jueves, junio 29, 2006

Dedicado a la barbarie

Le agradezco nuevamente a María de La Barbarie que me haya citado. En estas horas de vigilia y abstinencia de pelota, su comentario me trajo el recuerdo de mis tempranas lecturas de Lucio V. Mansilla, tales como el relato "Los siete platos de arroz con leche" donde Don Lucio daba una visión familiar y cotidiana de Juan Manuel de Rosas, de quien era sobrino. Como quien no quiere la cosa me puse a buscar links sobre Mansilla, y me encontré con este artículo de la investigadora María Rosa Lojo, llamado..."Los hermanos Mansilla: género, nación, barbaries"!.

No hay caso, el ilustre filósofo vernáculo Francisco Ibáñez muestra su vigencia a cada momento: todo tiene que ver con todo. En ese artículo la autora habla no sólo de Don Lucio sino de su aún más olvidada hermana Eduarda (qué feo que suena, hermana Eduarda), que fue escritora y según parece una mujer bastante especial para su época. Y los dos se le animaban a discutirle a Sarmiento, en términos de una lucidez notable. Parece que la dicotomía Civilización o Barbarie ya era bastante criticada en vida de su autor, mucho antes de que Don Arturo Jauretche la denunciara como la madre de todas las zonceras argentinas. Invito a leer el artículo, que para mí no tiene desperdicio. Transcribo estos dos párrafos:

"- Por fin, podemos decir que la gran audacia de Eduarda, como mujer que escribe una novela en francés (y en primer lugar, para franceses) consiste en señalar que los europeos también han sido bárbaros, hasta extremos jamás alcanzados por los gauchos vernáculos (“Les annales de l’ancien monde nous montrent à chaque instant exemples bien plus terribles”), y que lo son todavía (“On se bat chez nous, c´est vrai; en Europe on se bat aussi, et, ici comme là bas, on voit toujours aux prises les deux courants qui agitent les mondes...Lumière et ombre”). En definitiva —señala— los numerosos inmigrantes europeos llegan al país huyendo de males que en Argentina se desconocen. Los dos: Eduarda y Lucio, se esforzarán por demostrar que, desde la hipercultura, se puede comprender la “barbarie”, hasta identificarse parcialmente con ella (Lucio, que juega a ser indio), y desmitificarla, disolviendo los estereotipos condenatorios del “ilustrado”. Llama la atención, en Eduarda, el tono claramente admonitorio, casi de reproche: “Pour eux, nous seront toujours des sauvages. Il est temps qu’ils apprennent à nous juger autrement.” La nación, en fin, para los Mansilla, no puede construirse legítimamente sin el concurso de los ‘bárbaros’, los ‘subalternos’ y los ‘oprimidos’ (de etnia, de clase, y de género, en el caso de Eduarda), que la ‘barbarie de la civilización’ preferiría aniquilar, reemplazar, o relegar a un ámbito de confinamiento “controlable”. Sólo un lento y necesario proceso transformador no violento podría eliminar la ‘barbarie’ como miseria física y simbólica, convirtiendo a los excluidos en ciudadanas y ciudadanos dotados de derechos, y en seres humanos plenos."

(...)"Los hermanos Mansilla representan acaso, en el mapa de nuestro siglo XIX, no sólo una mirada diferente sino el modelo posible de una Argentina ‘que no fue’: una nación capaz de integrar lo arcaico y lo moderno, lo criollo y lo europeo, lo indígena y lo hispánico. Una nación donde los marginados y excluidos: las clases populares, las minorías étnicas, y —traspasando verticalmente los estamentos sociales— las mujeres en general, podrían aspirar a un lugar propio, y evitar la aniquilación física (gauchos e indios) o la desintegración espiritual (las “madres” de Eduarda, condenadas a la locura cuando el poder les quita sus hijos esto es: la única razón que las legitima). Mientras otros saludan, exultantes, al Progreso, los Mansilla nos recuerdan que hay dos ‘barbaries’: la de quienes, desde una mirada eurocéntrica, son juzgados como ‘primitivos’ e ‘inferiores’, y la barbarie, mucho peor, de la misma civilización."

3 comentarios:

labarbarie dijo...

Otra vez, hay que repetirlo: Mansilla viaja al país de los ranqueles a proponerles un tratado de paz que los reconocía como Nación con derechos soberanos (bajo la presidencia de Sarmiento). ¡Cuán otro hubiera sido este país si ese tratado se hubiera respetado y no se hubiera hecho la conquista del desierto de Roca! No sólo porque se hubiera evitado un genocidio atroz, sino porque se hubiera evitado la formación de la oligarquía terrateniente concentrada, el mayor de los males que aún hoy nos quitan el sueño. La historia, realmente, podría haber sido otra. SAludos, MAria

Jorge Y. de la G. dijo...

Así es María, lamentablemente ahí se consolidó la aristocracia con olor a bosta, como la definió el sanjuanino. Que también inventó el término atalivar = acaparar tierra a lo pavo (por Ataliva Roca, hermanito de Julio Argentino).

Gracias por tu comentario, sigamos con los temas ajenos al fútbol.

rene orlando dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.