miércoles, noviembre 29, 2006

18/9/2006 - 29/11/2006




Sigo sin olvidarme de vos.

6 comentarios:

G.F. dijo...

Desde lo personal, yo tampoco me olvidé, quiero creer que NADIE se olvidó de él. Abrazo. Gonzalo.-

Jorge Y. de la G. dijo...

Yo también quisiera creerlo Gonza. Por eso puse el link a esa nota de Sandra Russo que habla de la frágil memoria y de la capacidad de negación y olvido de nuestra sociedad. Hay que recordarlo siempre, por eso que canta León: "este es un país esponja, se chupa todo lo que pasó".

Un abrazo.

G.F. dijo...

Nunca mejor puesta la frase de Leon, de verdad que si. Sls. Gonzalo.-

Jorge Y. de la G. dijo...

Esto salió hoy en El Ortiba. No lo conocí a Corbata, pero vaya esto como homenaje a este viejo luchador y a Julio, dondequiera que esté.

MURIÓ "CORBATA"

Se ahorcó el domingo pasado 26 de noviembre.

No lo busquen en las necrológicas, avisos fúnebres ni noticias policiales.

Era un heroico obrero pobre de la Resistencia Peronista de 1955.

Se llamaba Eduardo Corvalán y era muy conocido por su nombre de guerra de “Corbata”.

Pasados los 70 años, vivía solo, sin familiares, sostenido por una escasa jubilación de sólo 500 pesos y sus reclamos justificados de aumentar esa única entrada, había sido rechazada por la burocracia de hace unos años.

Sólo ramitos de flores humildes y un reducido número de viejos compañeros de sus luchas que pudieron enterarse, lo llevaron a su tumba con un responso.

Desde hace años se reunía los miércoles con camaradas militantes y familiares de fallecidos buscando un reconocimiento moral. Y fue precisamente allí, ante su única ausencia, que alguien llevó la mala noticia y lloraron todos largamente.

A los 15 años de edad, trabajando en el Hospital Eva Perón, recibió los cadáveres de los fusilados el 9 de junio de 1956 en el basural de José León Suárez. Las imágenes vividas no se borraron nunca de su memoria.

Aunque ya estaba vinculado a la Juventud Peronista, se dedicó con determinación y valor poco común a militar en la Resistencia Peronista, a cuyos compañeros (desaparecidos casi todos) evocaba con emoción y respeto, repitiendo sus nombres.

Luego la mayor parte de su vida trabajó como obrero telefónico. Por eso decía: “mi única familia se redujo a los obreros telefónicos que trabajaron conmigo pero...también se han ido”.

De físico robusto, pleno de energías idealistas, pese a las repetidas prisiones y torturas, fue descripto por el certificado de defunción como “un hombre caucásico”.

Era más que un hombre; un símbolo criollo, un valeroso luchador patriota, como tantos otros que reconocían al General Perón y a Evita como los padres de una Nueva Argentina.

También hablaba con frecuencia de los soldados que dejaron sus vidas en Malvinas y los sobrevivientes que esperan un reconocimiento moral.

Sus compañeros que se reunían con él todos los miércoles habían advertido que la desaparición de otro obrero, Julio López, lo afectó profundamente, cayendo en una depresión. Imaginaba que lo estarían torturando.

Para quienes lo conocieron será siempre Corbata. Los nombres se heredan de los padres, pero el de Corbata se lo ganó él.

Si hubiera sido un francés de la Resistencia contra los nazis, tendría derecho a cambiar el apellido o agregarlo al mismo porque una ley de reconocimiento moral así lo determina.

A López le tiraron sus llaves en el jardín, ahora le arrojan a Corbata. En el más allá ni uno ni otro estará solitario, como tantos ancianos patriotas que quedan aún con vida terrenal, pero olvidados, marginados.

Enrique Oliva - 30/11/06
Fuente: Argenpress.info

G.F. dijo...

Que groso, para que no nos olvidemos que martires hubo y va a haber muchísimos, esta gente que da todo por un ideal, por una causa, son los mejores ejemplos para anteponer a quienes se llevan "todo" en nombre de una idea o a quienes viven muy cómodos por que negociaron la sangre de sus compañeros. Gracias Jorge por traerlo al recuerdo. Abrazo. Gonzalo,.

Jorge Y. de la G. dijo...

Gracias Gonzalo, se me chispoteó el link de El Ortiba, aquí está.

Un abrazo.