El caso Deltec
Deltec Internacional era una firma inglesa que, desde el año 1900, era el único comprador y distribuidor de la carne argentina, a través de sus frigoríficos Swift, La Blanca, Armour y La Negra (*). Estas empresas integraban una cadena de frigoríficos que, instalados en Brasil, Uruguay y Argentina llegaban a totalizar 25 plantas. Los puertos de embarque eran 7: Bahía Blanca, Buenos Aires, La Plata, Montevideo, Paranaguá, Santos y Río Grande.
En 1968, Deltec Internacional y el King Ranch, de origen estadounidense, se asociaron para formar la empresa Deltec Panamericana. El objetivo era adquirir la mayor cantidad de tierras en la pampa húmeda, en el Uruguay y en el sur de Brasil, que sumaban un total de alrededor de 1,4 millón de kilómetros cuadrados y 140 millones de cabezas de ganado. Esta última cifra superaba en tres veces las existencias de Europa Occidental o de Estados Unidos, según una estadística de 1970 elaborada por el Ministerio de Agricultura de Washington.
King Ranch se encargaba de la crianza, mientras que Deltec era la empresa que procesaba la materia prima. El objetivo era claro: monopolizar el negocio de la carne. Llegó a poseer en Venado Tuerto, Santa Fe, unas 35.000 hectáreas y en el sur de Brasil algo similar. Se estima que en 1970 ya había alcanzado en total unas 200.000 cabezas de ganado, entre los dos países.
En 1967, durante la dictadura de Onganía se investigó a la empresa Swift por evasión de divisas. Pero el desarrollo de las pesquisas fue complicado y trabado desde sectores del propio gobierno. Por ejemplo, se demoraban ciertos pedidos, incluso los realizados por Onganía, que se efectuaban al Banco Central solicitando informes acerca de la evasión. Las razones que explicaban estas dilaciones tenían que ver con personajes que ocupaban importantes cargos públicos pero que, a la vez, tenían intereses ligados a la empresa investigada. Por caso, Ernesto Malaccorto, vicepresidente del Banco Central, tenía participación en el negocio de la carne e incluso había sido uno de los enjuiciados en la década del '30 a raíz de los informes de Lisandro de la Torre. Por su parte, Adalbert Krieger Vasena, ministro de Economía, una vez que renunció a su cargo en 1969, de inmediato pasó a ocupar la Gerencia Regional para el Área de Latinoamérica de Deltec Internacional.
En 1970, cuando Krieger estaba alejado de la función pública, el juez Salvador María Lozada decretó la quiebra al frigorífico Swift por una evasión fiscal de 25 millones de dólares. A esto se sumó la decisión de la Fuerza Aérea Argentina de oponerse a que el Estado le vendiera a King Ranch unas 80.000 hectáreas en la zona de las Islas Lechiguanas, en la Mesopotamia. Estas dos acciones detuvieron la expansión de ese gigantesco monopolio ganadero.
Una muestra de la envergadura de Deltec se conoció durante el juicio por su quiebra, cuando se pudo comprobar que en los balances de 1966 la empresa había tenido una ganancia de 2800 millones de dólares por la venta de carnes en el mercado internacional. Para entonces la balanza comercial argentina tenía un superávit de casi 1600 millones de dólares. Es decir, que la ganancia de esta empresa superaba ampliamente el saldo comercial de la Argentina. ¿En qué consistía el negocio y por qué la Argentina resultaba perjudicada?
Hasta 1970 la carne que se vendía a Inglaterra no poseía un precio fijo. La carne era subastada en Londres entre las 7000 carnicerías de todo el país y, como aproximadamente 3700 eran de Deltec, los precios eran ajustados de acuerdo a sus intereses. Los fletes hacia Inglaterra también quedaban en poder de la empresa, dado que poseía sus propios buques. Los seguros se efectuaban a través del Lloyds, también propiedad del grupo, y la Argentina se hacía cargo del flete interno en Inglaterra. Por entonces, la tonelada de carne costaba unos 400 dólares, y a la Argentina sólo retornaban 180 dólares.
En Londres, la revista International Manager, en uno de sus números de octubre de 1970, publicó una circular que Deltec dirigió a sus gerentes de ultramar en la que se describía de una manera clara y precisa el accionar inescrupuloso y hasta desafiante que tenía la empresa: "Probablemente no sea sabio enviar afuera a un Gerente con sentido moral muy firme. En muchas situaciones tendrá que buscar compromisos. En ciertos países, por ejemplo, no se pueden adelantar negocios sin comprar algunos funcionarios públicos. El Gerente que no esté dispuesto a proceder así, bajo ninguna circunstancia debe ir a países donde esa es la costumbre. El Gerente ha de plegarse a las convicciones del país donde está y en muchos el soborno no es un pecado. En algunos países hay miembros del gobierno que lo toman como una especie de recompensa en su carrera, que puede ser muy corta".
Historia de la Economía Argentina del Siglo XX - Fascículo 32, El Plan Krieger Vasena, Ed. La Página, p. 510.
(*) Humildemente, yo objetaría el adjetivo "único", ya que también existían p.ej. el frigorífico Anglo de la Vestey Brothers o el Liebig, que no pertenecían a esa cadena.
Como es de imaginar, ante la investigación que llevó a cabo el Dr. Lozada no faltaron las voces interesadas, los editoriales y las columnas de opinión de los diarios "serios", que hablaban de "nacionalismo trasnochado", "enemistad con la libre empresa" o de que "así no iban a venir inversores", etc.
En cuanto al Dr. Krieger Vasena, no está de más recordar que apoyó la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz durante el Proceso, en especial la "tablita cambiaria"; que respaldó con entusiasmo las privatizaciones, las reformas del Estado y el plan de convertibilidad durante los '90, y que fue uno de los primeros en proponer la privatización del sistema previsional. Como para no decir, genio y figura hasta la sepultura.
P.S.: El modus operandi de Deltec en el comercio de la carne no era ninguna novedad en 1970. Sin remontarnos a las denuncias de Lisandro de la Torre en los años '30, podemos leer un texto magistral sobre el tema escrito entre 1956-57 por un exiliado célebre, al que algunos llamaban "el tirano prófugo":
"¿Quién fija el precio que Gran Bretaña (paga por la carne) a la Argentina? El doctor Mercier o el señor Ortega (**), contestan impávidamente: el mercado, la ley de la oferta y la demanda. Pero eso es inexacto. Irrisoriamente falso. ¿Conocen los argentinos cómo se fija el precio de esa importante riqueza nacional? Es bueno que lo sepan. Todos, incluso los que dormitan en los sillones de la Casa de Gobierno, o los que velan en los cuarteles. (...) Se dice que la carne argentina se manda al mercado inglés "en consignación". ¿En qué consiste? En que los frigoríficos embarcan, se llevan el producto y un tiempo después les presentan a las autoridades argentinas una cantidad de papeles. Aquí está la liquidación -dicen-. Sí, ahí dice que una partida ha sido vendida a un mayorista a un precio dado. Descontado el impuesto, el flete, la comisión, los gastos de mercado, etc., queda un saldo. Y ese saldo es lo que se llama precio F.O.B. Buenos Aires. Es lo que cobra Argentina (...). ¿Es o no una farsa? Tomemos el caso del Anglo; presenta una liquidación. ¿A quién vendió? A un mayorista. Pero éste es tan Vestey Brothers como el Anglo. Se vende a sí mismo. ¿Qué precio fijan? El que ordena Vestey Brothers. Ellos dirán dónde se radica la ganancia, distribuyéndola entre la empresa de transporte, el mayorista, o el minorista. Pero las autoridades argentinas se tragarán esa documentación y el señor Ortega tomará el micrófono para explicarles a los argentinos que se trata del precio fijado por la oferta y la demanda. (...) Esa es la verdad acerca de la comercialización de las carnes argentinas en el mercado inglés. Ellos ("los caballeros que manejan el monopolio británico") son los que establecen cuánto ha de percibir la Argentina. En una colonia de cafres gobernada por un virrey, no podrían hacer nada peor (...)."
Juan Domingo Perón, Los libros del exilio 1955-1973, t. II, Buenos Aires, Corregidor, 1996, p. 90-91.
(**) Funcionarios del gobierno "de facto" de Pedro Eugenio Aramburu.

