosto de 1998. G. Soros, "Soros sees G7-backed $50bn Currency Board as Only Way out of Crisis (Letter to the editor)", Financial Times, 13 de agosto de 1998, pág. A22.

(3) J. Sgard, "Pour sortir du magma postsoviétique", Libération, 23 de septiembre de 1998, pág. 4.

miércoles, febrero 04, 2009

Revancha

De la banda sonora de mis vacaciones. Y el recuerdo de un músico y creador excepcional.


viernes, enero 16, 2009

Receso

Cada vez que leo a los que despotrican contra "los KK" me acuerdo de esta pareja, hoy injustamente olvidada, que nos proporcionó a los argentinos tantas horas de angustia y de terror.

Por una extraña ley de las compensaciones, de aquí cerca (Rio Grande do Sul) salió una casi homónima de la hermana de Freddy, mucho más bonita (un bombón, en realidad) y que canta jazz y bossa como los dioses. Aquí la dejo como regalito, junto con su grupo Delicatessen.






Desde ya, agradezco por este y otros tantos descubrimientos a José Luis Ajzenmesser y su programa La Guagua, al que recomiendo fervientemente.

Ah, y aquí este blog entra oficialmente en receso vacacional. Hasta la vuelta.

viernes, enero 09, 2009

Decir algo

No tengo ganas de escribir sobre Gaza. Siento un déjà vu de lo que me llevó a postear algo acá hace más de dos años.

Además, hay momentos en que las palabras parecen absolutamente inútiles y huecas, como cuando uno ve algo así.

Alguna vez se me cruzó la idea de irme a vivir a Israel. No por "sionista" sino como una alternativa posible cuando la Argentina era una cárcel y un pais en Proceso de liquidación. Quizás si lo hubiera hecho, habría sido un "objetor de conciencia" frente a las obligaciones militares, o a lo mejor habría participado de esta manifestación o firmado este manifiesto. No lo sé.

Otra posibilidad podría haber sido adecuarme al medio y justificar todo en nombre de la "seguridad" y de la "lucha contra el terrorismo". Aún así, estas palabras del documentalista Avi Mograbi (que filmó cosas como ésta o esta otra) seguirían siempre presentes en mi conciencia.


“No hay un solo ciudadano israelí que no esté relacionado con algún crimen de guerra. Sea porque lo cometió él mismo, siendo soldado, o porque tiene alguien cercano que lo cometió o, en el menor de los casos, porque guardó silencio frente a algún crimen. Finalmente, la ocupación misma es un crimen de guerra, e Israel es un país ocupante.”

viernes, diciembre 26, 2008

Contra las zonceras de alto nivel



Esta semana volví a ver Argentina Latente, el penúltimo film de Pino Solanas. No me interesa ahora ponerme a debatir sobre la actuación pública de Pino o sobre su discurso, sino rescatar algunas cosas que dicen los personajes que fueron entrevistados para la película. En particular hay algo que tiene que ver con este post de Abel y son unas declaraciones del gerente general de INVAP, Lic. Héctor Otheguy.

"Hoy, si quisiéramos venderle a EE.UU. el satélite, que lo podemos hacer con igual calidad que ellos, en igual tiempo y bastante más barato, no podemos. Porque el 100% del dinero federal de EE.UU., del dinero del gobierno americano, se gasta en empresas americanas.

Comparemos con lo que hacemos nosotros, lo que hemos hecho durante toda nuestra historia, es una vergüenza. Si uno ve por ejemplo Brasil, o Australia que es nuestro cliente, el 50% del proyecto que estamos haciendo nosotros en Australia, y lo mismo hace Brasil, tiene que ser hecho por empresas australianas en ese caso, es decir por empresas nacionales.

Cuando uno compra impone condiciones, el que compra impone condiciones. Nosotros no las hemos impuesto, siempre nos las han impuesto. El colonialismo mental, en el área nuestra, en el área técnico-científica, es decir "Estos temas no son para países como la Argentina" y nosotros hemos dicho desde el principio, a través del liderazgo de Varotto y de toda la gente que lo hemos seguido y el equipo que siguió adelante, es decir definitivamente no al colonialismo mental. Acá se pueden hacer las cosas, si están los elementos, hay objetivos claros y hay políticas que se mantienen en el tiempo."

Cortito y al pie, para que aplauda Don Arturo. Y mis deseos de un muy feliz 2009 para todos los amigos y visitantes de este blog!

jueves, diciembre 18, 2008

Tocando de oído

Vaya desde aquí un saludo al lanzamiento de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA). Sin duda, un hecho que se engancha con mis ideas y obsesiones de los últimos tiempos: por ejemplo, la necesidad de generar usinas de pensamiento para el desarrollo nacional.

Como un aporte en ese sentido y a riesgo de meterme en temas en los que toco de oído, quiero traer un texto de Carlos Leyba que va más allá de la superficie de los temas de la actualidad económica, y remarca la diferencia existente entre crecimiento y desarrollo. Jorge Sabato siempre recordaba la frase "después de tanta mishiadura cuesta mucho pensar en cosas grandes". Pero hay gente que lo está haciendo.


Lo que está ausente
por Carlos Leyba

Consumo y exportación, para Cristina, motores de recuperación y crecimiento. Anunció un programa de 13,2 mil millones de pesos y reiteró que “las palancas de crecimiento de nuestro modelo son el consumo popular y el sesgo exportador”. Mencionó a la inversión como uno de los destinos posibles de ese “plan de contingencia”.

Esas afirmaciones reflejan lo que pasó. En el crecimiento de la demanda global, en términos reales, entre 2004 y 2007, los aportes del consumo -privado y público- y de las exportaciones fueron los que más se incrementaron. Mientras, en 2004, el consumo aportó 52,2% del crecimiento y las exportaciones 8,8; en 2007, el consumo aportó el 60,7 y las exportaciones, el 11,2%. En ese lapso, disminuyó el aporte de la inversión al crecimiento. En el segundo trimestre de 2008, el consumo aportó el 70,5% del crecimiento.

La exhortación de Cristina Fernández a sostener la continuidad de esas palancas conforma una señal estratégica. Atención.

El primer paso del “paquete anticrisis” fue un megaprograma de inversiones en infraestructura; un conjunto de normas de blanqueo tributario y laboral y una moratoria impositiva. El segundo paso -¿habrá otros?-, son medidas de promoción al desempeño de la demanda de durables (automotriz, línea blanca), prefinanciación de exportaciones, rebaja de retenciones, capital de trabajo y, en tono menor, recursos para inversión de las pymes.

Ante la reducción de la demanda global, lo que incidirá positiva y contracíclicamente es el programa de inversión pública y el último paquete de financiamiento.

No podemos computar a favor la leve mejora nominal en el tipo de cambio porque, a pesar de la reducción de la inflación, no morigera, ni ahí, los efectos de la devaluación brasileña. La iliquidez local (y mundial) es un contrapeso difícil de remontar con las medidas anunciadas.

El blanqueo y la moratoria, aun siendo exitosas para recaudar, difícilmente tengan un efecto positivo en la coyuntura. Estas medidas no son las más apropiadas para enfrentar el enfriamiento. De entenderse necesarias o convenientes por razones fiscales, se compadecen más con una coyuntura vigorosa que con un tiempo de debilidad. Es que la baja coyuntura está asociada a la fuga de más de 20.000 Mu$s en un año y a la iliquidez concomitante. Ni los blanqueos ni la moratoria implican invertir esa corriente. Si las medidas de perdón tributario apuntan a la coyuntura, estamos frente a un error cuyos costos se dirimen en términos de cultura tributaria y -de tener éxito- arriesgan en términos de equidad.

Lo que es “anticrisis” es el plan de obras públicas más este anuncio de financiamiento. Apuntan a la inversión pública, al consumo y la exportación. Lo dicho ratifica que, en la estrategia gubernamental, la política hacia el sector privado es incentivar el consumo y la exportación, y que la ejecución del sector público apunta a su inversión para la oferta de servicios.

No hubo hasta ahora -y no la hay, aun en esta etapa crítica-, una definición que permita suponer una estrategia pro inversión privada. No se percibe una estrategia de desarrollo y sí una preocupación por el crecimiento. Que no es lo mismo.

Una breve digresión. Jack M. Mintz, profesor de la Universidad de Toronto, ha determinado para 2007 que la Argentina es el país, de una muestra de 80, de la más alta tasa efectiva de Impuestos a las Ganancias (47,9%) . El promedio ponderado de esa tasa efectiva para esos 80 países es de 31,7%. Para los países desarrollados (OECD), es de 31,5%. Si nos referimos a la industria manufacturera, la tasa efectiva de la Argentina es de 49,8%. Y, por ejemplo, en Brasil, 37,6; en Chile, 14,4; en Francia, 33; en España, 29,5; y en Finlandia, 22,4% (2007 Tax Competitiveness Report: A call for Comprehensive Tax Reform). Suficiente. ¿No cabe preguntarse por qué, en lugar de blanquear al uno por ciento capitales evadidos destinados a comprar campos, departamentos o realizar inversiones, no generamos un cambio en la estructura tributaria que sea pro inversión y retenemos a los limpios que se ensucian para fugar lo que no quieren pagar? ¿No pesa esto en la baja tasa de inversión en actividades productivas industriales?

La distribución del ingreso determina el patrón de consumo privado. Cada distribución del ingreso (funcional, sectorial, regional) se corresponde con un nivel de consumo y con su estructura. Además, no se puede ignorar el impacto negativo en el balance comercial de las importaciones de bienes de consumo derivadas de la inequidad distributiva.

En cada etapa de la estructura productiva, el estado de las ventajas comparadas y competitivas determina la capacidad de respuesta a las demandas de exportación: su nivel y su composición.

En ausencia de transformaciones deliberadas de las estructuras, es decir, sin una política estratégica de transformación, los incrementos en la actividad interna (en nuestro caso, sustitución de importaciones por efecto de la devaluación) y en la demanda externa (en nuestro caso, por la tracción del incremento de los precios internacionales), a partir de la distribución y la estructura productiva dadas, reproducen las estructuras previas, sus virtudes y defectos. En nuestra economía, en particular, la expansión -el crecimiento- ha convivido con dos tendencias no deseadas: la concentración de la riqueza o la regresión distributiva; y la primarización de las exportaciones o la regresión productiva.

Si no se genera deliberadamente un programa de inversiones transformadoras de la estructura de la producción, lo que requiere un programa de objetivos de largo plazo y herramientas como una política tributaria ad hoc y una financiera apropiada, el crecimiento es el resultado de “agregaciones” a la estructura existente.

Así, la política se transforma en una continuidad próspera de lo existente que sólo agrega -lo que no es poco- pero que reproduce sine die la distribución del ingreso y el patrón de exportación.

Una política de transformación siempre supone la incorporación de factores distintos, el cambio de ponderación y de relación entre los factores existentes. La de agregación (o de continuidad), es siempre una estrategia contradictoria con la de transformación (o de cambio). Si básicamente se “agrega”, básicamente no se “transforma”.

Esta discusión refiere al debate “crecimiento y/o desarrollo”. Eterno dilema: sabemos que se puede crecer sin desarrollarse. Estamos en ese riesgo.

Nuestra propia historia ha demostrado que si se “desagrega”, paradójicamente, se transforma: irreversibilidad de los procesos sociales. Por ejemplo, la dinámica de la “desagregación”, iniciada en nuestro país en 1975, produjo sucesivamente la “desprotección”, la “desindustrialización”, la “desestatización”, la “desnacionalización” y el “desempleo”. Esa “desagregación” produjo la decadencia económica y social que sintetizan el aumento, y la recurrencia, en la pobreza y la profundización, y la recurrencia, en la primarización de nuestras exportaciones.

¿Qué ha quedado implícito en los paquetes, hasta ahora conocidos, destinados a enfrentar esta crisis entendida como desaceleración del crecimiento o declinación de la demanda global?

El megaprograma de obra pública no estuvo asociado a un megaprograma de acompañamiento de la inversión reproductiva. Se anuncian las inversiones públicas como “la política” de inversiones. Una afirmación estratégica. Pero la ausencia de mención a la “la inversión privada” como parte de esa estrategia, confirma que se piensa a la inversión privada reproductiva como una consecuencia de la presión de la demanda de consumo (sin tener en cuenta el impacto de esa demanda en el balance de divisas); y de exportación: es un fenómeno derivado y no el desencadenante de un proceso de desarrollo.

Y ésta es una cuestión central: el liderazgo de la inversión reproductiva, como desencadenante, identifica a toda estrategia de desarrollo.

La inversión que desarrolla es la que transforma el patrón de distribución del ingreso (funcional, sectorial, regional) y el patrón de exportaciones.

La inversión determinada por la expansión del consumo y de las exportaciones es la que asociamos al crecimiento, y difícilmente podamos asociarla al desarrollo: responde a las estructuras previas y no a las programadas a futuro.

El crecimiento sería, de alguna manera, la concepción ortodoxa del progreso; el desarrollo, que implica reconocer el potencial dormido, sería la concepción heterodoxa. Es la hora del desarrollo, de la “sustitución de exportaciones” y “la cobertura de los agujeros negros de las cadenas de valor”.

En el discurso de Cristina Kirchner está implícito que la inversión pública es política: se decide desde la política. Esas inversiones pertenecen al área de servicios. Está muy bien. Es una recuperación del papel del Estado.

Pero el problema de ese discurso es que la inversión privada no aparece como una cuestión de la política pública. La inversión privada, en ese discurso, es (¿debe ser?) una consecuencia del incremento del consumo o de la exportación. La distribución del ingreso existente, que es la que determina los patrones de consumo, y las ventajas competitivas consolidadas, que son las que determinan la capacidad de respuesta a la demanda externa, determinan, entonces, el patrón de inversión.

Si la política económica facilita esas condiciones, el patrón de inversión queda determinado por el pasado. Y, por lo tanto, es un patrón de repetición. La misma economía pero más grande. No es poco. Pero no es lo necesario y menos lo conveniente.

Transformar, es decir programas de inversión reproductiva, es lo que le da a la crisis el carácter de oportunidad. Sin transformación vía inversión reproductiva, continuará la distribución y el patrón de exportación predominante. No parecería ser la vocación del partido gobernante. Esperamos que no lo sea.


Revista Debate Nº 299, 6 de diciembre de 2008.

jueves, diciembre 11, 2008

La que se mandó Celestino

Parece que algunos pájaros de mal agüero y aves de rapiña (suelen ser los mismos) que revolotean por la City, anduvieron agitando en estos días el fantasma del Rodrigazo. No sé qué asidero racional puede tener extrapolar la situación de 1975 a la actualidad, pero es seguro que ese episodio histórico está bastante olvidado (salvo por su resonancia de catástrofe), sobre todo en lo referido a las circunstancias en que se produjo y las consecuencias que tuvo.

Por eso, creo que es un momento adecuado para traer un fragmento del libro "El Rodrigazo, 30 años después - Un ajuste que cambió al país" de los periodistas Néstor Restivo y Raúl Dellatorre. Leyendo este artículo que rescata El Historiador cualquiera diría que al Ing. Rodrigo le fallaba alguna que otra sinapsis, sin embargo el libro de Restivo y Dellatorre demuestra que su plan fue brillantemente diseñado y ejecutado (claro que su verdadero cerebro fue el Ing. Ricardo Zinn) y que dividió en dos la historia económica del país.

Es mucho el jugo que se le puede sacar a este libro, p.ej. por los datos que aporta sobre el acercamiento de José López Rega (a) "El Brujo" con el Consejo Empresario Argentino presidido por José Alfredo Martínez de Hoz (a) "Joe". O el fanatismo y la frialdad que ponía Zinn en su tarea (sus frases "esto es una guerra" que repetía durante su breve gestión, o "este hombre va a salvar al país" señalando un libro sobre ciencias ocultas del Brujo, son de antología). Aquí traigo solamente la Introducción (descontando el permiso, y si no, el perdón de los autores), donde se encuadra al Rodrigazo dentro de un proceso de transformación económica regional y mundial. De paso, va como un aporte al debate que siguió a este excelente post de Luciano en Artepolítica.


El Rodrigazo, 30 años después
Introducción

En junio de 1975 millones de argentinos fueron testigos de un cambio dramático. Pero la magnitud de sus consecuencias recién iban a visualizarse mucho tiempo después. El mega-ajuste devaluatorio que se conoció popularmente como Rodrigazo "corrigió" de tal modo los precios de la economía que, en el contexto de cambios mucho más amplios en la estructura económica y social local, regional y mundial, partió en dos la historia económica nacional.

El país atravesó por varios ajustes, algunos con shocks, otros graduales, que supusieron pérdidas patrimoniales para las mayorías y ganancias para pequeños grupos privilegiados, sobre todo en las últimas tres décadas. Pero el Rodrigazo no sólo inauguró esa serie infausta sino que tuvo la singularidad de quebrar el modelo de país que había regido en los anteriores 30 años.

Veamos el contexto regional y global. Entre 1971 y 1976 América Latina dio vuelta una página de su historia. En esos años, su geografía se pobló de dictaduras, de sangre y de terror, como nunca antes. Para 1976, las situaciones de dictaduras reaccionarias eran casi la regla en América latina. Las había en Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile, Paraguay, Perú, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Haití y Granada; en buena medida también en la República Dominicana y Honduras y, bajo una fachada civilista, en Colombia (Cuevas, 1984).

Hubo, por cierto, factores nacionales que en cada caso empujaron a esa situación. Pero no puede haber dudas del peso decisivo de un contexto económico mundial que tejió esa realidad. Ya en 1964 y 1966 la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada en Latinoamérica por Estados Unidos había sido reflejada en dos experiencias fuertes, con las dictaduras en Brasil (la dictadura del general Humberto Castelo Branco) y Argentina (el Onganiato) y en los llamados Estados burocrático-autoritarios (O'Donnell, 1986); pero la ofensiva general se produciría en el transcurso de la década siguiente.

El capitalismo mundial había tenido en la posguerra su edad dorada. Esa etapa se tradujo en altas tasas de rentabilidad para las empresas y también buenos indicadores sociales con la expansión del Estado de bienestar. Pero si a fines de la década de 1950 la tasa de ganancia media era del 40%, veinte años después había caído al 10% (Abalo, 1989, y Shaikh, 1999). Y en torno a 1968 el sistema dijo basta. Desde entonces la Comisión Trilateral, con plumas como la de Samuel Huntington, empezó a hablar de "exceso de democracia" y a alentar la reacción conservadora, primero en el Norte y, hacia la década de 1970, en el Sur (Dos Santos, 1987).

Para quienes observan los ciclos largos de acumulación capitalista, allí arrancó -la ruptura del compromiso monetario de Bretton Woods para liberar el dólar por parte de EE.UU., en 1971, y la crisis petrolera, en 1973, no fueron causas sino síntomas- la fase de caída luego de la expansión de posguerra, caída verificable en las tasas de ganancia empresarias y en las de crecimiento económico, que nunca lograron recuperar el período dorado 1945-1975, mucho menos durante el neoliberalismo de fin de siglo (Maddison, 2001).

En el capitalismo de posguerra había predominado el modelo keynesiano de desarrollo, que en Latinoamérica tomó la forma de las ideas estructuralistas de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) con el énfasis de la acumulación en el mercado interno, la sustitución de importaciones y el Estado benefactor. En Argentina en particular, esa industrialización sustitutiva tuvo dos tendencias diferenciadas en cuanto al tipo de distribución del ingreso: una hacia bienes "suntuarios" y otra, más distribucionista, hacia el consumo masivo (Azpiazu, Basualdo y Khavisse, 2004), justamente la que se derrumbó en 1975-1976.

Con la crisis de rentabilidad, y después de algunos años de disputa por el modelo a seguir para recuperar el proceso de acumulación, en el Norte empezaron a desandar el camino keynesiano Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Helmut Kohl. Y en el Sur operaron, contra experiencias nacionalistas o de izquierda que buscaban otra salida a la crisis -los gobiernos de Allende en Chile, Cámpora/Perón en Argentina, Torres en Bolivia, Velasco Alvarado en Perú o la creación y ascenso del Frente Amplio en Uruguay, entre otros-, los golpes de Estado, con los militares como arietes de las fracciones financieras y extranjerizantes de los capitales locales.

América Latina, en ese contexto, empezó a transitar por un reformateo para que recuperaran márgenes de ganancia los dueños del capital y, como ocurrió en otros cambios de ciclos largos, el que alumbró terminó siendo más concentrador y centralizador que el anterior. Lo pagaron con sus vidas decenas de miles de latinoamericanos.

Este marco general no puede desconocerse. Las economías nacionales son parte de una economía global, con su estructura productiva, circulación de mercancías, vínculos financieros, etc. (Caputo, 1999). Y también con sus factores de poder. Argentina no podía ser la excepción, más cuando el capital extranjero era un actor central en el proceso industrializador de posguerra, sobre todo en los sectores más dinámicos (Rapoport, 2000). Por eso los cambios de ciclo y modelo en el capitalismo, que incluyen mutaciones tecnológicas, intentos de recomposición de márgenes de ganancia y disputas de hegemonía, nacionales y globales, se entroncan, más allá de factores locales, con fenómenos más amplios.

En esa medición de los ciclos y en el tránsito en forma de crisis de un modelo de desarrollo y acumulación a otro, hay hechos puntuales. En el caso argentino, nuestra hipótesis es que quizá en mayor medida que en el quiebre institucional de marzo de 1976, la inflexión debería buscarse en aquel junio de 1975 del Rodrigazo, cuando el gobierno, después del vacío de poder en el que había caído tras la muerte de Perón (1º de julio de 1974), un año antes, tambaleaba en medio de una gestión inusualmente caótica y en un clima de violencia brutal, alimentado por la disputa entre facciones del peronismo.

Hubo una Argentina transformada de raíz por esa experiencia. Se pueden discutir las razones, pero los datos son incontrastables. Una Argentina en la cual, antes de 1975, la brecha entre los ingresos del 10% más rico y el 10% más pobre de la sociedad era de 12 veces, distancia que fue progresivamente incrementándose hasta llegar a las 29 veces en 2004. Una Argentina en la que, desde 1975 y según cifras oficiales del INDEC, los argentinos de clase media y baja perdieron entre 15 y 40% de su participación en el ingreso (Equis, 2004). Un país que cuando ocurrió el Rodrigazo tenía un desempleo irrisorio de 2,3% y que no había conocido tasas superiores al 6% luego de superada la crisis de 1930. Un aparato productivo en el cual se agudizó la concentración de la industria (pasó del 18 al 25% en la posguerra a 46% hacia fines de la década de 1990 -Schorr, 2004) y que después de haber triplicado el valor agregado por la industria entre 1949 y 1974, en los siguientes 25 años lo hizo en sólo 10% acumulado (Schvarzer, 2001).

Una Argentina cuyos sectores dominantes tenían en el extranjero capitales por menos de 3.500 Mu$s, contra más de 100.000 Mu$s treinta años después (Basualdo, 2000). Un país, al fin de cuentas, que por más de tres décadas, antes de 1975, había vivido casi con virtual pleno empleo, seguridad social, expectativas de ascenso social favorables, educación integradora, cohesión de la sociedad. Y que en las tres décadas que vinieron después vio disminuir 0,12% promedio anual su PBI real por habitante (Leyba, 2003), un acumulado de 23% entre 1975 y la crisis de 2001, y achicar 52% el salario real (IDEF/CTA, 2002).

Es verdad: en las décadas de 1950 y 1960, en términos relativos, Argentina se estancó o retrocedió frente a otros países vecinos, particularmente los de modernización más tardía, como Brasil y México. También es cierto que en la fase de auge de la onda larga 1945-1975 hubo crisis institucionales y económicas, proscripciones políticas, ineficiencias estatales, injusticias sociales, inclusive terrorismo estatal y otros males. Pero es indudable que antes de 1975-1976 vivíamos en un país donde era más fácil para el conjunto vivir y tener proyectos, y que después llegó la larga noche que, como modelo, recién colapsó en 2001-2002... con final todavía abierto.

El Rodrigazo, creemos, fue el detonante para un nuevo estado de cosas. Y allanó el camino a la dictadura de 1976-1983 que se abriría paso para inaugurar otras tres décadas en las antípodas del modelo de acumulación anterior, en términos similares a lo que ocurrió en otros países en cuanto a la concentración económica, la marginación social y el privilegio por la valorización financiera, antes que productiva, del capital.

Muchos autores (Frenkel, 1980; Sevares, 1987; Schvarzer, 2001; Bonelli, 2004) han señalado que el Rodrigazo fue la antesala del programa económico de la dictadura instalada a partir de marzo de 1976 -que en lo económico agregó otras herencias malditas como la del endeudamiento externo, una de las claves de la nueva articulación subordinada del país al sistema mundial- y que el rechazo popular a aquel shock de junio de 1975 demostró a las fracciones dominantes del capital que iba a requerir de grados de violencia inéditos para alcanzar sus objetivos.

Curiosa o paradójicamente, el mismo partido político, el más grande movimiento popular de Argentina desde su alumbramiento en 1945 a la actualidad, fue el que sentó las bases del modelo inclusivo anterior y el que parió el cambio en 1975 (y lo profundizó al extremo en la década de 1990, hasta producir él mismo otro mega-ajuste colosal en el verano de 2002 para salir de la convertibilidad), sin que hasta ahora haya ensayado una autocrítica o un análisis a fondo sobre lo sucedido, igual que con el contexto represivo que acompañó al Rodrigazo.

El peronismo, se ha dicho, pasó de ser un actor fundamental en el proceso sociopolítico argentino a "terreno de batalla y botín para las sordas rivalidades entre sus supuestos aliados, a la vez que escenario para los abiertos conflictos de una lucha política cada vez más salvaje" (Halperín Donghi, 1994). Igual que otros sectores de la dirigencia nacional frente a sus propias responsabilidades, el peronismo, acaso hoy menos un partido que un modo de relacionarse con el poder, tiene una deuda no saldada con todos los argentinos y con su propia historia sobre los crímenes de la Triple A y sobre el shock económico de 1975, una alianza de terror y dominio económico que continuó exacerbada en la última dictadura y que se repitió en otros países durante aquel dramático cambio cíclico.


Referencias:
- Abalo, Carlos (1989), "Tasa de ganancia: crisis y ajuste en el capitalismo", revista Realidad Económica, Nº 91, Buenos Aires.
- Azpiazu, Daniel; Basualdo, Eduardo, y Khavisse, Miguel (2004), El nuevo poder económico en la Argentina de los años 80 (edición definitiva), Siglo XXI, Buenos Aires.
- Basualdo, Eduardo (1987), Deuda externa y poder económico en la Argentina, Nueva América, Buenos Aires.
- Bonelli, Marcelo (2004), Un país en deuda, Planeta, Buenos Aires.
- Caputo, Orlando (1999), "La globalización de la economía mundial. Principales dimensiones en el umbral del siglo XXI", coordinado por Jaime Estay, Alicia Girón y Osvaldo Martínez, Editorial Purrúa, México.
- Cuevas, Agustín (1984), "El Estado latinoamericano en la crisis del capitalismo", en La crisis del capitalismo. Teoría y práctica, de Pedro López Díaz (comp.), Siglo XXI, México.
- Dos Santos, Theotonio (1987), La crisis internacional del capitalismo y los nuevos modelos de desarrollo, Editorial Contrapunto, Buenos Aires.
- Equis, Consultora, y López, Artemio (2004), "La caída de la clase media argentina", Buenos Aires.
- Frenkel, Roberto (1980), Las recientes políticas de estabilización en Argentina: de la vieja a la nueva ortodoxia (mimeo), Pontificia Universidad Católica, Río de Janeiro.
- Halperín Donghi, Tulio (1994), La larga agonía de la Argentina peronista, Ariel, Buenos Aires.
- IDEF-CTA (2002), Shock distributivo, autonomía nacional y democratización. Aportes para la superación de la crisis de la sociedad argentina, Buenos Aires.
- Leyba, Carlos (2003), Economía y política en el tercer gobierno de Perón, Biblos, Buenos Aires.
- Maddison, Angus (2001), The world economy. A millenial perspective, OCDE, París.
- O'Donnell, Guillermo (1986), El Estado Burocrático Autoritario, Paidós, Buenos Aires.
- Rapoport, Mario, y colaboradores (2000), Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000), Ediciones Macchi, Buenos Aires.
- Schorr, Martín (2004), Industria y Nación, Edhasa, Buenos Aires.
- Schvarzer, Jorge (2001), "La economía argentina: situación y perspectivas. De la economía 'cerrada' a la abierta. Dos grandes ciclos argentinos", en la Gaceta de Económicas, Nº 11 de junio, Buenos Aires.
- Sevares, Julio (1987), "Un ajuste que hizo historia", diario Clarín, 13 de diciembre, Buenos Aires.
- Shaikh, Anwar (1999), "Explaining the global economic crisis", en revista Historical Materialism, Nº 5, Leiden.

domingo, diciembre 07, 2008

Un Oriente demasiado lejano (I)

Hace poco me tocó darme una vueltita por acá. Al igual que en este otro viaje, estuve sólo una semana dedicada a reuniones de trabajo intensivas, y con poco tiempo de recorrer e interiorizarme de la realidad del país. Sin embargo, la visita me dejó impresiones difíciles de olvidar.

No estuve en Seúl sino en Daejeon (unos 170 km al sur), que para los futboleros memoriosos fue una de las subsedes del Mundial 2002. Uno de sus distritos es Daedeok, la "ciudad de la ciencia" también llamada el Silicon Valley coreano. Mi visita fue a mediados de octubre, en los días de mayor magnitud del derrumbe financiero internacional, sin embargo en Corea (pese a la caída de la bolsa de Seúl y la devaluación de su moneda, el won) la vida parecía seguir su curso normal. Otra fue la sensación que tuve (al menos mirando la CNN) durante mi brevísima escala en USA.

Uno puede saber de antemano que Corea del Sur es un país desarrollado, pero verlo y palparlo directamente es otra cosa. Son casi 5o millones de habitantes en un territorio equivalente al de nuestra provincia del Chaco, aunque prácticamente carente de recursos naturales. Y el país da una sensación de poderío, organización y bienestar que asombra: p.ej. la infraestructura de transporte - autopistas, ferrocarriles (incluido un tren bala), subterráneos, el aeropuerto internacional de Incheon, etc.- para un argentino es sin duda envidiable.

Claro que la envidia se hace todavía mayor cuando uno recuerda que está en un país que hace poco más de medio siglo fue arrasado por una guerra civil (que también fue una guerra entre las potencias mundiales de la época), y que hace 40 años todavía era uno de los países más pobres de Asia. Corea del Sur superó en poco tiempo las consecuencias de la crisis que afectó al sudeste asiático en 1997, y hoy le corresponde el cuarto lugar por PBI en el continente y el 13º en el mundo. Sobre sus perspectivas en la situación actual, estuve viendo que Manolo se ocupó de la (aparentemente ya lejana) posibilidad del default coreano, y aquí hay una nota salida en El País.

Históricamente Corea del Sur siempre ha sido un firme aliado estratégico de USA. Sin embargo, la identidad nacional se manifiesta fuertemente en la cultura y en la vida cotidiana, no es un país para nada "macdonaldizado". Tampoco es como la China que visitó Tavos, acá es frecuente ver occidentales o gente de otras partes de Asia y nadie se asombra. No intenté franquear el abismo del idioma, sin embargo según los coreanos su idioma es mucho más fácil de aprender que el chino o el japonés; el índice de alfabetización es uno de los mayores del mundo. Llama la atención el poderío y la omnipresencia de las grandes empresas nacionales, los "chaebol": Samsung, Hyundai, LG... Y parecería que el 99% de los automóviles son de marcas coreanas: Hyundai, su ahora subsidiaria KIA o Daewoo (controlada por General Motors desde 2002). Ah, y no se ve un auto viejo o deteriorado ni de casualidad.

No creo haberme vuelto de golpe un experto en Corea ni que llegue a serlo en el futuro. Pero en algún próximo post trataré de indagar en las posibles claves del "enigma coreano", buscando en realidad acercarme a descifrar el "enigma argentino". Por ahora, un par de asuntos interesantes:

- Viendo por la CNN uno de los últimos debates Obama-McCain, escuché al ahora presidente electo de USA quejarse del tratado de libre comercio con Corea del Sur que está esperando aprobación en el Congreso norteamericano. Decía que según el tratado, Corea podrá vender cientos de miles de automóviles en EEUU, mientras que a la inversa, las automotrices yanquis sólo tendrán un cupo de unos pocos miles de unidades para vender en Corea. No suena muy parecido a los TLC que Washington quiere imponer en América Latina...

Un editorial del Korea Times se refirió al tema, señalando que el presidente coreano (el neoliberal Lee Myung Bak) debería convencer a Obama de que en su país no existen barreras para el ingreso de automóviles norteamericanos. Ese editorial termina así (traducción mía; "liberales" debe leerse en el sentido que se le da en EEUU):

"Liberales o conservadores, lo que importa son los beneficios reales para sus pueblos. Seúl debería estar en una posición en la que sea probable que esté en desacuerdo con Washington en asuntos de interés nacional, pero acuerde en lo ideológico. Tememos que la realidad resulte ser la opuesta."

Argentina importa muchas cosas de Corea, pero este lenguaje, la verdad que acá no se consigue.

- El máximo prócer de la historia coreana es el rey Sejong el Grande, que gobernó a principios del siglo XV. No es un rey que se haya destacado por sus hazañas guerreras, sino por el impulso que le dió a la educación, la ciencia y la tecnología y por su sensibilidad social (además de haber inventado el alfabeto coreano que se sigue usando actualmente). Gracias a un libro que me obsequiaron pude conocer algo de su vida y su obra, entre ellas algunas disposiciones como éstas, de 600 años de antigüedad:

"Se ha dispuesto que una mujer servidora, que deba dar a luz en un tiempo de un mes o haya dado a luz dentro de los últimos cien días, no será requerida para el servicio gubernamental. Como no se ha otorgado licencia a los esposos de dichas mujeres, sin embargo, ellos no han podido dar asistencia a sus esposas durante el nacimiento del niño, y debido a esto algunas mujeres han aún perdido sus vidas, lo que es muy lamentable. Desde este día en adelante, un esposo no será requerido para retornar al servicio por treinta días después de que su esposa haya dado a luz."

"Estar en prisión y ser torturado es una tragedia para cualquier hombre. En el caso de los niños y de los ancianos, es verdaderamente lamentable. Desde hoy en adelante, la detención de los menores de 15 años o de los mayores de 70 está prohibida, a menos que el cargo sea de asesinato o de robo. Personas de edad menor de 10 años o mayores de 80 no serán detenidas o golpeadas bajo ninguna circunstancia, y cualquier veredicto dictado en sus casos deberá ser dado sobre la base de muchos testimonios. Que esta ordenanza sea dada a conocer por todo el país, y que cualquiera que la viole sea castigado."

A este hombre nadie le iba a hablar de "bajar la edad de imputabilidad". Comparando esto con las cosas que dicen hoy día personajes como Daniel Scioli, parece que la distancia entre Argentina y Corea fuera de mucho más que 20000 kilómetros.