martes, febrero 06, 2007

Por fin



puedo decirlo abiertamente, sin orgullo ni vergüenza: no participé para nada en los sucesos de diciembre de 2001 ni en sus secuelas asamblearias y demás yerbas (ojo, tampoco me dediqué a manguerear a los manifestantes, como alguna vez contó que hizo Rollo). Nunca supe bien si porque no tenía plata en el corralito, porque el caceroleo me hacía acordar de las señoras chilenas pidiendo el derrocamiento de Allende, porque ya estoy crecido para esos trotes, o por qué corno. Sin embargo solía hacerme la pregunta: ¿hubo que esperar a que el país llegara al borde de la desaparición para salir a la calle? Más de una vez estuve tentado de decirle a algún asambleísta exaltado: macho, se acordaron tarde, ya se llevaron todo (a propósito, ¿alguien recuerda al personaje del arqueólogo Helmut Strasse, que hacía Tato Bores en 1992? qué profeta).

No soy un lector habitual (sino más bien excepcional) de Perfil. Pero me enteré de que hace unas dos semanas salió ahí un artículo de Nicolás Casullo que provocó cierto revuelo. Cuando lo leí me dije: eso es lo que pienso yo (que es lo mismo que pensaba hace cinco años). Listo, ya estoy justificado. Adelante, maestro.


Frío en febrero: la media clase media
por Nicolás Casullo

Por ese tiempo, un amigo –hoy trabaja en Perfil– solía pasar a buscarme por casa y desayunábamos a la vuelta, en Bustamante y Córdoba, para referirnos, entre medialunas crocantes, al gentío insurgente y cacerolero en busca de sus depósitos expropiados por Domingo Cavallo. En aquellos encuentros para el café con leche, mi amigo me contaba cómo, por las noches, asistía a algunos de los “soviets” de Almagro y más o menos se aburría, aunque interesado en una vecinita exaltada al escuchar cómo un forastero llegaba al barrio-barrio, un desconocido del PO que aparecía siempre puntualmente a las 20 y 45 escurriéndose entre la ronda de asambleístas para pedir la palabra y proponer la expropiación del comercio exterior y plantarse duro frente al imperialismo desde Argentina y Afganistán, mientras el abuelo del quinto “B” planteaba aprobar que todos se conocieran un poco mejor a través del amor.

Mi amigo pensaba, con respecto a la vecinita, que tenía chance porque el trosco era rubiecito y entrador, pero latoso; entonces me pedía letra para retrucarle delante de ella. Por ejemplo, con la interpretación de la teoría leninista del eslabón más débil: calculaba que eso era suficiente porque la piba parecía una iletrada en cuestiones marxistas y más inclinada al arte joven. Yo me había acercado algunas veces de ese enero a la asamblea de Scalabrini Ortiz y Santa Fe a charlar con un par de psicoanalistas amigos que habían quedado varados en Baires por escasa capacidad monetaria, retrasando su viaje a Cariló para escuchar –en la disciplinada ronda de la esquina– sobre dietas y pesos corporales nocivos en la voz de un cotizado homeópata que regalaba su capital médico, gracias a la impericia gubernamental de De la Rúa.

Mi amigo me hizo recordar aquella nota que escribí en medio de ese incendio estival de 2002, mientras mis amigos se extasiaban pergeñando artículos y columnas sobre el pueblo clasemediero capitalino y suburbano que, por fin, despertaba de su letargo frente al sistema capitalista opresor y se ponía del lado de las mayorías hambreadas de América latina. Mi idea había sido semblantear a vuelo de pájaro –como si retratara a mi vieja y numerosa familia de antaño– la genealogía de esa querida gente, de pronto soliviantada contra los bancos y los diputados. En especial, recuerdo, contra los diputados formoseños. Aquí va parte del texto escrito bajo el título “Qué clase mi clase sin clase”:

"La dificultad para dar cuenta de los elementos que componen la encrucijada argentina termina convirtiéndose –en nuestras intensidades mentales y café de por medio– en la tentación cotidiana de encontrar cada quince minutos y sin mayor dificultad, el enigma revelado de lo nacional que nos hace. Esto es, descifrar después de cualquier noticiero de estos días –con el resto de saliva que nos queda y haciendo que miramos la ventana cuando ya no miramos nada– los secretos increíbles y finales del ser argentino, desde una divagación reduccionista y apenada por el papelón ante los ojos del mundo.

Así es, se trata de autoorientarnos en un presente tenebroso, teniendo claro únicamente que nuestra inspiración se agiganta cuando nos topamos, de tanto en tanto, con el protagonismo de los descuajeringados ‘segmentos’ de clase media. Representantes diversos, sobre todo de la capitalina, con sus protestas y cacerolas en las calles del estío y diciendo al resto de la familia –después de agarrar la champañera y un tenedor–, salgo y vuelvo; voy a voltear a un presidente, déjenme la cena arriba de la heladera. En ésa estamos. Digo, de pronto encontrarse no ya con Walter Benjamin o Michel Foucault sino persiguiendo al arcano cultural de tía Matilde.

Si uno hace historia de esta clase media, historia barata, que no cuesta mucho, gratis, diría, cuando tenemos el sueldo encanutado, podría argumentarse: una clase media que viene de un radiante y a la vez penumbroso viaje. Viene desde aquella su ingenua estación inaugural de los años 50, donde él se puso el sombrero y la corbata con alfiler, ella la permanente y la pollera tubo, y ambos salieron casi virginales pero envenenados a festejar en la Plaza de Mayo la caída de Perón al grito de ‘no venimos por decreto ni nos pagan el boleto’. Cancioncilla tan escueta como cierta, interrumpida por saltos en ronda a la Pirámide para entonar ‘ay, ay, ay, que lo aguante el Paraguay’, sin ningún tipo de grosería ni mala palabra con las que hoy se luce cualquier animador de pantalla, pero nunca mi padre.

Después, la clase volvió a meterse en casa para advertir, con menos recelo, que los morochos sobrevivían a todos los insecticidas ideológicos y censuras, y para dedicarse no sin cierto cansino asombro a departamentos en consorcios, fiats en cuotas y palmitos con salsa golf y rosados. Recién a fines de los ‘60, principios de los ‘70 el gran estamento medio recibió la primera monografía fuerte a componer, de la cual culturalmente no se repuso nunca jamás, para entrar en cambio en el jolgorio y la confusión liberadora de distintos eros. Fue cuando los hijos, ya grandulones, arruinaron cada cena o almuerzo dominguero con la ‘nacionalización de las clases medias’, al grito, en el comedor en L, de: ‘Duro, duro, duro, vivan los montoneros que mataron a Aramburu’.

Tamaña reivindicación de arrabaleros no estaba en los cálculos de la clase media blanca de abuelos migradores, pero nadie se arredró en la cabecera de las mesas ni escurrió el cuerpo en la patriada –hay que admitirlo–, aunque apenas entendiese la metamorfosis de la nena que además copulaba en serie con novios maoístas, peronistas y con dudosos nuevos cristianos. La cuestión era la liberación de la patria frente a una vergonzosa dependencia al imperialismo, también tirarles flores desde los balcones a las columnas infinitas de la JP que gritaban ‘paredón’; y votar sin vacilaciones, en marzo del 73, a ese candidato cuyo lema en los carteles decía: ‘Ni olvido ni perdón, la sangre derramada no será negociada’.

Tiempo y silencio le costó volver a salir otra vez a la Plaza después de esa canita al aire. Prefirió desde el '76 salir a Europa, a Miami o a la frontera del norte misionero en largas columnas de autos compradores de TV a color, al grito desaforado en los embotellamientos de ‘Argentina, Argentina’, tal vez porque también en colores habían sido los goles de Kempes. Sin duda se trataba ya del imaginario de una clase más bien desquiciada pero no culpable del todo: en historiografía todas las conductas colectivas no tienen un psicoanalista sino la justificación de los contextos. Regresó a la Plaza, emocionada y agradecida por no escuchar más sirenas policiales ni rumores sobre la casa de la esquina, para vociferarle presente con banderitas argentinas al beodo general de las Malvinas con un resto patógeno del nacionalismo de los '60-'70 oliendo a alcanfor, para pensar que los chicos, allá en el sur bélico, eran como los del exilio o los que seguían en cosas raras: era fatalidad, violencia, guerra, delirio, caminos ciegos de la multitud en la plaza que siempre le pusieron, a la clase, la piel de gallina emocionada. Dulce y patriota tilinga.

Es una clase, entendamos, que no descarta ni parte en dos nunca las aguas. Que las amontona, sin decidirse por ningún telos de la historia. Los acumula escondidos en el placard como cartas de otro novio, no del marido cuando joven. Coleccionista histérica y siempre arrepentida: así apuntan algunos sesudos que la estudiaron por años. En el '83 caminó las calles con los jóvenes de peugeot y boinas blancas apostando por la vida radical frente a un peronismo cadavérico cadaverizador. Festejó, danzó, cantó, se olvidó de sí misma y sus años recientes. Más tarde mandó a los más jóvenes a las plazas de la memoria de la muerte, pero ya no pudo relatar su sencilla biografía como sucedía en los '50 y '60, sino sólo fugazmente, a retazos: ¿qué, cómo, cuándo, dónde estoy, estuve, no estaba, quién, ella, no, yo? ¿Hasta Ezeiza caminando, papá? ¿Y vos qué hiciste ese día, abuela? ¿Y dónde murió el tío?

Una última vez salió la ingrata con el gorro frigio, en absoluta dignidad y defensa de los valores señeros de una crónica tan patria como esquiva. Gritó, entonó, puteó como siempre, pero justo ese día empezaron a decirle canallescamente pura verdura: la casa está en orden, festejen tranquilos las pascuas. Al otro día nadie confabuló, nadie se reunió a decidir, no se conoció un solo panfleto que resumiese el programa nacional clasemediero, pero lo cierto es que no volvió a vérsela junta, sobre el asfalto, por quince larguísimos años.

Ella es entonces como napas inclementes de ella misma. Como subsuelos abollados de sus gestos unos contra otros. Como recuerdos surcados por lombrices. Como una maroma amontonada de liberación nacional, Evita socialista, deme-dos, plazo fijo, abajo Holanda, la tablita, el miedo, algunas locas de la plaza, piratas ingleses, son argentinas, nos los representantes de la nación, democracia, aparición con vida, si se atreven incendiamos los cuarteles, están asaltando las góndolas, cerrá las celosías, espiá por la ranura, ¿qué pasa, mi amor?, ¿son los cabezas otra vez? Como amasijo, un día finalmente le llegó el cansancio en el alma. Que es la venta del alma, dicho de otra forma.

Para colmo, se moría la clase obrera, testigo de todo para el día del Juicio Final. Para colmo, se vendió el país, el peronista Menem instrumentó la utopía y pesadilla: la convidó, la invitó, la enajenó, la cosificó según Marx, la subyugó “uno a uno”, remató una vieja nación coronada su sien, liquidó identidades, lenguaje, nombres, pequeñas tradiciones, recuerdos, ideología. Y tuvo en esa clase media uno de sus buenos soportes simbólicos, concretos y votantes, cuando la ilusionó de que no existían más ni peronistas ni gorilas, ni izquierdas ni derechas, ni arriba ni abajo, ni ricos ni pobres, ni primero ni tercer mundo. Cuando ya no existían tampoco políticos sino sólo la promesa de bancos siempre abiertos para cualquier hombre de bien. Y para que nada de eso se tocase, para que nada torciese el espejismo ni el rumbo, el hombre-nada fue votado por la clase: Fernando.

Ahora vienen los sociólogos exitistas o agoreros de siempre. Intelectuales. Apuntan: clase media heroica en las calles anulando la dieta de los diputados de Formosa como salida histórica para toda América latina. Clase media corajuda, pueblo irredento de las cacerolas con las cabezas de los nueve delincuentes de la Corte adentro. Clase media volteadora a ollazo limpio de gobiernos impostores que parecían eternos. Clase media puta, nieta legítima de sus abuelos tanos y gallegos angurrientos de morlacos, dicen. La Argentina únicamente valió si te daba guita, después no existe: así dicen de la pobre clasecita, ahora a los alaridos frente a la Rosada y rodeada de temibles saqueadores casi en pelotas. Porque salió otra vez a la calle, por fin. Acorralada. A corralito y lanza en mano, esencialmente. Ahí anda embistiendo. El enemigo son los políticos. No, es la izquierda. No, los corruptos. No, es la petrolera. No, es el populismo y la demagogia. No, son los bancos. No, son las empresas privatizadas. No, es el liberalismo. No, son los gallegos imperialistas como en 1810. No, son los negros peronistas otra vez en la Capital. Anda desorientada la pobre, pero soliviantada como nunca.

La propia historia que relato –antojadiza, falsa, liviana, inoportuna– devela el interesante claroscuro de la clase analizada. Sus extrañas medias tintas. Sus románticas luces y sombras espirituales. Sus insondables claros de luna. Sus materialistas intracontradicciones objetivas, diríamos allá por 1972, donde todo era salvable. Ahí está, cenicienta y ramera con su fuerza y su talón de Aquiles. Llama a las revoluciones pero un plazo fijo la embota como niña enamorada adentro de un granero. Ahora su lógica navega al compás de movileros descerebrados, cámaras amarillas de Crónica TV, al ritmo de su justa furia por dólares encarcelados, por su real hartazgo de una clase política que nada hizo cuando el país desapareció, sino que casi se fue con él.

A lo mejor, algún día, pueda volver a contar su biografía. Igual que antes, allá por los '50, cuando no había salido del patio de magnolias."

Esta nota cayó tan mal en el universo periodístico cualunquista y protofascista afectado por el corralito que desde canales de cable y radios ignotas me llamaron para entrevistarme, así como desde el territorio intelectual, artístico, académico, universitario, y de la izquierda socialdemócrata y marxista acérrima. Quedé solo en el mundo y hacía frío en febrero. Aducían que le faltaba el respeto biográfico al nuevo sujeto antiglobalizador. La salida abrupta del modelo menemista, así como encontró una estampida contra los bancos posdolarizados, despertó en el campo cultural pensante una larga sesión eroticopolítica por la cual el intelecto nacional bienintencionado eyaculó una suerte de goce postergado en memoria de las “bases” protestatarias, luego de tanto uno a uno anestesiante. Y si bien esos meses de furia y rencor contra el modelo fracasado que los traicionó vilmente le cambiaron el rostro a muchísimos porteños y conurbanos, si bien ese tiempo transformó la política en una coctelera, la desfondó, sigue sacando a “irrepresentados” a la calle casi todos los días. Lo cierto es que en cuanto al carozo ideológico, al año y medio todo volvió a ser pensado como siempre.

De todos lados llovieron críticas a mi nota, críticas que sostenían que en Buenos Aires la fraternidad social iba en serio y se había acabado una Argentina porteña histérica y conservadora. Que un nuevo reino patrio nacía desde cada propiedad horizontal en rebeldía, desde cada una de las reuniones ampliadas de consorcios unidos. Que lo anarco, lo ácrata, el contrapoder y la contrapolítica de los sectores medios obligaban a llamarlos ahora de otra forma, desde el momento que se abrazarían con los piqueteros, con los niños pobres, con los transexuales, que entenderían los males sociales y plantearían un amplio espíritu solidario, socialista, humanista y progresista frente a cada problema en relación con el feminismo, con la seguridad ciudadana, el aborto, la educación sexual, las condiciones carcelarias, el delito de menores: una post clase, en fin, que estaba dispuesta en Recoleta, Olivos, Palermo y Núñez a hacer del trueque de repostería casera por ropa usada su forma definitiva de vida, le fuese como le fuese.

Amigos y no tan amigos, articulistas de libelos rojo subido, amantes del subcomandante Marcos, lectores de Toni Negri y John Holloway, traductores de Paolo Virno, fervorosos peronistas, peronachos desilusionados para siempre y gorilas desde las ramas más altas de los árboles vieron en esa embestida de cacerolas y asambleas un gran caleidoscopio imaginario que contenía desde la resistencia a las cuartas invasiones inglesas hasta el último cordobazo obrero, disfrazado ahora al calor del estío. Recuerdo: algunos pidieron silencio porque estaba hablando “el pueblo de uno”, que en todo caso era más cordial que los “cabezas” que te pueden salir con cualquier cosa con dos tetrabrick adentro; otros soñaban que la caída de “Chupete” Kerensky era el momento bolchevique elucubrado desde 1919; y también estaban los que celebraron el fin definitivo del peronismo y la viabilidad de un gobierno de vecinos de Colegiales y Belgrano, para hacer frente al mundo globalizado y guerrero de Bush. Aparecieron los que saltaron de la derecha del Frepaso a pedir una asamblea constituyente que destituyese de inmediato los tres poderes históricos de la república; también los que veían en Acoyte y Rivadavia arrozales con vietnamitas escondidos, la silueta de Franz Fanon en medio de una tormenta de arena en Argel, la democracia ateniense todos con camisón blanco y platicando en Parque Centenario, las nuevas formas místicas del contrapoder en manos de peligrosísimas amas de casas violentadas por los dólares encanutados, o los consejismos proletarios de Gramsci en el Turín de las revueltas.

—Gente grande, y mirá lo que escriben– decía mi amigo, mientras le daba al café con leche, a veces con tostadas y sin dejar de pispear los diarios.

Ojalá hubiese sido algo de eso. Pero no era algo de eso.

¿Me entiende usted?

jueves, febrero 01, 2007

Último momento

Hoy, como tantas otras veces, la historia vuelve a ser noticia.


Vicealmirante de Massera se consideró responsable del genocidio y defendió la obediencia debida

Mendía puso la firma

El detenido vicealmirante retirado Luis María Mendía asumió hoy la autoría, en 1976, del "Plan de Capacitación contra la insurgencia terrorista de la Armada Argentina" (Placintara), que entre otras acciones represivas incluía los tenebrosos "vuelos de la muerte". Siguiendo los argumentos de Alfredo Astiz, culpó a servicios franceses del asesinato de Alice Domon y Leonie Duquet.

Al ampliar esta mañana su declaración indagatoria, el ex jefe de Operaciones Navales, de 82 años, se hizo cargo de que el Placintara "llevaba mi firma" y admitió que "como jefe de Operaciones Navales impartí órdenes a mis subordinados basadas en reglamentos militares y las disposiciones dictadas por el Gobierno Constitucional de "Isabel" Perón y de Italo Luder".

Exaltó a sus subordinados porque "combatieron con abnegación, valor, valentía, subordinación y heroísmo durante los ocho años que duró la guerra contra las organizaciones subversivas y terroristas" y "en ningún momento se excedieron en el cumplimiento de las órdenes recibidas del Estado Mayor, las cuales fueron fidedignamente cumplidas".

Mendía, quien fuera "número 3" de la Armada cuando el comandante era el almirante Emilio Eduardo Massera, vistiendo traje y en muletas fue trasladado desde su casa, donde cumple prisión preventiva domiciliaria, a ampliar su declaración indagatoria en el juzgado federal número 12 de Sergio Torres, que lo procesó por 151 casos de torturas y secuestros.

El marino hizo hincapié en que existía la obediencia debida dentro de la Armada y rescató que "los oficiales y suboficiales" de la fuerza "injustificadamente se han tomado como chivos expiatorios... porque ellos eran muy jóvenes y cumplían órdenes militares dadas por almirantes que asumían toda la responsabilidad al hacerlo".

Asimismo, Mendía abundó en la teoría de que "las fuerzas armadas nada inventaron el 24 de marzo de 1976 sino que simplemente aplicaron a rajatabla la legislación vigente" en la época, es decir los anteriores decretos del Gobierno de "Isabel" Perón que mandaban a los militares a "aniquilar el accionar de la subversión".

Por eso recordó que ya en el Gobierno de Isabel se produjeron "asesinatos y desapariciones de ciudadanos argentinos y extranjeros como Héctor Fagetti Gallego (Mendoza) y Maurice Jeaguer (Tucumán)", por lo que pidió al juez que cite a declarar de testigo a la viuda de Perón y al ex presidente provisional Luder.

También planteó que convoque al diputado nacional Carlos Ruckauf y a Antonio Cafiero, ambos ministros del Gobierno de Isabel Perón.

Al igual que había hecho la semana pasada el ex represor Alfredo Astiz, señaló a Francia al insistir con la teoría de "la directa intervención de los servicios secretos y de inteligencia franceses en la comisión de los hechos que aquí se encuentran bajo investigación", más específicamente en los secuestros de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet.

En ese sentido, igual que Astiz solicitó la captura del ciudadano francés René y/o Bertrand de Perseval o Parseval -el cuál según ellos fue visto en el secuestro de las monjas- "a los fines de profundizar la pesquisa respecto de la actuación de los servicios secretos y de inteligencia franceses" en la represión ilegal a los ciudadanos de origen galo.

Finalmente, pidió que se cite como testigos al ex presidente y ex primer ministro de Francia, Valery Giscard D'Estaing y Pierre Messmer, respectivamente, más el embajador, diputado y periodista franceses, François de la Gosse, Noël Mamère y Marie-Monique Robin.

Fuente: DyN


El Sr. vicealmirante retirado asume su responsabilidad, pero también reparte para otros lados como para que tengan. Como parece estar de moda por estos días, le apunta a Isabel, Luder y sus ministros (igual eso no es novedad, ya lo hacían los defensores de los ex jerarcas durante el juicio a las Juntas). Pero lo interesante es que ahora los genocidas señalan a sus instructores y profesores franceses. Marie-Monique Robin es la realizadora del documental Escuadrones de la Muerte-La Escuela Francesa, de visión imprescindible (al igual que la lectura de esta página). Qué paradoja, un documento que muestra de manera impecable la génesis del terrorismo de Estado, ahora sirve a la defensa de los reos de los crímenes del mismo terrorismo de Estado. Una paradoja como otra que se muestra en el mismo documental: la película La Batalla de Argelia de Gillo Pontecorvo, venerada por la juventud politizada de los '60 y '70, fue usada como elemento instructivo en los cursos de contrainsurgencia. Cosas vederes, Sancho.

(El documental de Robin se puede bajar de la web p.ej. con el eMule, yo tengo esta dirección:
ed2k://file-=ArgentoP2P.net=-.Escuadrones.de.la.muerte.-.La.escuela.francesa.-.By.Grupo.Rippers.avi
423725838DD6075E53357D3A9AA8BCB6C94C024F1/. Si no funciona, usar el buscador de la mula).


Post Scriptum: volví a ver el documental. Y quizá uno de sus puntos flojos sea que (aunque se intenta) no se logra demostrar ninguna conexión francesa en el secuestro de las religiosas Domon y Duquet. No hay ninguna prueba de que el ex-OAS De Parseval haya participado en el operativo de la Iglesia Santa Cruz (ver esta nota). Así que intuyo que lo que intenta el Sr. abogado de los represores es embarrar la cancha y alargar los tiempos. En mi humilde opinión, no va a andar.

miércoles, enero 31, 2007

La memoria

Allá lejos y hace tiempo, una de las lecturas corrientes de la muchachada de la Fede(*) y yerbas similares era el Reportaje al Pie del Patíbulo, del periodista y militante comunista checo Julius Fucik. Quizás no muchos pensaban entonces que en nuestro país ocurrirían hechos muy similares a los que se narran en ese libro (ver aquí).
(*) Federación Juvenil Comunista.

Mucha agua ha corrido desde esa época, pero el libro de Fucik contiene algunas palabras inmortales, como éstas que reencontré citadas en el notable blog Uturunco. Hoy que se reaviva el interés por nuestro pasado, vayan como una reafirmación de principios.

“Sólo os pido una cosa, los que sobrevivís a esta época no olvidéis. No olvidéis ni a los buenos ni a los malos. Reunid con paciencia testimonios sobre los que han caído por sí y por vosotros. Un día, el hoy pertenecerá al pasado y se hablará de una gran época y de los héroes anónimos que han hecho historia. Quisiera que todo el mundo supiese que no ha habido héroes anónimos. Eran personas con su nombre, su rostro, sus anhelos y sus esperanzas, y el dolor del último de los últimos no ha sido menor que el del primero cuyo nombre perdura.”

miércoles, enero 10, 2007

Ufa con el populismo (III)

No sé si es por el verano, porque la última discusión con Hal me dejó agotado o por otra cosa, pero mis neuronas blogueriles han decidido darse un descanso. Así que por un tiempo vendrán cosas que podrían llamarse saldos de la temporada 2006, si no fuera porque son textos (ajenos) que me parecen valiosos y que motivaron proyectos de posts que por una u otra razón no salieron en su momento del estado de borrador.

Empiezo por clausurar mi serie de reflexiones sobre usos y abusos de la palabra populismo. En realidad, las entradas anteriores sobre el tema debían servir de introducción a un artículo de Nicolás Casullo publicado en mayo pasado en Página/12, que conserva plena actualidad y no merece ser olvidado.


Populismo el regreso del fantasma
por Nicolás Casullo

Izquierdas y derechas: “e pur si muove”
Cuando las izquierdas revolucionarias argentinas de los '60 y '70 se desmoronaron o fueron exterminadas por la dictadura (proceso paralelo a la profunda crisis teórica y política del marxismo en Occidente) también murió una biografía crítica al populismo, al peronismo. Crítica dogmática e iluminista sin duda –pero digna de atención– contra las causas que se pensaban guías equivocadas y burguesas de las mayorías populares.

Digna de atención, digo, porque existieron en la larga crónica moderna nacional querellas duras e irreconciliables que remiten a una crítica histórica entre políticas progresistas y populares. Posturas que hablaron desde determinadas cosmovisiones, experiencias, argumentos, teorías y éticas en cuanto a discutir el mundo injusto. A diferencia de lo que hoy expone y esconde el debate sobre el populismo en boca de Bush, Condoleezza Rice, José María Aznar, Mario Vargas Llosa, Silvio Berlusconi, sobre quienes se apoyan los defensores de la década menemista y ahora ciertas voces de una república liberal conservadora perdida, a reponer moralmente frente a un populismo demonizado.

Aquel cuestionamiento de las izquierdas le planteó siempre al peronismo, al caudillismo irredento que lo caracterizó, una lectura de larga prosapia, que dio cuenta de una hermandad fallida entre el clasismo proletario y el movimientismo nacional. Dos maneras distintas, pero a la vez concurrentes, de mirar la injusticia social y cultural como dato casi absoluto, a veces por demás temerario y reductor, desde la política, de importantes cuestiones. Dos maneras de entender a las masas democratizadoras, de tratar de involucrarse en su destino. Y de reconocer a los enemigos a superar para modificarlo. Esa había sido la historia sobre todo desde 1945-55, desde aquel desenlace.

Lo preocupante es cómo ciertas posturas que hoy se sienten o se dicen progresistas han perdido todo contacto con ese legado de los desencuentros entre políticas populares que sostuvieron tales debates sobre el populismo, para deslizarse –como muchas otras cosas– hacia el campo ideológico del neoliberalismo y de la cultura conservadora, y seguir tratando la cuestión del peronismo “como si fuese la misma” pero desde las antípodas ideológicas. Desde una actualidad donde vuelve a hacerse presente –perdón por el anacronismo– una lectura distinta y rotunda de clase social.

Hoy se describe el populismo de Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Evo Morales, Luiz Inácio Lula da Silva, Andrés Manuel López Obrador, desde un claro hegemonismo argumentativo reaccionario que vuelve bastante patético a cierto progresismo opositor, en cuanto a que borró toda la elaboración que las izquierdas (las más y las menos radicalizadas) habían realizado como comprensión afiatada del fenómeno y significados del populismo latinoamericano, largamente teorizado desde el primer estructural funcionalismo de Gino Germani y Torcuato Di Tella, luego por las teorías de la dependencia, más tarde por los estudios gramscianos, postalthusserianos, y ahora por tesis críticas a formas de la globalización. Esto es, casi medio siglo de debate. Quiebre entonces con este linaje argumentativo, para retrotraerse ahora –como progresía reactiva y antiperonista– a un lejanísimo tiempo de las izquierdas argentinas sorprendidas y desmedidamente ideologizadas por la cultura oligárquica durante los acontecimientos de 1945/46 y las realidades de la segunda posguerra europea.

En el presente se ha instalado –a partir de una supuesta o imaginaria “desaparición” de fuerzas democráticas drásticamente enfrentadas en lo económico y social– una progresía que analfabetiza la política y termina por corroer la memoria sobre la espinosa lucha de un pueblo. Enuncia desde un lugar donde las palabras vuelan por el éter informativo sin necesidad de anclaje alguno en la realidad, y las diatribas contra el populismo flotan en la massmediática magia de la extinción de todo referente. Como cuando Elsa “Tata” Quiroz, secretaria general del ARI, sentenció hace unos días que “siempre nos plantean que López Murphy está a la derecha, pero resolver el problema del hambre no tiene que ver con izquierdas o con derechas”.

Este curioso progresismo conservador argentino, entre otras cosas antipopulista e instalado hoy precisamente en la derecha de una historia político intelectual del país, es hijo de nuestros años ’90, que no solo dieron corruptos peronistas o tarjetas banelco sino algo similar a eso pero también desplegado en el todo cultural. Fenómeno que aparece como síntoma profundo de las pérdidas de ideas sufridas en un largo y reciente período, que no sólo angostó categóricamente la participación trabajadora en el producto bruto, sino que de manera concomitante elitizó y a la vez barbarizó la práctica política que hace referencia a lo popular: a la biografía y lucidez política del pueblo llano.

Una antigua historia
De remontar la cronología sobre este tópico político puede llegarse hasta Karl Marx y su discusión crítica contra el populismo ruso. Intelectuales mesiánicos a los que su propia obra había alimentado, por caminos que sólo enigmáticas y apasionadas traducciones de las militancias hacen posible. Movimiento campesino populista eslavo sobre el cual Marx sin embargo reconoció, en 1881, que tal vez podía llegar a ser el punto de partida para un posterior comunismo siempre que lo acompañase una revolución proletaria en Occidente, tal cual lo afirmó en el prefacio a la edición rusa del Manifiesto.

El recelo a esas ideas nacionalistas “míticas” sobre un pueblo homogéneo y compacto amenazado por enemigos internos y externos, siempre crispó los nervios del marxismo, para el que todo populismo fue política burguesa que excluía la lucha de clases, conciliaba el conflicto social, retrasaba la autonomía y el internacionalismo obrero y carecía de base teórica materialista que lo emparentase con la verdadera revolución en la historia.

Más tarde el marxismo leninismo fue todavía más descreído que el propio Marx en cuanto a esa configuración popular. Lenin, que lo había sido cuando joven y conocía los latidos del populismo, lo acusó de “romanticismo económico” y de “utopía conservadora pequeño burguesa” en su lucha ideológica sin cuartel a fines del XIX contra las llamadas falsas revoluciones. Aunque en un momento reconoció en Contenido económico del populismo que dentro de ese conglomerado “había que distinguir sus aspectos reaccionarios de los progresistas”.

Esta línea se prolongó como un clásico de las polémicas del siglo XX hasta los ’70, donde, por ejemplo, en un documento de esos años bajo rúbrica extremista de Mario Roberto Santucho puede leerse la necesidad de “luchar contra el populismo y el reformismo, políticas ligadas a los intereses imperialistas”, para acotar seguidamente: “Montoneros es una corriente popular infectada por la enfermedad populista y su confianza en el peronismo burgués”. La discusión se había modernizado, sin perder virulencia. El populismo hablaba por entonces de revolución socialista.

Sucedía que para esos años hacía décadas que las experiencias populistas habían fondeado decididamente en América latina desde el APRA peruano, para convertirse en políticas genuinas plagadas de presencia popular contestataria, grandes contradicciones internas y dificultades para una definición precisa de la criatura en cuestión. El significado del populismo latinoamericano dejó atrás una vetusta dependencia conceptual que se tenía con Europa. Rompió con argumentos provenientes de Europa y de su poco envidiable época nazi-fascista. Por cierto, desde el viejo continente desembarcaron en nuestros lares y perduraron hasta fines de los ’50 en el credo liberal, una idea de populismo que ya no fue sinónimo de mujik ruso ni de farmer de EE.UU., sino del ardito del fascismo, el volkisch del nacionalsocialismo y de guardia de hierro rumana.

Sin embargo, en el nuevo marco político intelectual latinoamericano que se gestó en los ’60 con el triunfo del castrismo y las heterodoxias populistas del Movimiento 26 de Julio, las divergencias y polémicas entre reformismo y revolución, entre socialismo y nacionalismo, entre clase y movimiento, entre lo rural y las ciudades, entre burguesía e imperialismo, entre marxismo y peronismo, replantearon la comprensión histórica de los populismos de Lázaro Cárdenas, Haya de la Torre, Perón, Getulio Vargas o los adecos venezolanos. En este largo proceso político y teórico se desgranaron las diferentes lecturas de una de las problemáticas más fecundas y propias que expuso el continente americano en el siglo de las masas.

Figura latinoamericana
De tal bagaje de discrepancias y coincidencias entre políticas de izquierda que concibieron los cursos de las clases subalternas, olvidadas y explotadas, se puede componer una figura del populismo latinoamericano. Movimiento que diamantizó la noción de pueblo unido, a pesar de las fuertes contradicciones sociales que lo atraviesan. Constitución política alentadora de un tiempo de fuerte movilización popular de sesgo antiimperialista a partir de un liderazgo o figura carismática –el caudillo– que reúne planteos objetivos junto con categóricos emocionalismos de masas. Emergencia populista en paralelo a encrucijadas nacionales de excepción (industrialización o crisis societales agudas) que desarticulan la inoperancia de un tiempo político anterior y democratizan categóricamente las fronteras históricamente establecidas de participación ciudadana en lo político. Recuperación de formas de la cultura popular, de mitos patrióticos vencidos, de tradiciones colectivas, de formas arraigadas de identidad nacional. Remoción de mundos simbólicos culturalmente instituidos y promoción de nuevos relatos críticos explicativos de la biografía del país. Política que se va construyendo con respaldo popular recién a partir de una previa ocupación del poder gestionante, y en una compleja y arbitraria dialéctica de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Carencia de programas específicos, suplantados por condena de sectores hegemónicos enemigos (ideología del “antipueblo”) de viejo y nuevo cuño, internos y externos a la nación. Ocupación casi plena de un Estado fuerte, ultradecisionista, que pasa a estar en “manos impropias” según los sectores dominantes tradicionales de corte liberal, conservador o socialdemócrata. Privilegio de interpretaciones de sesgo socioeconómico, juntamente con una precarización de la construcción de lo político institucional.

Estos componentes del populismo forman parte de la historia campesina, obrera y de capas medias más conflictiva, participativa y rica de América latina, a la vez que más inacabadas en cuanto a sus muchas promesas incumplidas. El sectarismo de las izquierdas clasistas, la religión del marxismo con sus abstractos textos canónicos, apuntó generalmente al mundo de expectativas que el populismo despertaba al principio, para polarizarse luego en reyertas intestinas donde finalmente el pueblo no tiene voz ni voto y todo concluye en una disolución de las esperanzas y una más adecuada y demagógica “gobernabilidad burguesa” del capitalismo.

No obstante ciertas cuotas de verdad de tales críticas de las izquierdas marxistas, y aquí una de las claves de los fenómenos populistas y su arraigo en las masas, lo cierto es que esos movimientos o partidos nacionales fueron y son experiencias políticas que hicieron y hacen la historia de una conciencia popular latinoamericana ya innegociable. Esto es, el populismo como un sello del continente, como un piso propio de memoria de los avasallados, donde una humanidad castigada y mayoritaria encontró en muchas ocasiones la forma de su contradictoria rebeldía, movilización y participación, más allá de las limitaciones, instrumentaciones y pujas internas de intereses que compusieron ese armado. Y éste es el punto decisivo a destacar de la operatoria populista: la capacidad de desarrollar en los hechos la escena concreta del conflicto, y de accionar ahí tumultuosamente proyectos sociales enfrentados en lo político, en lo cultural y en lo intelectual.

En un continente de históricos poderes tanto hegemónicos como puntuales implacables en tanto dominios liberales, conservadores, militares, racistas, del gran empresariado –elencos que compusieron “las modernizaciones capitalistas”– el populismo siempre supo, y pudo, recrear formas democratizantes de presencia de bases sociales a contrapelo de esa realidad abusiva. Siempre logró hacer política de masas intervinientes. Alcanzó a perforar la crónica política establecida, repensando formas emancipatorias y creando otras mitologías nacionales a las provenientes. Posibilitó inscribir de manera bastante indeleble y desde un Estado imperativo, las hasta entonces silenciosas interpelaciones populares contra fuerzas adversarias.

El populismo consiguió politizar a aquellos inmensos contingentes sociales despolitizados por la política: por el selecto artefacto institucional de las repúblicas liberales latinoamericanas. Es decir, reunir míticamente en la atribulada marcha de la historia “un todo” contra una Historia Mala. Desde las dicotómicas banderas populistas perdieron su naturalidad aquellas supremacías de leyes y reglas constitucionales, y las “calidades” democráticas socialmente marginadoras. Esa “naturaleza originaria” de una política de clase dominante pasó a ser conflicto explícito a ojos vista, también poder opresor. Conciencia de que en América latina dolorosamente la política por lo general libera o sojuzga, sin términos medios. No solo económica sino sobre todo ideológica y culturalmente.

El nuevo libreto “post ’90”
Todo indica que fenecieron estas antiguas reyertas políticas y lecturas teóricas que por largos años tuvieron lugar en el campo de las izquierdas reformistas, comunistas, socialistas y radicalizadas con respecto al populismo peronista. Hoy el barómetro que lo juzga ha pasado claramente a una sintonía de derecha. Hoy no se lo acusa como “ismo” burgués escasamente perturbador a un orden dominante dado. Sino por populismo “izquierdista de los 70”, estatista, buscador de enemigos, desprolijo y pendenciero frente al mercado mundial, desconciliador social, que incomoda a las fuerzas armadas, a la iglesia y a los grandes ganaderos. Lo que obliga a repensar qué se dice, quién dice qué cosa, qué se ataca en apariencias y qué se ataca en realidad, desde dónde se critica y qué visión ideológica y política sobre las cosas comanda esta disputa a la orden del día a día en el presente.

En principio la embestida constante viene de las políticas liberales más reaccionarias que gobiernan económicamente Occidente, que han detectado una interferencia importante en los cursos de la globalización bajo plena dirección del mercado mundial y sus asimetrías: una suerte de actualidad imprevista y contraproducente, que no son por ahora las multitudes antiestatales y neotecnologizadas de Toni Negri, sino los viejos Estados de base popular que redemocratizan intereses desde otros códigos.

Tal vez el calificador más claro y conciso fue el español José María Aznar al reclamar “que se debe detener el peligro de la marea populista y volver a las ideas de centroderecha”. O el presidente del ejecutivo de la Unión Europea, el portugués Durao Barroso decididamente convencido frente a Evo Morales de que “el populismo es una amenaza a nuestros valores”. Parecido a Bush dos meses atrás: “El populismo es el peor adversario del libre mercado y nuestras democracias”. También fue preciso el intelectual mexicano Enrique Krause frente al candidato López Obrador, en cuanto a que resulta evidente “que muy pocos abogan hoy por un régimen comunista, pero el populismo es el nuevo objetivo, desgraciadamente algo mucho más difícil de combatir”.

Se trata entonces de situar la matriz de este embate contra formas populistas, que cotidianamente supura el liberalismo argentino con sus matices para radiografiar lo interno y externo que afecta el presente del país.

Auroleado nuevamente por un poderoso discurso extranjero a estas latitudes, la crítica o nueva caracterización del populismo perdió las connotaciones latinoamericanas y de las neoizquierdas que signaron su comprensión en décadas anteriores. Vuelve a ser, como en los años ’40, un peligro potencial de intenciones “comunista” o “fascista” (da lo mismo) mirado desde un autista primer mundo y desde las sempiternas traducciones locales de tal mirada distante, para la cual muchas mayorías políticas latinoamericanas pasaron a ser poco menos que un cualunquismo sin alma.

Este deslizamiento de óptica lo acusa ahora de autoritarismo de Estado fuerte. De aprovechamiento indebido y hegemonista del Estado democrático. De asistencialismo vertical clientelista madre de todas las corrupciones y lealtades espurias. De cultivar relaciones paternalistas concesivas ante cualquier protesta. De búsqueda demagógica de enemigos sociales, de alimentador de discordias entre intereses diferentes necesarios de conciliar.

Sin duda el punto nodal de esta crítica alarmista, vuelve a una antigua narrativa enunciada por una democracia patrimonialista a cargo de pensadores liberales selectos que perciben la polis amenazada, en tanto el populismo lesiona la calidad política de la república, genera rencores sociales que se pensaban hoy superados con el fin de las ideologías, y remite a una innata o psicológica vocación o eros de permanencia en el poder que borra las explicaciones sociopolíticas de los litigios.

Efectivamente el populismo es una experiencia política democratizadora, pero además y a la vez deficitaria en lo democrático institucional. Que muy difícilmente encontró una armonía positiva entre el contenido de sus políticas y la construcción de lo político democrático; entre su irrupción concreta en una época y el despliegue de un pensamiento político e intelectual abierto, plural, acorde a la magnitud de lo que se propone, como de manera tan eficaz lo logró siempre el liberalismo en el marco de las batallas culturales de largo aliento.

Pero hoy, además, se acusa al populismo de pasar por encima de una imprescindible intervención equilibrada de todas las fuerzas políticas opinantes, de izquierda a derecha. También de no plantear su actuación desde un consenso democrático que represente a todos los intereses del país. De instituir el negativo criterio de fuerzas adversarias a los objetivos calculados como populares y nacionales. O de manejarse en términos partidarios de manera monolítica donde diputados, senadores, ministros y secretarios deben responder a una política, y no operar de manera individual, autónoma y hasta opositora.

Esto es: desde la crítica impera más bien la idea de una política como juego formal de equivalencias. O la permanente estancia en un grado cero inmodificador. O una administración decorativa a los intereses económicos, a los lobbies enquistados en el mercado y en el Estado y al statu quo cultural. Una suerte de ideológico simulacro de autonomía de la política y de noción de cambios.

Desde esta nueva perspectiva crítica sobre el populismo –producto de un particular presente ideológico mundial en muchos sentidos regresivo para las aspiraciones populares– el debate abierto es sobre qué democracia institucional se está actuando, se quiere actuar y se pretende discutir, en relación con imprescindibles y auténticos cambios de situaciones sociales, y frente a actualizadas formas salvajes de poderes económicos y políticos que hoy dominan la lógica de la historia planteándola como única. En el debate sobre populismo que se da en esta difusa edad posperonista, lo que se va poniendo en evidencia con dicho concepto, es que –democráticamente– hay proyectos sociales y políticos muy distintos y claramente encontrados.

miércoles, enero 03, 2007

El milagro

Pasadas ya varias semanas de la desaparición física del ex dictador chileno, no quiero dejar pasar algunas notas reveladoras de la realidad de nuestros vecinos que se fueron publicando en este tiempo.

- Gracias a Santiago O'Donnell, nos enteramos de por qué las cosas fueron como fueron:
"(...) Pinochet tuvo el funeral que tuvo porque Bachelet lo pactó con el sucesor de Pinochet, el general Juan Emilio Cheyre, siendo ella ministra de Defensa de Lagos y él comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Bachelet y el sucesor de Chayre, Oscar Izurieta, respetaron ese pacto: funeral militar con todos los honores a cambio de subordinación a la decisión del gobierno de no ir más allá.

Cheyre fue el primer comandante en jefe de la democracia chilena y durante el gobierno de Patricio Aylwin sentó las bases de la llamada “doctrina Cheyre”, según la cual el ejército rompió formalmente con el pinochetismo bajo la consigna de que no es la función de las fuerzas armadas opinar sobre lo hecho por gobiernos anteriores.

Dieciséis años después queda claro que ese pacto no impidió que los militares responsables por miles de asesinatos se refugiaran en un cono de silencio, una ley de amnistía de la dictadura y el andamiaje legal construido por el pinochetismo para no pagar por sus crímenes, salvo excepciones, al menos hasta ahora.(...)"


- En un reportaje de Mario Wainfeld, el embajador Luis Maira nos cuenta bastante sobre los avatares de la transición chilena a la democracia, tan distinta a la nuestra.


Pasando a eso de lo que menos se habla, los costados oscuros del "milagro" económico chileno:

- Esta nota salida en Cash sobre el proyecto de Michelle Bachelet para reformar el sistema de pensiones, inspirador del modelo de las AFJP vigente en nuestro país.

- Sobre el mismo tema, este artículo del New York Times (requiere registrarse, es gratuito). Que empieza así (perdón por no traducir):
"Responding to growing complaints that the privatized pension system here is failing to deliver adequate benefits, the Chilean government has recommended that it be supplanted by a system in which the state would play a much larger role. The current system is a favorite of free-enterprise enthusiasts, including President Bush.

The changes, part of a reform package scheduled to go to Congress early next year, include a guaranteed minimum pension for the country’s poorest citizens, even those who have never contributed to the private system.

The proposal also contains measures meant to stimulate competition, reducing the high costs to contributors and the extraordinarily high profits for pension fund administrators that analysts blame for some of the current problems.(...)"


Y para terminar, esta notita que va completa:


Vea las cifras del milagro de Pinochet
por Christian Palma

Corría la primera mitad de los convulsionados años ochenta. La dictadura instaurada en Chile por Augusto Pinochet hacía estragos no sólo por la sistemática violación a los derechos humanos, sino también por una profunda crisis económica que, como hecho cúlmine, llevó a la bancarrota al sistema financiero en 1982. Además, gatilló una de las tasas más altas de desempleo y pobreza que este país recuerde. Por esos tiempos Horacio O. tenía 22 años, era padre de tres niños y no contaba con un oficio conocido. Con apenas unos cursos aprobados en el colegio, formaba parte de los miles de cesantes y del 45 por ciento de pobres que pululaban por Chile buscando una oportunidad.

“Fueron tiempos malos, muy malos. No teníamos qué echarle a la olla. A veces con la vieja cocinábamos cebollas y papas que recogíamos de las sobras en las ferias itinerantes y les preparábamos una sopita a los cabros. Cuando cachaba que había vacantes en las numerosas construcciones de edificios en el barrio alto, me levantaba a las 5 de la mañana, me mojaba con agua helada en el patio pa’ despertar y partía en la bicicleta. Medio pan con margarina pa’ la ida y medio pa’ la vuelta. Porque el regreso, sin pega y con hambre, era mucho peor. Así estuve mucho tiempo, ingeniándomelas para comer.” Las palabras de Horacio, 24 años después, suenan lejanas, inimaginables, casi ajenas. Las últimas cifras de la Cepal indican que Chile es uno de los países con la tasa de pobreza más baja en la región, con un 18% de la población en esa situación. Incluso, ya alcanzó las metas de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la proporción de personas en extrema pobreza que había en 1990. La indigencia, si bien no se ha exterminado, sigue descendiendo.

Horacio O. trabaja hoy en un almacén que instaló en su barrio, ubicado en la populosa y brava comuna de La Pintana, en la periferia del Gran Santiago. Ya los chicos están grandes y se las arreglan solos. La pena por el mayor, Andrecito, que fue muerto en un confuso incidente con carabineros en 1987 está más aplacada con la muerte del dictador. Así, vendiendo cosas de primera necesidad, reúne cerca de 500 dólares al mes, lo justo para vivir con su esposa. Todo un lujo. En 1982, cuando comía pan duro y tomaba té de cuarto enjuague, se echaba al bolsillo, con suerte, 55 dólares al cambio actual. Y trabajaba barriendo calles, sacando basura de las paltonas casas de Providencia o limpiando baños de sol a sombra “gracias” a los planes de empleo de emergencia dispuestos por el aparato militar. Los humillantes y tristemente célebres planes de explotación temporal de Pinochet, conocidos como el PEM y POHJ.

“Agradecimiento”, “él ordenó económicamente el país”, “trajo equilibrio y seguridad”. Esas son sólo algunas de las frases que desde la otra vereda, la de las pitucas billeteras de cuero de los millonarios empresarios chilenos, no han parado de escucharse.

Extrañó en algunos y en otros (los más viejos) no tanto que el recientemente elegido titular de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Alfredo Ovalle, en su primera acción pública, acudiera al funeral del dictador. De hecho, el día de la cremación de Pinochet, el gremio tenía sus elecciones presidenciales. Sin ninguna vergüenza adelantaron la ceremonia en una hora para “poder llegar a tiempo” y rendirle el último adiós a quien les permitió amasar una gran fortuna. Justamente ése fue otro de los objetivos que buscó el sistema ideológico de Pinochet: crear un nuevo poder económico privado, sin raíces históricas, lo que dio paso al impulso de nuevos grupos económicos, que se sustentaron en la serie de facilidades que se entregaron para el establecimiento de sociedades financieras.

“Me parece por lo menos dudoso que vaya a los funerales de Pinochet y que luego diga que quiere sentarse a conversar con los trabajadores”, dijo Arturo Martínez, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Martínez estuvo relegado en Chañaral, en el norte de Chile y, como dirigente, vivió en carne propia la persecución y total exterminio de los sindicatos y beneficios logrados en años de lucha sindical.

El economista de la Cepal, Ricardo Ffrench-Davis, es uno de los más autorizados para examinar el “legado de los Chicago Boys”. Él cursó su master y doctorado en esa casa de estudios, aunque siempre se ha mostrado crítico al modelo neoliberal. “Si uno analiza la política económica entre el ’69 y el ’70, donde nos quejábamos de la mala distribución del ingreso, eso se deterioró en la primera mitad de Pinochet y más en la segunda mitad de su gobierno. Si bien en su segundo período se introdujeron elementos pragmáticos, fue con un signo muy regresivo. La peor distribución del ingreso en los cincuenta años de cuya información se dispone, fue lejos en los años ochenta y eso lo heredamos en democracia”, explica.

–¿Con esto se derriba el mito de los logros económicos de Pinochet?

–Hay un numerito que lo dice todo: el crecimiento promedio en esos 16 años fue de 2,9%. En la Concertación, con todos los errores cometidos fue de 5,6%. En relación con los salarios, en 1989 el mínimo era equivalente a 60 mil pesos de hoy día (113 dólares de hoy). Siendo el máximo 80 mil pesos antes de 1983 donde llegó a 45 mil pesos. Hoy estamos en 135 mil pesos (255 dólares) –señaló en una reciente entrevista.

Otro que aporta datos para derribar este mito es Ernesto Livacic, quien fuera superintendente de Bancos entre 1998 y 2000: “La reforma financiera, como todas las emprendidas por el gobierno militar, fue hecha en un contexto de gran ideologización y en dictadura, por tanto, sin oposición y sin una discusión amplia. Eso llevó a exceso o a la aplicación de soluciones de texto, que no contemplaron elementos de la realidad. Además, la crisis bancaria del ’82 no puede asociarse al gobierno de Allende, habían transcurrido 8 años y todo era distinto”.

Estudios recientes de la Cámara de Diputados dicen que entre 1985 y 1989 el Estado de Chile se deshizo de 30 empresas, lo que significó una pérdida de 1000 millones de dólares. Esto, por consiguiente, debilitó al Estado y permitió a las grandes empresas seguir creciendo.

Según Orlando Caputo, economista de la Universidad de Chile, el terrorismo político y económico de los 4 cuatro meses finales de 1973 –a partir del golpe de Estado del 11 de septiembre–, logró bajar la participación de los salarios en el PBI desde 52% en 1972 a 37% en 1973. 15 puntos porcentuales, que equivalen a una disminución de un 30% de la masa global anual de los salarios. Desde 1979 a 1989 la participación de los salarios en el PBI continúa cayendo, en tanto las ganancias aumentan. Al final de la dictadura, la participación de los salarios baja a 31% y 32% respectivamente y las ganancias suben a 56 por ciento.

La participación de los salarios en el PBI baja en 20 puntos porcentuales desde 1972 a 1988-1989. Si se suman las partes de los salarios que se han transferido a las ganancias de los empresarios durante los años de la dictadura, resulta ser una cifra tan elevada que equivale al valor total de todas las empresas chilenas y del valor de todas las casas de barrios residenciales y del valor global de los hoteles y de las casas de las nuevas zonas turísticas.

“Es un modelo fallido. Con una visión ideologizada del funcionamiento de los mercados, no entendieron cómo funcionan y generaron esta situación precíclica para fortalecer el desarrollo productivo, pero con muchas falencias. Le pasó también a Menem en Argentina y a Salinas en México. Lo interesante es que varias de las reformas que hace Latinoamérica en democracia, a partir de los noventa, son bastante parecidas a las modificaciones del ’73 al ’81 en Chile y los resultados son parecidamente malos. América latina en esos 16 años creció 2,7%”, remata Ffrench-Davis.

Horacio O. toma su té tranquilo en su local de abarrotes. En su televisor -comprado en cuotas– ve las noticias. Ríe. En el funeral están los mismos que gastaban dinerales en los restaurantes donde hace años sacaba la mierda de los new rich chilensis. Hoy con su señora está feliz. No debe rendirle cuentas a nadie. “Ni cuando me muera, no sé si estos otros cuenten eso”, dice, mientras pesa medio kilo de pan que ya no está duro.


P.S.: Muy feliz 2007 a todos los que visitan esta página.

martes, diciembre 19, 2006

Hablando de la Patria (II)

No había pensado el post anterior en relación con el aniversario del 19 y 20 de diciembre de 2001, aunque me parecen oportunas estas reflexiones al respecto. En realidad la cosa venía por dos poemas que hablan de la Patria y que me tocaron a fondo. Atravesando los años, volví a sentir un amor muy antiguo. Que viene desde una época en que un pibe del Once, hijo de inmigrantes, no quería perderse un desfile del 9 de Julio o no sentía mayor orgullo que cuando en la escuela lo elegían como abanderado. Y que con el tiempo fue encarnando el amor a la Patria en el amor al Pueblo, otra palabra en desuso. Cuántas cosas que nos robaron, o nos dejamos robar, o directamente las regalamos...

Uno de los dos poemas que mencionaba es Didáctica de la Patria de Leopoldo Marechal, que Hard Core puso en su blog. El segundo pertenece a otro poeta olvidado (entre paréntesis, a la más conocida de sus obras le puso música Peteco Carabajal, y otra de sus poesías tuvo un destino tan curioso como injusto).

El asunto es que en San Luis hay un sitio histórico llamado Las Chacras. Ahí fue donde allá por 1819 el gobernador de esa época (llamado Dupuy, no estaban todavía los Rodríguez Saa...) preparaba las tropas formadas por gente de su provincia para incorporarse al Ejército de los Andes. Sobre una población total de 16000 habitantes, 5000 sanluiseños se alistaron a las órdenes de San Martín.

A esta epopeya, ese poeta le escribió lo que sigue.


Digo el llamado

Y después en caballos redomones
que urticaba la prisa de la espuela
galopaban los Chasquis por las calles
de la ciudad donde Dupuy gobierna,
conduciendo papeles que decían:
"El General de San Martín espera
que acudan los puntanos al llamado
de Libertad que les envía América".
y firmaba Dupuy, sencillamente,
con la mano civil y la modestia
de quien era varón republicano
hasta el cogollo de la misma médula.

Y los Chasquis partieron, con el poncho
como un ala flotando en la carrera,
hacia todos los rumbos provinciales
por los caminos de herradura o huella,
ignorantes del sol y la fatiga,
sin pensar en la noche o la tormenta;
llegaron hasta el Morro por la tarde,
y por el alba cabalgaron Renca,
y entregaron mensajes en La Toma,
en La Carolina y La Estanzuela,
en la villa de Merlo y Piedra Blanca,
en el Paso del Rey y Cortaderas,
en Nogolí también y en San Francisco,
en cada población y en cada aldea,
y en estancias y oscuras pulperías
y en velorios, bautizos y cuadreras,
dondequiera paisanos se juntaran
en solidaria diversión o pena.

Y los hombres dejaban el arado,
o soltaban azada o podaderas,
o la hoz que segaba los trigales
o la taba o el truco en la taberna,
o el amor de las jóvenes esposas,
o la estancia feudal, o la tapera,
o el cedazo que el oro recogía
cuando lavaban misteriosa arena,
o el telar, o los muros comenzados,
o el rodeo de toros en la yerra,
para ir hasta el Valle de las Chacras
donde oficiales anotaban levas.

Y hasta había mujeres que llegaban,
con vestidos de pardas estameñas,
al umbral de Dupuy para decirle:
"Vuesa Merced conoce mi pobreza,
yo no tengo rebaños ni vacadas,
ni un anillo de bodas, ni siquiera
una mula de silla, pero tengo
este muchacho cuya barba empieza".

De Mendoza llegaban los mensajes
breves, de dura y militar urgencia:
"Necesito las mulas prometidas;
necesito mil yardas de bayeta;
necesito caballos, más caballos;
necesito los ponchos y las suelas,
necesito cebollas y limones
para la puna de la Cordillera;
necesito las joyas de las damas;
necesito más carros y carretas;
necesito campanas para el bronce
de los clarines; necesito vendas;
necesito el sudor y la fatiga;
necesito hasta el hierro de las rejas
que clausuran canceles y ventanas
para el acero de las bayonetas;
necesito los cuernos para chifles;
necesito maromas y cadenas
para alzar los cañones en los pasos
donde la nieve es una flor eterna;
necesito las lágrimas y el hambre
para más gloria de la Madre América..."

Y San Luis obediente respondía
ahorrando en la sed y la miseria;
río oscuro de hombres que subía,
oscuro río, humanidad morena
que empujaban profundas intuiciones
hacia quién sabe qué remota meta,
entretanto el galope levantaba
remolinos y nubes polvorientas
sobre el anca del último caballo
y el crujido final de las carretas.

Y quedaron chiquillos y mujeres,
sólo mujeres con las caras serias
y las manos sin hombres, esperando...
en San Luis del Venado y de las Sierras.


Antonio Esteban Agüero

lunes, diciembre 18, 2006

Hablando de la Patria (I)

No soy afecto a la exaltación patriótica o patriotera, bah, como casi nadie hoy en día (salvo durante un Mundial, p.ej.). Suelo escuchar por radio a Jorge Dorio que a cada rato dice "la Patria" y la verdad es que suena raro, casi nadie más lo hace. Salvo que el acto del 25 de mayo pasado en la Plaza de Mayo se hizo con la consigna "La Patria somos todos". Y pensándolo un poco, esta frase tiene una enorme riqueza potencial, si se quiere apuntar a la construcción de un país sin excluidos y no simplemente a un conjunto de enclaves prósperos, protegidos por rejas de seguridad de una multitud marginada.

Evidentemente algo pasó para que la simbología de la Patria, tan cara en épocas pasadas, esté tan devaluada. Encontré una buena explicación en esta intervención del antropólogo Alejandro Grimson en el debate sobre "La identidad nacional" (perteneciente al ciclo "La cultura argentina hoy" organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación, publicado como suplemento de Página/12 del 23/09/2006):

"En Argentina, a diferencia de lo que ocurre en otras sociedades latinoamericanas, como la brasileña, los sentimientos nacionales se encuentran distribuidos en dicotomías excluyentes y confrontadas, entre militares y pueblo; autoritarismo y democracia, etcétera.

No hay matices, la diversidad está más bien licuada, invisibilizada, y lo que se visibiliza es, o propio, o contrario a lo propio. Existe en Argentina un cierto pensamiento dicotómico que me parece importante considerar que es el producto del proceso histórico al cual hacían alusión Carlos [Altamirano] y Felipe [Pigna]. ¿Cuál fue el papel específico que cumplió la dictadura militar de 1976 en la transformación de los sentidos sociales de la Nación? Porque antes de la dictadura militar lo nacional era un campo de disputas políticas y simbólicas, había proyectos muy distintos, contrapuestos, acerca de cuál era el futuro deseado para la Nación. Sin embargo, después del '76, con la retórica nacionalista que vació al Estado, con el terrorismo de Estado asociado al nacionalismo y con lo ocurrido en Malvinas, lo nacional quedó dentro de uno de los dos campos de la disputa. Luchar por la democracia o defenderla implicaba renunciar a la retórica nacional, a la reivindicación de la simbología nacional, contraponerse a un discurso autoritario que se había apropiado de la nación. En mi opinión, uno de los grandes éxitos de la dictadura militar es que identificó a la nación y lo nacional con lo autoritario. Creo que hasta hoy esa identificación tiene cierta vigencia entre nosotros, aunque por suerte en los últimos años ha entrado en crisis parcialmente. El lazo íntimo entre nación y autoritarismo fue uno de los grandes éxitos de la dictadura, porque si democracia y nación aparecían como campos opuestos en la década del '80, eso se tradujo en una apropiación de la nacionalidad e incluso de las festividades relacionadas con lo nacional por parte de cierto sector de la sociedad. Eso, en términos sociológico-antropológicos, es un síntoma clave porque, como decía Durkheim, la fiesta de una comunidad es el momento en el cual la comunidad se celebra a sí misma, celebra su existencia. Como Argentina no tiene nada para celebrar de su existencia como tal, fue abandonando ese tipo de celebraciones. Esa distancia que los argentinos adoptamos respecto de la Nación es el producto de una política, y no sólo eso, sino que produce efectos políticos poderosísimos. Lo digo porque, en mi opinión, para que se pudiera dar el caso argentino en la década del '90, que es uno de los casos más extremos de neoliberalismo en el mundo, tuvieron que conjugarse tres condiciones. La primera fue la dictadura militar con todo lo que conocemos sobre ella, la segunda fue la hiperinflación con el terrorismo económico que implicó y la tercera es que los argentinos tuviéramos distancia completa respecto de nuestro sentimiento nacional. Si no hubiera habido una distancia respecto de nuestra nacionalidad, habría surgido, por ejemplo, una movilización cívica cuando se regaló YPF. Sólo fue posible hacerlo porque nosotros ya no sentíamos YPF como nuestra."

Esto redondea bastante bien mis pensamientos sobre los '90 como la época del proyecto del "no-país". Que no hubiera sido posible de no haber existido el Proceso, y que nos llevó al borde de la extinción en la debacle de 2001. ¿Vale la pena tratar de reinventar hoy día, lejos de todo autoritarismo, una identidad nacional? ¿Estaremos todavía a tiempo?

jueves, diciembre 14, 2006

Tomá Mate

Paso a difundir a la solidaria comunidad bloguera las últimas novedades sobre el tema de la BCG (para los que no estén al tanto, ver acá, acá y acá). Gonzalo, andá tomando nota.


¿Jaque Mate a la BCG?

El 13 de diciembre de 2002 planteamos a las autoridades la necesidad de la producción nacional de vacunas por ser un área estratégica. Eso ocurrió en la SECyT en presencia del ex Secretario de Ciencia y Tecnología Dr. Julio Luna, el interventor del ANLIS-Malbrán Dr. Gustavo Ríos, el Director del Biológico de La Plata Dr. Alejandro Lozano y varios jefes de sección de esa Institución, y cuatro integrantes del Grupo de Gestión. Para ser breves sólo nos referiremos a la BCG.

La vacuna BCG producida en el Biológico es de referencia para América Latina y el Caribe según la Organización Mundial de la Salud. Con capacidad instalada para producir 4.500.000 dosis/año, el Biológico produce BCG sólo para Provincia de Buenos Aires (1.600.000 dosis/año). Para el resto del país, el Ministerio de Salud de la Nación importa alrededor de 4.000.000 de dosis/año.

Por ese despropósito también nos reunimos con funcionarios del Ministerio de Salud de la Nación, Min. de Educación, Ciencia y Tecnología, Min. de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Secretaría de Ciencia y Tecnología, Diputados, etc.

El 21 de marzo de 2005, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica le otorgó un crédito al Instituto Biológico por $ 2.292.228 para adecuar instalaciones y producir BCG (y Vacuna Doble) para todo el país. Para ejecutar ese crédito el Biológico debe tener el aval del Gobierno de la Pcia. de Buenos Aires y luego ser aprobado por el Congreso Provincial.

Como la toma del crédito se demoraba, después de un año y medio de otorgado, el 14 de agosto de 2006 pedimos una entrevista al Gobernador Felipe Solá, para solicitarle que permita ejecutar el crédito del Biológico con el fin de adecuar a esa Institución para producir las vacunas BCG y Doble para todo el país.

El 19 de setiembre de 2006, recibimos nota del Ejecutivo Provincial diciendo que la audiencia había sido derivada al Ministro de Salud de la Pcia. de Buenos Aires, Lic. Claudio MATE, quien oportunamente nos informaría sobre la resolución.

Hoy, a casi 3 meses de esa fecha no tenemos ninguna noticia del ministro Mate. Nos preguntamos si esto no es el jaque MATE a la BCG.

La próxima semana se cumplirá el 4º ANIVERSARIO de las gestiones que iniciamos para producir BCG para todo el país y, lamentablemente, no tenemos nada para festejar. Tampoco podemos evitar sentir mucha VERGÜENZA AJENA.

Mientras tanto:

- La BCG espera y se sigue importando. ¿A quién le importa?.

- Luego de 4 años de gestiones, todo está como era entonces.

La BCG es una "historia mínima". Sin embargo, si analizamos el caso veremos que el mismo nos permite evaluar el INTERÉS y la VOLUNTAD POLÍTICA de los funcionarios responsables.

Por eso, y más allá de que expandir la producción de BCG es una acción extremadamente modesta, nosotros pensamos que esta VERGONZOSA "historia de la BCG" es un modelo que nos permite concluir que de continuar con esta forma de implementar políticas en Ciencia y Tecnología, no nos va a ir muy bien.


El GACTEC

Mientras tanto, nos preguntamos, ¿qué hace el GACTEC (Gabinete Científico Tecnológico)?, organismo creado para conciliar y elaborar políticas en CyT y formular proyectos de alto impacto social, a nivel nacional. ¿No van a hablar con el gobernador Solá para ver qué es lo que está pasando? Por lo menos, para conocer si hay negligencia, desinterés, o si alguien está poniendo "palos en la rueda".

Nadie dice nada, como si todo anduviera bien. ¿No ven qué es lo que pasa con el organismo que define políticas de CyT?
Según información que poseemos la última vez que se reunió el GACTEC fue a fines de 2003. Sí, no es error, a fines del año dos mil tres.(*)

El GACTEC es presidido por el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y está constituido por los ministros Ginés González García (Salud) - Daniel Filmus (Educación, Ciencia y Tecnología) - Felisa Miceli (Economía) - Jorge Taiana (Relaciones Exteriores) - Nilda Garré (Defensa) y Julio de Vido (Planificación).


Cordialmente, Grupo de Gestión:
Airaldi MG - Alonso-Romanowski S - Bibiloni AG - Cid JA - Cravero C - De Filippo J - Denzoin LA - Estébanez ME - Fernández Lahore M - Fiamberti H - Fossati CA - Franchi AM - Furnari JC - Gadaleta P - Gaggioli N - García AP - Ghilarducci A - Giordano M - Gubertini MT - Hajos S - Hermida EB - Hozbor D - Ielpi L - Iriondo M - Isturiz MA - Jasnis MA - Lamberti Y - Landoni MF- Lemos DR - Manghi M - Milana JP - Montero A - Nonzioli AC - Otero AM - Palermo M - Pérez O - Ravelo A - Rearte B - Recavarren MI - Rodríguez ME - Rofman A - Sabbatini ME - Sasiain MC - Schattner M - Yantorno O.


Este texto se difunde a: Presidencia de la Nación, Jefatura de Gabinete, Ministerios de Educación, Salud, Defensa, Cancillería, Ministerios de Salud Provinciales, Secretaría de Ciencia y Tecnología, ANMAT, Diputados y Senadores Nacionales, Legisladores y Funcionarios Provinciales y C.A.B.A., Academias Nacionales, Instituciones del Sector CyT (INTA, INTI, CNEA, CONICET, SEGEMAR, CONAE, CITEFA, INIDEP, SENASA, INA, ANLIS-Malbrán, UTN), Facultades de Universidades Nacionales, ONG, Laboratorios de Producción Pública de Medicamentos, otros).


(*) Este comunicado es de la semana pasada, hoy nos enteramos de que el GACTEC se volvió a reunir el lunes 11 de diciembre para presentar el Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación "Bicentenario" (2006-2010). ¿Habrán tratado el tema de la BCG, quizás? ¿Qué prioridad se le habrá dado en este ambicioso Plan? Chi lo sa.

martes, diciembre 12, 2006

Chile, 1973


La muerte de un personaje como el genocida chileno tiene el poder de revivir y movilizar los recuerdos de toda una época. En este caso los '70, tan de moda en estos días. Algunos como J.P. Feinmann, Mario Wainfeld y yo recordamos las multitudes que salieron (salimos) a la calle en repudio al golpe del 11/09/73, acá en Buenos Aires. Y la inconsciencia de no pensar que a nosotros nos podía pasar algo parecido. Esto es algo que se cantaba en ese momento (con música de Ramón Ortega), ante los rumores luego desmentidos de una fuerte resistencia al golpe:

Yo tengo fe, que Chile va a ganar
Yo tengo fe, que Chile va a ganar
Yo tengo fe, que Chile va a ganar
Le va a romper el c... a la junta militar.

Lo que pasó después, aquí y allá, es bien conocido y no debe ser olvidado. Hace un tiempo encontré esto en la web, es un fragmento de una novela del peruano Óscar Ugarteche, y hoy quiero compartirla acá, en homenaje a todas las víctimas del terror y a las ilusiones masacradas en América Latina.


Babilonia la grande
Fragmento: Milonga de andar lejos

A mediados de 1971, Perico llegó al departamento contento, lleno de vitalidad, diciéndole que se iban a Santiago de Chile a vivir una temporada. Perico iba enviado por el Partido al AST chileno. /Qué lejos está mi tierra/ y sin embargo, qué cerca/ o es que existe un territorio donde la sangre se mezcla/ No somos los extranjeros / los extranjeros son otros/ son ellos los mercaderes/ y los esclavos nosotros/ yo quiero romper mi mapa/ hacer el mapa de todos/ mestizos, negros y blancos/ trazarlo/ codo con codo/... Que una gota/ con ser poco/ con otras se hace aguacero/

El encargo que tenía era fortalecer el sindicato del Partido en la Compañía Chilena de Teléfonos, así como los lazos entre el AST chileno y el PRG para crear una retaguardia política en la eventualidad que se iniciara la guerrilla en el Perú. Fue un esquema similar al que usaron otros grupos años después. Para lograrlo y para ganarse la vida Perico entró a trabajar a Chitelco recién nacionalizada a la ITT. Encontraron una casa pequeña en la población La Bandera y se hicieron muy amigos del cura, un francés muy cultivado. De esos que están con la gente y no contra ella. Clotario Blest, un viejo dirigente de izquierda iba por la población con frecuencia. Era muy amigo, entre otros, del cura. Describir el barrio es difícil. Tenía las calles de tierra, poco y mal alumbrado público y un par de teléfonos. Las casas eran de madera, muy pequeñas, con los techos inclinados hacia un lado, «mediaguas» les llaman. Recordaban las casas obreras alemanas de fin de siglo pasado. /Corazón maldito/ por qué palpita así/ por qué palpita/ Había pocos árboles y mucha tierra apisonada por todas partes. Las casitas tenían macetas en los umbrales de las puertas, con cipreses. La plaza delante de la iglesia era un terral con árboles delgados y recientes, con bancas de cemento que cerraban un diamante relleno de bloquetas de cemento rosado. Algunos geranios crecían distraídos. Era un barrio muy pobre. Quizás el más pobre de Santiago en ese momento. Su alcalde era un miembro del Partido de gobierno. No había un solo regidor que no perteneciera a las filas del gobernante frente de la Unidad Popular. El AST no estaba en la UP. Antes bien estaba enfrentado con los partidos del gobierno aunque les dio una tregua en los primeros años para que pudieran gobernar. Incluso los guardaespaldas de Allende venían del AST.

—Perico, ¿A dónde me has traído? Esta gente cree que está en Europa. No se dan cuenta que somos latinos. Además, esa preocupación por sus leyes, me fastidia. Quieren hacer la revolución por la legal cuando la revolución es contra las leyes, ¿No?

—Es más complicado que eso, pero no te preocupes, amor. Aquí vamos a hacer la revolución y vamos a poder replicarla en el Perú.

—¿Esta es gente revolucionaria? Creo que no te entiendo cuando hablas de revolución, amor. Esta gente no me da la impresión de ser muy revolucionaria. Da la sensación que es muy conservadora, racista y que tiene un trato fatal con las mujeres y con los extranjeros, excepto, claro, si son argentinos, uruguayos o europeos. A esos sí los respetan y los tratan como a la gente. Lo que es a nosotros...

—Eres mala. Estás prejuiciada. Son gente simpática y alegre.

—¡Qué dices, amor! Sí no saben ni bailar.

—Bueno ya, dejémoslo allí y no te compliques con buscar chamba fuera de acá que te vas a terminar peleando con la gente.

En los primeros días de su llegada fueron a inscribirse en el edificio de investigaciones y allí les dieron sus cédulas de identidad anaranjadas números 6718091 de Monchi y 6718092 de Perico. Se tomaron las fotos para la cédula la semana antes que fueran y adiós pueblo de Ayacucho, Perico estaba con barba y con el pelo largo. ¡Y qué culpa tenía Valderrama! Adónde vamos a ir a parar, maldita zamba del amanecer. Lucero solito en el alba. Pobre Monchi, ni siquiera era Valderrama y allí estaba con cédula anaranjada y todo. /Corazón maldito/ por qué palpita así/ por qué palpita/

Ella entró a trabajar al comité vecinal y a la olla común de la población. Era un lugar pequeño con techo de zinc, con unas seis mesas largas donde almorzaban los que se habían quedado sin trabajo o que por dedicarse a la política habían dejado de trabajar. Cantaba feliz, /que culpa tiene el tomate/ de estar prendido en la mata/ si llega un hijo de puta lele/ y lo mete en una lata lele/ y lo manda pa Caraca. El dejo chileno de falsete de gallo, y el comerse las eses, le agarró rápido. Un día poroto con rienda y el otro poroto granados la vida comenzó a pasar al ritmo de Violeta Parra, Víctor Jara, Los Quilapayún, Inti Illimani y los poemas de Neruda. /Me gustas cuando callas/ porque estás como ausente/ Con frecuencia iban a la peña de los Parra en la calle Carmen 7. Allí cantaban habitualmente Rolando Alarcón, Víctor Jara y Patricio Manns, además de Ángel e Isabel, los anfitriones. Chile Ríe y Canta era la otra guarida que la dirigía un gordo que se llamaba René Largo Farías. /Me mandaron una carta/ por el correo temprano/ en esa carta me dicen que cayó preso mi hermano/ la carta dice el motivo/ que ha cometido Roberto/ haber apoyado el paro que ya se había resuelto/ si acaso esto es un motivo/ preso voy también sargento/ siiiiiiiiiiiiiii.

Perico llegaba tarde en la noche de sus reuniones políticas y el grupo se pasaba horas hablando de la revolución que había que hacer en Chile sentados en la única mesa con seis sillas de madera y con una pantalla de mimbre. De todas maneras los militares iban a reaccionar y en algún momento iban a darle un golpe a Allende, un reformista que veía la ley por sobre todo en lugar de entender que las demandas populares pasaban por encima de la ley burguesa, hecha precisamente para favorecer los grandes intereses. /Mira la batea/ cómo se menea/ cómo se menea el agua en la batea/ Otros peruanos entraron en este círculo por referencias de Lima conforme iban llegando a lo largo del tiempo. /La batea se menea/ qué barbaridad/ la batea se menea/ qué preciosidad/ La base del círculo fue conformada por un economista casado con Françoise, una francesa; Juan, sociólogo, hijo de un Coronel del Ejército, y la pareja de Perico y Monchi. Después llegaron los uruguayos y a Juan lo mandaron a dormir donde el vecino que tenía sitio. Ellos fueron los primeros en compartir los dos dormitorios y la cocina-sala, espacios únicos de todas las mediaguas. Además caían por la mediagua peruanos que iban a mirar y vivir la experiencia del socialismo. /Cómo se menea el agua en la batea/ Fue a mediados de 1972 que se organizó el paro de transportistas de Chile que marcó la futura caída del régimen. Había ya escasez de repuestos, el Rinso costaba cada vez más y se encontraba menos, el papel Confort (en chileno, Conforz, sin t y arrastrando la r hacia una zeta) era tan preciado como el papel carbón, el Regal se volvió un jabón de lujo. Hasta encontrar un Hilton con filtro se tornó crecientemente difícil.

Casi de inmediato, luego del paro de transportistas, salieron las señoras elegantes de Providencia a protestar a las calles con sus cacerolas. /le he contestado yo al preguntónico/ cuando la pánzica/ pide comídica/ pone al cristiánico/ fuerte y guerrérico/ por sus poróticos/ y sus cebóllicas/ No hay regimiéntico/ que los deténguica/ si tienen hámbrico/ los populáricos/ La derecha perdió el miedo a la calle. La policía no los reprimía con severidad sino a manera de juego del gato y el ratón. El odio, la ira y la violencia marcó la reacción. El día de la primera marcha de las cacerolas, como se le llamó, las mujeres bajaban por Providencia al lado del río cantando

No hay carne, hueón.
No hay leche, hueón,
No hay huevos, hueón
Que chucha es lo que pasa, hueón

Monchi pensó que su mamá no usaría ese vocabulario, pero claro —esto es Chile, uón—. Los bolivianos que entonces llegaban a Santiago, tenían terror de un golpe luego de su experiencia con la asonada de Banzer contra Torres, y los muertos y exiliados. Y hasta los uruguayos del PC andaban preocupados. Habían caído de transeúntes, luego de los golpes en Uruguay y en Argentina, a principios de 1973 y se hallaban muy alarmados por el ambiente de golpe que se empezaba a sentir. El grupo comenzó a percibir más fuerte un tufillo fascista que propiciaba la caída del poder del gobierno de Allende. Esto llevó al grupo a fortalecer su posición.

—Monchi, tú qué piensas, esto se acaba o lo salvamos, le dijo la francesa.

—No hay nada que salvar acá. Si el gobierno socialista no ha logrado instaurar el divorcio ni despenalizar la homosexualidad, esto es frágil. No puede ni siquiera hacer lo mas sencillo, menos podrá hacer lo mas difícil.

—Es que hemos ganado la conciencia revolucionaria del pueblo, intervino Perico. Lo otro es adjetivo.

—¿No hay divorcio en este país?, interrogó Françoise.

—También meten a la cárcel a los maricas, añadió Monchi.

—Uy, hay que hacer la revolución dijo ella, inocente. Venía de París de 1968. Añadió, ¿Prohibido prohibir, no es verdad? O que metan todo el país a la cárcel, pues. Tan ella.

Estas mujeres no entienden nada, meditó Perico saliendo de la casa al parque a conversar con el cura y a fumar su pipa. La barba comenzó a encanecer levemente y la pinta de Perico con su bluyín viejo, su chompa azul marino, la camisa a cuadros rojos y blancos y las botas, con los pelos castaños y rizados al hombro, era la de un navegante solitario. Parecía un marinero español, pálido, con la barba negra con canas y su mirada transparente.

Cuando volvió de fumar su pipa se encontró con un feroz debate en la casa donde llegaron otros peruanos y chilenos, pero también estaban los uruguayos, los bolivianos y unos brasileños. La revolución se defiende con las armas, dijeron unos. /Perder la paciencia/ y sólo encontrarla/ en la puntería/ camaradas/ Lo que hay aquí no es revolución, sino un reformismo pequeñoburgués que va a parar en nada, dijeron los uruguayos. Los compañeros chilenos argumentaban que un golpe era impensable porque su país tenía una vieja tradición democrática y que el respeto a las leyes primaba a diferencia del resto de América Latina. Es un país con un enorme respeto por la institucionalidad democrática y nadie la va a quebrar.

—Pero fijate lo que pasó en Uruguay, interpuso el uruguayo exiliado. Allí no había golpes de estado hasta que llegó uno y chau. Y han puesto un civil. Qué tanto. Igual es un gobierno militar y es un golpe de Estado, che.

—Nosotros somos distintos, replicó. Chile es un país con una burguesía respetuosa de sus normas, porque al fin y al cabo han sido hechas por ellos para ellos y no las van a pisotear.

Los chilenos de los otros partidos, es decir que no estaban con el AST, pedían calma porque Chile es una democracia y jamás va a haber un golpe aquí porque las leyes se respetan y no somos como el resto de Latinoamérica, uón, somos educados, no tenemos el problema de la mancha india, uón, y somos más civiles, uón. Es decir, ciudadanos cabales. Y lo peor del caso es que se lo creían los propios tipos que lo decían, sin darse ni cuenta la suma de pavadas que estaban diciendo. /Qué dirá el Santo Padre/ que vive en Roma/ que le están degollando/ a su paloma/ Casi como que Chile estaba en Marte y los poderosos se iban a dejar quitar el poder porque es Chile. Una cojudez total. Pero claro, tan civilizados como los belgas. Hasta Providencia se parece a Bruselas. Pero la providencia no apareció. /Qué dirá el Santo Padre/

/Tanta distancia y camino/ tan diferentes banderas/ y la pobreza es la misma/ los mismos hombres esperan/ qué lejos está mi tierra/ y sin embargo qué cerca/ ¿O es que existe un territorio donde la sangre se mezcla?


Óscar Ugarteche


P.S.: Este sitio es imperdible.

jueves, diciembre 07, 2006

Una milonga

Viendo un video que puso Hard Core en su blog y asociando libremente con otros temas de actualidad, me acordé de la película Sur de Pino Solanas. La vi hace mucho pero retengo algunas escenas memorables. Una tiene que ver con las luchas obreras en la época de Frondizi, más precisamente con la toma del frigorífico Lisandro de la Torre (otra historia olvidada). Ahí se escucha de fondo a Alfredo Zitarrosa cantando esto:





Milonga del tartamudo que siempre dijo que no
yo soy pobre y no me vendo y nadie me atropelló.
Por cierto que era su orgullo ser de abajo y no ceder
cuando todos los de arriba lo quisieron corromper.
En el mercado del hombre si no es bueno el rendimiento
se empieza con los despidos y acaba en el vaciamiento.

Echegoyen echó fama en la gran ocupación
cuando un juez y un coronel le exigieron rendición.
Dele, dele, delegado no se deje chi, chicanear
si la gente está a su lado tiene todo por ganar.

En medio de su discurso el tarta, tartamudeó
y entre risas y cargadas la gente le canturreó.
Mi, mi, milonga tartamudeada, milonga para olvidar
cuando calla el tartamudo seguro que va a pelear.

Milonga del delegado que andaba por Mataderos
entre playas y corrales sirviendo a los compañeros.
El gremio lo acompañó de Liniers a Puerto Piojo
vecinos, pibes, y viejos enfrentando el desalojo.

En el negocio de carnes primera es la del novillo
la del hombre vale apenas pa' el rebenque o el cuchillo.
Mi, mi, milonga del tartamudo que siempre dijo que no
sigo pobre y no me vendo la puta que los parió.

Las vacas que se escaparon de los palos y los dueños
aún andan por las barriadas vagando como en un sueño.


(Solanas - Zitarrosa)

miércoles, diciembre 06, 2006

Uy...


...lo que me estoy perdiendo...

viernes, diciembre 01, 2006

La ciencia polémica

(titularía el gran diario argentino). El 13 de noviembre ha sido declarado Día del Pensamiento Nacional, en coincidencia con el aniversario del nacimiento de Don Arturo Jauretche. No es que se le haya dado mucha trascendencia o que la cobertura periodística de esa fecha haya sido abundante o o de mucho interés, pero parece que al colega Rollo Tomasi de La Ciencia Maldita le cayó medio pesada ya que le motivó un post con un título algo chocante.

Se diría que Rollo está tan impresionado por los logros macroeconómicos de la era K, que niega la afirmación de Don Arturo (en "El Plan Prebisch: Retorno al Coloniaje") sobre el "crecimiento extraordinario" del país en el período 1946-1955. Yo no soy quién para recomendarle lecturas académicas a un economista, pero en el ensayo "Los primeros gobiernos peronistas y la consolidación del país industrial: éxitos y fracasos" de Eduardo M. Basualdo (FLACSO-Página/12, 2004) puede leerse lo siguiente:

"Los trabajos realizados sobre estos períodos señalan la existencia, especialmente durante los primeros años de la administración peronista (1946/48), de una acelerada e inédita expansión económica sustentada en la situación también excepcional de la balanza de pagos y en un sensible crecimiento de la inversión bruta fija. Sobre este particular, R. Mallon y J. Sourrouille (1973) expresan que: "Entre 1945 y 1948 el volumen de las mercancías importadas se cuadruplicó y el producto bruto interno real aumentó el 28%. La disponibilidad real de bienes y servicios -total del producto interno más importaciones menos exportaciones- creció, durante el período de tres años, en una cifra aún más impresionante: el 45%, favorecida por el mejoramiento en los términos de intercambio con el exterior y en los servicios de los préstamos e inversiones extranjeros" (p. 21). Por su parte, C.F. Díaz Alejandro (1975) señala que "las tasas de crecimiento anual más elevadas conseguidas durante lapsos consecutivos de cinco años han sido las siguientes (empleando como serie básica el PIB): 1932/37: 5,0% (CEPAL), 1943/48: 5,4% (BCRA), 1953/58: 5,0% (BCRA)" (p. 78). Finalmente, también Eshag y Thorp en su trabajo sobre esta época indican que entre 1946 y 1948 "Las estadísticas disponibles sugieren un crecimiento del producto bruto nacional del 10% por año durante el período, mientras que durante la guerra fue de sólo 3% por año" (p. 75)."
(op. cit, p. 8)

En el mismo contexto Rollo descalifica irónicamente las críticas de Jauretche al señalamiento de problemas de infraestructura energética en el Informe Prebisch, que antecedió al plan económico que el mismo Raúl Prebisch le presentó al gobierno de Aramburu en 1956. Pero más allá de los diagnósticos acertados que pudiera haber hecho Prebisch, ¿cuál fue la función histórica de su plan y su resultado final? ¿a quiénes favoreció y a quiénes perjudicó? Veamos lo que puede leerse sobre este tema en un libro de Alain Rouquié, a quien puedo calificar de historiador imparcial sin pifiarla demasiado:

La "liberación" económica y social

"(...) Pero las nuevas autoridades necesitaban un plan global para enfrentar la delicada situación económica. El gobierno del general Lonardi había encargado un informe al respecto a Raúl Prebisch, experto de reputación internacional y antiguo administrador del Banco Central bajo la presidencia de Castillo. El diagnóstico que éste entregó a fines de octubre fue dado a conocer por la Presidencia de la Nación recién a principios de 1956. Sus recomendaciones iban a servir de hilo conductor a la política económica del presidente Aramburu. El Plan Prebisch enfocaba la situación esencialmente desde el punto de vista ortodoxo de la moneda y las reservas de divisas. Éstas habían caído de 1.650 millones de dólares en 1946 a 450 millones en 1955. Según el equipo de Prebisch, la causa de la inflación eran los aumentos masivos de salarios y el dirigismo estatal (60); y sus consecuencias, el incremento de los beneficios de los industriales y el desaliento a aumentar la productividad (61). Durante el período peronista, el producto por habitante prácticamente no varió (+3,5% en 10 años). Las categorías sociales favorecidas por Perón mejoraron pues su condición en detrimento de los otros grupos. El Plan Prebisch demuestra que los obreros aumentaron su ingreso real en un 37% a expensas de los productores agropecuarios y de las clases medias. La "ciencia" económica legitimaba así la vindicta social de los propietarios y de los privilegiados.(*)

Las vías de acción propuestas obedecían a un plan neoliberal, aunque su autor negara oponerse a toda intervención estatal y pretender retrotraer a la Argentina a la era agropastoril (62). En realidad, su plan de recuperación económica buscaba restablecer autoritariamente una moneda sana y el libre juego de la oferta y la demanda. Constituyen algunos de sus objetivos el aumento de las exportaciones agropecuarias, el incremento de la productividad mediante la supresión de las "prácticas restrictivas" permitidas por algunas convenciones colectivas y el traspaso "a la iniciativa privada" de la mayoría de las empresas administradas por el Estado.

Una política de austeridad, el mantenimiento de precios que favorecieran los intereses agroexportadores, la privatización de empresas estatales y la denuncia de la política social del régimen precedente eran otras tantas líneas de fuerzas convergentes. El Plan Prebisch, adoptado en 1956 como programa económico del gobierno, dramatizaba en exceso la situación económica de la Argentina y no aludía en lo más mínimo a la influencia de las estructuras arcaicas y antieconómicas, particularmente en el sector primario, sobre el crecimiento del país. Parecía que de lo único que se trataba era de culpar a ciertos grupos sociales y de preparar y legitimar una transferencia de ingresos de los estratos favorecidos por el peronismo a los que apoyaban al nuevo régimen.(...)

(60) Prebisch R., Informe preliminar acerca de la situación económica, Buenos Aires, s.e., 26/10/1955, pp. 13 y 38.
(61) Prebisch R., Moneda sana o inflación incontenible y Plan de restablecimiento económico, Buenos Aires, Secretaría de Prensa de la Presidencia de la Nación, enero de 1956, p. 35.
(62) Prebisch R., Desarrollo económico y política social, Mesa redonda en la Universidad de Córdoba, Buenos Aires, íd. ant., 25/02/1956, pp. 15 y 23.

(Alain Rouquié, Poder Militar y Sociedad Política en la Argentina - II - 1943-1973, Ed. Emecé, 5a ed., 1983, pp. 131-132).

(*) Las negritas son mías, las comillas son del autor.


El Plan Prebisch es quizás uno de los aspectos más cuestionados de la trayectoria de su autor, quien está considerado la figura más influyente en la historia de la economía argentina. Supongamos que don Raúl haya tenido buenas intenciones y veamos en qué resultó su plan, según otra fuente.

La revolución improductiva

"A fines de octubre de 1955, Prebisch elevó al gobierno de facto el Informe Preliminar acerca de la situación económica... Pese a que hacía poco menos de un año había elogiado algunos aspectos de la política peronista, en el Informe presentaba un sombrío panorama en el que destacaban las consecuencias más negativas del intervencionismo estatal -que sostenía empresas ineficientes-, del aislamiento económico -que privaba al país de bienes de capital- y de una irresponsable política de aumentos salariales que habían conducido al proceso inflacionario. Era necesario reducir el gasto público e instrumentar medidas que permitieran aumentar el stock de divisas necesarias para superar el déficit de la balanza comercial y emprender el desarrollo "autosustentado" que proponían los ideales cepalinos.

En los primeros días de enero de 1956 se dio a conocer el Plan de restablecimiento económico que finalmente sería reconocido con el nombre de su autor. Uno de los objetivos primordiales era sanear la moneda, y para ello el gobierno puso en práctica una devaluación y estableció un tipo de cambio libre lo que, sumado al desmantelamiento del IAPI, redundó de inmediato en beneficio de los exportadores agropecuarios. A estas medidas se sumaba un congelamiento de salarios que iba acompañado por una liberación de los precios de los productos de primera necesidad. El Estado procedía a desnacionalizar los depósitos bancarios, a eliminar todo tipo de subvenciones y a iniciar la privatización de muchas de las empresas que hasta entonces controlaba. Para alentar el arribo de capitales y estimular el desarrollo de industrias competitivas, se eliminaban las barreras que habían tenido por objeto la protección de las manufacturas nacionales. El abandono del comercio bilateral, la apertura de la economía y el ajuste permitieron que la Argentina, ahora un país confiable, fuera admitido como integrante del Fondo Monetario Internacional y estuviera en condiciones de recibir su "ayuda".

Aun cuando no sería lícito dudar de los objetivos desarrollistas que perseguía Prebisch, quienes tuvieron a su cargo la implementación de las medidas se encontraban estrechamente vinculados con "los intereses tradicionales" del aparato "productivo, comercial y financiero" (A. Ferrer). Juan Llamazares (ministro de Comercio, asesor de la Bolsa de Comercio), Álvaro Alsogaray, Eugenio Blanco (ministros de Industria y de Economía respectivamente, asesores de empresas argentinas y extranjeras), Eduardo Busso, Alberto Mercier (ministro del Interior y ministro de Agricultura, ambos terratenientes), y otras personalidades que representaban a las familias más tradicionales demostraron poco interés por aquellos aspectos del plan que encerraban un relativo aire transformador.

Si bien durante el primer año la devaluación y los capitales permitieron un respiro, muy pronto el comercio exterior dio señales de que no se comportaba del modo esperado. En 1957 la crisis se profundizó y el costo de vida continuó aumentando. La tasa inflacionaria que en 1955 llegaba a un "desesperante" 12,3%, ahora trepaba a un 30%, y el saldo negativo de la balanza comercial ascendía de los "intolerables" 1.600 millones a más de 9.000. Si algo faltaba para empañar las ilusiones de Prebisch, la redistribución del ingreso a favor de los sectores tradicionales no parecía lograr su objetivo de reactivación económica, ya que el porcentaje de inversión del PBI había descendido."


(Historia Argentina desde la prehistoria hasta la actualidad - Colección en fascículos publicada por Página/12, Departamento de Historia, Colegio Nacional de Buenos Aires, p. 663)

Y ahora sí, un toque de "jauretchianismo" (Rollo dixit). Veamos estos fragmentos de "El Plan Prebisch: Retorno al Coloniaje":

"El plan Prebisch significará la transferencia de una parte sustancial de nuestra riqueza y de nuestra renta hacia las tierras de ultramar. Los argentinos reduciremos el consumo, en virtud de la elevación del costo de vida y del auge de la desocupación. De esta manera, no solamente aumentarán nuestros saldos exportables, sino que serán más baratos, lo que será aprovechado por el consumidor extranjero que ensanchará su cinturón a medida que nosotros lo vayamos achicando."

"La mayor parte de nuestra industria, que se sustentaba en el fuerte poder de compra de las masas populares, no tardará en entrar en liquidación. Los argentinos apenas si tendremos para pagarnos la comida todos los días. Y cuando las industrias se liquiden y comience la desocupación, entonces habrá muchos que no tendrán ni para pagarse esa comida. Será el momento de la crisis deliberada y conscientemente provocada..."

“(...) Mientras tanto, nos iremos hipotecando con el fin de permitir que falsos inversores de capital pueden remitir sus beneficios al exterior. Y como nuestra balanza de pagos será deficitaria, en razón de la caída de nuestros precios y de la carga de las remesas al exterior, no habrá entonces más remedio que contraer nuevas deudas e hipotecar definitivamente nuestro porvenir. Llegará entonces el momento de afrontar las dificultades mediante la enajenación de nuestros propios bienes, como los ferrocarriles, la flota o las usinas. Poco a poco se irá reconstruyendo el estatuto del coloniaje, reduciendo a nuestro pueblo a la miseria, frustrando los grandes ideales nacionales y humillándonos en las condiciones de país satélite..."

Cualquier similitud de los párrafos anteriores con hechos realmente ocurridos en la Argentina en los últimos 50 años, es pura coincidencia.